viernes, 16 de octubre de 2015

EL Museo de las culturas afromestizas Vicente Guerrero Saldaña

[Algunos datos sobre su creación]
Eduardo Añorve


En 1986, jóvenes profesionistas de Cuajinicuilapa formaron una asociación para conseguir mejoras para la población, según su dicho, y el 24 de febrero de 1988 se registran como Asociación de profesionistas del municipio de Cuajinicuilapa, integrada por las comisiones de salud, educación, deportes, saneamiento ambiental y sociocultural, y por la mesa directiva. Después de varios esfuerzos infructuosos por trabajar en pro del municipio, sus miembros fueron dejando de participar. La comisión sociocultural, en la persona de Jorge Añorve Zapata, presentó la propuesta de construir un museo, tomando en cuenta la gran cantidad de restos arqueológicos prehispánicos que se encuentran en el subsuelo de la región, los cuales se exhibirían allí, además de objetos antigüos. Ésta fue una de las propuestas que permitieron dar continuidad al trabajo de la asociación, además del festival del baile de los diablos que, desde 1986, venía realizando, bajo la iniciativa del mismo Añorve Zapata, considerando que es uno de los más representativos de la zona.
Con la idea de construir un pequeño museo que albergara objetos de la vida cotidiana del pasado inmediato y las piezas arqueológicas que encontraban y otras que recibían en donación, se comenzó a conseguir un lugar para ello. Se obtuvo para tal propósito, incluso, un terreno cedido por las autoridades ejidales. Mas no sería sino hasta el año de 1994, cuando se acudió a una reunión del Programa Nacional de Museos Comunitarios en Santa Ana del Valle, Oaxaca, donde se tuvo clara conciencia de que la orientación museográfica debería tender hacia la raíz africana, uno de los constituyentes étnicos y culturales más fuertes en la población de la Costa Chica.
Los socios activos de la antigua asociación y otros más que se sumaron en el camino se constituirían informalmente en la organización Pro-museo Cuijla, A. C., con el objeto definido de construir un museo que recuperara las tradiciones y manifestaciones culturales de los costeños, logrando registrarse el 15 de noviembre de 1995, bajo el nombre de Museo Comunitario Cuijla, A. C. Su objetivo central era “la fundación de un museo comunitario que llevará por nombre Cuijla”, además de “fomentar la cultura afroamericana de los grupos étnicos de la región, sus tradiciones, sus costumbres” y de “contar con una fuente de datos históricos e impulsar las artesanías de la cultura afroamericana” e “inculcar en las generaciones de estudiantes y público en general la importancia de los mismos”.
 A solicitud de la asociación civil, a fines de 1997, las autoridades municipales, presididas por Andrés Manzano Añorve, reunieron a funcionarios del Programa Nacional de Museos Comunitarios, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, de la Dirección General de Culturas Populares (en sus diferentes áreas: Dirección de Acción Regional, Programa Nuestra Tercera Raíz y la Unidad Regional Guerrero), del gobierno del estado de Guerrero y a socios de la organización Museo Comunitario Cuijla, A. C. con el objeto de trabajar en “la planeación de lo que será el primer Museo de la Cultura Afromestiza en nuestro país”.
Durante 1997, 1998 y 1999 se trabajó para fundar el museo, con la participación de los tres niveles de gobierno mexicano. Al ayuntamiento municipal, le correspondería aportar “el terreno que se destinará al museo de la tercera raíz”, según se lee en el acuerdo de cabildo del 14 de marzo de 1997, y aportar recursos económicos y materiales para los trabajos de capacitación y construcción. El gobierno estatal aportaría aproximadamente un millón de pesos para las obras de remodelación y construcción del inmueble, que incluiría el edificio del museo, la biblioteca municipal, la casa de la cultura y un conjunto de edificios redondos. Por su parte, las autoridades y los funcionarios federales aportarían la colección museográfica, así como la asesoría histórica y etnográfica. En este sentido, la Dra. Luz María Martínez Montiel estaría a cargo del diseño museográfico; la mayor parte de colección museográfica sería temporal y se planteó cambiarla cada seis meses.
La inauguración del museo se programó para el 21 de marzo de 1999, donde se haría realidad el “Decreto 001. Que crea el Museo de las Culturas Afromestizas General Vicente Guerrero Saldaña”, cuyo artículo 1º dice: “Se crea el día 21 de marzo de mil novecientos noventa y nueve el Museo de las Culturas Afromestizas General Vicente Guerrero Saldaña en Cuajinicuilapa, Guerrero, como un organismo desconcentrado del H. Ayuntamiento de Cuajinicuilapa, Guerrero, que será gobernado por el Comité de Museo Comunitario Cuijla, A. C. como organización comunitaria”. Sin embargo, por cuestiones administrativas, la presencia del gobernador del estado, Ángel Aguirre Rivero, adelantó la ceremonia de inauguración, siendo celebrada el 17 de marzo del mismo año, en presencia del Secretario de Educación Pública federal  Miguel Limón Rojas.
Luego de un periodo de bonanza al estar asistida por el ayuntamiento municipal, quien pagaba los gastos del personal adscrito al museo, así como los gastos corrientes de electricidad, agua potable y teléfono, la organización Museo Comunitario Cuijla, A. C. (integrada en esas fechas por 14 mujeres y 4 hombres), a partir de diciembre de 1999, se vería en apreturas económicas cuando el gobierno municipal fue relevado por otro con signo político distinto y que pretendió desaparecerlo. Durante tres años, el museo y la asociación civil resistieron el embate del presidente municipal en turno, Constantino García Cisneros, quien decidió desobedecer los acuerdos de cabildo que otorgaban recursos económicos y administrativos al museo. En esa pretensión, el gobernante convirtió la casa de la cultura —parte del conjunto cultural que albergaba al museo— en un centro de rehabilitación del DIF municipal. Sin embargo, la organización y el trabajo de la asociación permitieron defender el museo de esos intentos de desaparición y conseguir recursos económicos apenas suficientes para su funcionamiento: de marzo a noviembre de 1999, los gastos de administración del Museo fueron subvencionados por el ayuntamiento municipal, según el decreto aludido. A partir de diciembre, las autoridades municipales recién electas decidieron ignorar el decreto y retirar los apoyos comprometidos, por lo que la planta laboral del Museo se redujo y las labores de mantenimiento de la colección no se realizaron, menos la sustitución de la exposición temporal.
Desde diciembre de 1999 hasta 2004, MUSCOM Cuijla, A. C. realizó diversas actividades para obtener recursos con qué pagar los gastos de administración del Museo, algunas de las cuales se detallan: 5 bailes populares, durante las fiestas del Señor Santiago Apóstol (agosto de 2001, 2002 y 2003) y el 12 de octubre (2001 y 2002); 2 rifas; quermeses; venta de objetos (playeras estampadas, libros, artesanías elaboradas por nuestros socios, videos, postales, etc.). Algunas actividades se realizaron conjuntamente con la delegación de la Cruz Roja municipal. El año pasado y al actual, el Ayuntamiento Municipal ha donado alguno que otro mes la cantidad de $ 5,000.00 (cinco mil pesos) que se utilizan en pago del personal que labora en el Museo en la biblioteca. Conviene precisar que las instalaciones del Museo albergan la biblioteca municipal y se imparten clases de danza y música. En relación a la biblioteca municipal Francisco Atilano Santamaría, el personal especializado renunció por no contar con un salario suficiente; la colección bibliográfica se ha visto disminuida y se maltratado por falta de mantenimiento adecuado. Las clases de danza y música, en cierto momento comenzaron a suspenderse, también por falta de recursos económicos. El nuevo gobierno municipal, encabezado por Alejandro Marín Mendoza, tampoco parece interesado en aportar recursos para la administración y el mantenimiento del las instalaciones que albergan al Museo ni a la biblioteca.


EL DISCURSO MUSEOGRÁFICO

1. GENERALIDADES
México fue desde la antigüedad un vasto territorio del área mesoamericana habitado por una pluralidad de poblaciones constructoras de grandes y originales civilizaciones. En el siglo XVI, como parte del nuevo mundo, la Nueva España fue receptora de otras culturas provenientes de Europa y Asia. A ellas se sumaron las que trajeron esclavos de diversas regiones del continente africano. Esta emigración forzada fue parte del comercio de esclavos, por medio del cual se desplazó desde África hacia las colonias americanas a millones de negros, quienes aportaron su fuerza de trabajo para la construcción de América. Su herencia se extendió a la genética y la cultura, depositada en el largo proceso de mestizaje con el indio y el español. Reunidas en la pluralidad, estas raíces se multiplicaron, conformando la cultura nacional. Nuestra singularidad regional se reafirma en la universalidad de nuestros orígenes. Las culturas locales son, pues, la proyección del genio creador de sus pueblos.
El Museo de las Culturas Afromestizas “Vicente Guerrero Saldaña”, creado por la población y las autoridades cuijleñas, es un espacio de integración comunitaria. Desde su nacimiento se planteó que los habitantes del municipio le asignaran sus funciones en la dinámica de su vida cotidiana y sus festividades, dando por sentado que bajo su custodia se enriquecerá y conservará para la educación extraescolar y para la difusión de su historia y su cultura.
El Museo fue fundado el 21 de marzo de 1999 bajo los auspicios del ayuntamiento municipal de Cuajinicuilapa, el gobierno del estado de Guerrero y el programa nacional “La tercera raíz”. La administración del Museo se encuentra en manos de la sociedad civil, a través de la organización Museo Comunitario Cuijla, A. C. (MUSCOM Cuijla, A. C.), promotora de su creación.
El espacio del Museo incluye la biblioteca y la casa de la cultura municipales y algunas áreas para exposiciones y presentaciones. Desde sus fundación se pensó en un Museo según el sentido original del término: un lugar para el aprendizaje, desarrollo, instrucción y educación de los niños, jóvenes y adultos. En consecuencia, en la casa de la cultura se han impartido talleres de música, pintura, ajedrez, danza, entre otros, aunque en la actualidad sólo existan los de danza y música; se habilitó la biblioteca para dar atención al público; se realizaron actividades culturales diversas y, sobre todo, se dio énfasis al festival del baile de los diablos, donde se reúnen grupos de Ometepec, Cuajinicuilapa, Cerro de las Tablas, El Quizá, Comaltepec, El Terrero, Barajillas, El Capricho, Collantes, La Estancia, El Ciruelo, Lo de Soto, Tapextla y otras poblaciones de Guerrero y Oaxaca.
Se abre al público desde las 10:00 y se cierra a las 18:00. El lunes permanece cerrado. El Museo de las Culturas Afromestizas se encuentra en Manuel Zárate s/n, esquina con Cuauhtémoc, frente al palacio municipal, atrás de la cancha deportiva.

2. OBJETIVOS
2.1. Difundir la historia de la trata negrera entre África y el nuevo continente (siglos XVI al XIX) y de la esclavitud en América, destacando la influencia de la presencia africana en la conformación de la sociedad y la cultura mexicanas.
2.2. Promover el reconocimiento de la africanía en la cultura mexicana como nuestra tercera raíz, integrándola a nuestra matrices indígena y europea.
2.3. Promover el rescate de las manifestaciones culturales regionales y nacionales que conserven elementos de africanía.
2.4. Contribuir a la toma de conciencia de los pueblos de la Costa Chica y los mexicanos de otras partes del país respecto de su africanía, como parte de su identidad histórica y cultural, factor primordial de independencia y desarrollo nacional.

3. GUIÓN TEMÁTICO
3.1. La ruta del esclavo
Para conocer y reconocer nuestras raíces, se aborda este tema en el momento histórico cuando se produjo el encuentro Europa-América-África y en el inicio de relaciones entre estos continentes a través de los océanos. Se destacan los rasgos característicos dominantes de las culturas que entraron en contacto a raíz de la colonización de América, iniciando el proceso de mestizaje. La conquista del nuevo mundo dio un impulso gradual a la esclavitud africana. Las tierras recién ocupadas demandaban fuerza de trabajo para explotar sus enormes riquezas en beneficio de las potencias europeas. El proceso de expansión se desenvuelve entre los siglos XV y XVI. En este marco, el comercio de esclavos llegó a ser el fundamento de la industria y el comercio colonial, la base de la navegación y el suministro de mano de obra, así como la garantía de abundancia de productos americanos, en beneficio de las industrias europeas. Deportados masivamente en un tráfico ininterrumpido durante casi cuatro siglos, reducidos a mercancía y a motor de sangre, millones de africanos en edad productiva fueron arrebatados de África. La trata negrera, como se ha llamado a este injusto comercio de seres humanos, constituye uno de los genocidios más crueles en la historia de la humanidad. La abolición de la trata, siglos más tarde, obedeció a lo elevado de los precios de los esclavos africanos, a la abundancia de mano de obra barata en las colonias americanas y a la colonización de África, llegando a su fin la etapa mercantilista.

3.1.1. Los escenarios de la historia

3.1.1.1 El mundo precolonial
Para el año 1492 inician relaciones entre el viejo y el nuevo mundo, África y Asia, a través de los océanos; todos los continentes tenían sociedades organizadas y habían alcanzado diferentes estadios de civilización.

3.1.1.2. Cultura y civilizaciones europeas
Desde Irlanda hasta Rusia europea, durante milenios se acumularon técnicas, formas de vida y, en general, lo que conforma el proceso llamado cultura. A partir del XI se había iniciado en Europa una era de expansión del comercio en el mundo mediterráneo, que se extendió al Asia Menor y, en el otro extremo, al norte de Inglaterra y el Báltico. Surgió la necesidad de habilitar o construir centros de intercambio en los puertos o lugares de reuniones estacionarias. Con el fin de intensificar el intercambio, fue imperativo contar con mejores recursos de transporte, para ello fue necesario asegurar la eficacia de los medios de navegación. Gracias a la producción y creación de nuevos bienes, como a los avances tecnológicos alcanzados, surgen los imperios mercantiles durante el último tercio del siglo XV y se consolidan en el siguiente. En este proceso, las dos potencias que destacaron por su fuerza expansionista y colonizadora fueron España y Portugal. Al surgimiento de los estados nacionales —contemporáneo de la expansión mercantilista— se añaden los descubrimientos geográficos debidos precisamente a la actividad marítima de los iberos, quienes alcanzaron las costas de Guinea, en África, y las tierras americanas. El tráfico comercial, incluyendo el de los esclavos, fue impulsado por el capital mercantil, sobre el cual se apoyaba la política expansionista precedente en formas de colonización y de explotación de nuevas tierras. El empleo de mano de obra negra en las empresas coloniales tuvo un papel muy importante en el destino de las tierras de América.

3.1.1.3. Cultura y civilizaciones americanas precolombinas
Como todos los pueblos de la tierra, los americanos precolombinos practicaron la recolección de frutos, insectos, raíces, tubérculos, hojas y flores para su alimentación, y desarrollaron eficaces técnicas de caza y pesca. Dentro de sus grandes logros, en  Mesoamérica, están la domesticación del maíz y la papa (en la región andina), dos productos de gran importancia para la alimentación y la economía mundial. Al acumular suficiente información y experiencia en la producción de alimentos, los nativos americanos tuvieron los recursos necesarios para ampliar su reproducción como grupo; fundados en esa fuerza no sólo física, pudieron construir grandes ciudades. La organización urbana hizo posible la construcción de centros político-administrativos como: Teotihuacán, Tikal, Kaminal-Juyú, Chan Chan y Machu Pichu. En el caso de México, Tenochtitlán, establecida sobre un lago, fue trazada entre canales, dentro de la isla, para circular libremente en canoas y poder transportar productos hacia la ciudad desde zonas muy lejanas. El alto desarrollo organizativo entre algunos grupos generó la posibilidad de levantar obras monumentales. Pero debe resaltarse la capacidad de los americanos de mantener la cohesión de sus sociedades al satisfacer las necesidades fundamentales de sus miembros. Los conocimientos científicos y las creaciones culturales no se redujeron a la botánica y sus aplicaciones: hubo grandes adelantos en astronomía, matemáticas, escritura, arquitectura, escultura y pintura. Los sistemas de pensamiento y las representaciones colectivas demuestran una complejidad que iguala a la de cualquier civilización de la antigüedad.

3.1.1.4. Cultura y civilizaciones africanas
Las sociedades precoloniales vivían de la agricultura; sólo una porción menor se dedicaba al artesanado o al comercio. La industria estaba en la etapa artesanal, incluida la minería, explotada desde épocas tempranas en casi toda África. Los grandes imperios del occidente africano alcanzan su máximo apogeo en los siglos IX al XV. Entre los más notables están Ghana, Shongay, Malí, Ife, Benín; estos dos últimos corresponden al pueblo yoruba. Contemporáneos suyos son: al sureste de Katanga (hoy Zaire) los luba o baluba, que se asentaron en la región desde el siglo X. Además del reino del Congo, que se desarrolló en la región del mismo nombre. Las ciudades crecieron con el movimiento mercantil, construyéndose las capitales o centros importantes de los reinos. Kounbi fue capital del reino de Ghana; Malí fue residencia de su soberano; Toumbuctú y Djene eran los centros del saber de su época; Daura, Kano, Gobir, Katzena, Biram, Rano y Zaria son las siete ciudades houssa de una etnia que fue vehículo poderoso del islam; Ndjiem fue capital del reino de Kanem en el Chad; Gao, capital del imperio Shongay, en el Níger; Darfur, el punto de encuentro de las caravanas del Sahara, provenientes del Nilo y el Chad. Desde el siglo XVI, los pueblos africanos quedan vinculados al Atlántico. Es un nuevo mundo y una nueva relación que producen nuevas y originales civilizaciones en América.

3.1.2. La trata negrera
Del siglo XVI a la primera mitad del XIX, la trata de negros, es decir, la compra y exportación de esclavos, dominaría las relaciones entre Europa y el África subsahariana. Ciertamente, los esclavos no eran la única mercancía, pero sí la fundamental. El comercio esclavista estuvo en manos de portugueses, genoveses, franceses, holandeses, daneses e ingleses, quienes, a través de mercedes, licencias, asientos, contratos o contrabando, introdujeron al continente americano a millones de africanos. Los españoles se mantuvieron fuera de la trata porque la Corona la prohibió a sus súbditos; sin embargo, no tuvieron ningún inconveniente en comprar esclavos. Fueron diversos los lugares donde se extrajeron esclavos. En principio provenían de la costa occidental africana, entre los ríos Níger y Senegal, región conocida como la Costa de los esclavos. Más tarde, la zona de extracción se extendió hasta el Congo y Angola. También hubo cargamentos provenientes de la región suroriental del continente africano. Los africanos vendidos como esclavos provenían de diferentes grupos étnicos. Entre los más importantes en su paso a América están: los yoruba, mandingas, congos, angolas, ararás, ashantis, bran, biafras, lucumíes y wolof. El comercio esclavista les despojó de tales identidades para cosificarlos como “negros”.
En los comienzos de la trata, todo embarque debía dirigirse a Europa para registrar los cargamentos, pero el alto costo de esta acción llevó a los comerciantes a establecer los viajes directos a América, desembarcando en los principales puertos americanos como La Habana, Veracruz, Portobello, Cartagena de Indias y San Salvador. Como se sabe, la plantación americana fue fundamental para el desarrollo de la trata; ésta era un elemento más del comercio europeo, integrado en un circuito denominado comercio triangular. Esto es, los productos europeos eran negociados para comprar esclavos quienes, a su vez, eran cambiados en los puertos americanos por productos tropicales, plata y oro, trasladados en barco a Europa. Desde luego, los europeos obtuvieron los mayores beneficios.
La llegada de los portugueses a las costas africanas en el siglo XVI marcó un cambio definitivo dentro de la historia de la humanidad. La aventura portuguesa en el Atlántico los llevó a descubrir y comerciar con la, hasta entonces, misteriosa tierra africana. Desde luego, Europa sabía de la existencia de sociedades diversas más allá del Sahara, pero eran los árabes los que estaban en contacto con estos pueblos, gracias al comercio transahariano. Bordeando la costa occidental africana, los portugueses establecieron diversos puntos considerados claves para el comercio. Los productos nativos de mayor interés fueron el oro, las especies, el marfil y los esclavos; estos, conocidos en Europa gracias al comercio mediterráneo establecido entre diferentes naciones europeas y los árabes, comenzaron a aparecer con mayor frecuencia en las ciudades a partir de la segunda mitad del siglo XV, luego de que mercaderes y armadores portugueses se dieran cuenta que las expediciones eran amortizables vía el comercio de esclavos.
El comercio llevado a cabo en una serie de puntos de la costa mediante el trueque, fue en beneficio económico de los europeos. Telas baratas, cazuelas de cobre, cuentas de cristal, cuchillería, pólvora y mosquetes, fueron algunos de los artículos cambiados a los nativos por esclavos. Aun cuando esta práctica se mantuvo durante los cuatro siglos de la trata negrera, la demanda creciente de esclavos motivó que los europeos establecieran otros mecanismos para abastecerse de esta mercancía humana: celebraron alianzas con gobernantes espurios, financiaron razias tierra adentro, fomentaron las guerras intertribales proporcionándoles a los adversarios armas, pólvora y hasta algunas mercenarios, con la condición de que al regresar de las guerras les ofrecieran esclavos a bajo precio.
Los africanos adquiridos generalmente eran transportados en grupos de seis, con anillos al cuello, unidos por grilletes en los pies para evitar huidas, enfrentamientos, rebeliones y hasta suicidios. Según relatos de los propios negreros, estos cautivos traídos de lugares muy alejados, llegaban en condiciones deplorables a las factorías. Para poder venderlos a un precio razonable, les reunían en grandes barracones donde se recuperaban del camino, eran mejor alimentados que en la travesía y revisados para detectar si tenían enfermedades contagiosas; en caso de estar enfermos, se les ponía en cuarentena o bien, mientras llegaban los barcos negreros, eran destinados a la agricultura. Los esclavos eran marcados con un hierro candente para diferenciarlos de los nativos; esta práctica, llamada calimbo, era recibida por los esclavos, en ocasiones, más de una vez, sobre todo si eran vendidos o castigados con frecuencia: las marcas se hacían en el rostro, pecho, muslos, brazos y espalda. Ya en América, y luego de casi seis meses de travesía, los negreros repetían el proceso de mejorar lo más posible su mercancía, con la intención de conseguir mejores precios en los mercados por cada pieza de ébano.

3.2. Afroamérica
La presencia histórica del africano en América data de las primeras décadas del siglo XVI. El número de hombres y mujeres que fueron desarraigados del continente africano ha sido objeto de polémica constante: Du Bois reporta quince millones; De la Roncière señala veinte millones, pero un cálculo que incluye a los que morían en los barcos negreros durante la travesía (35%), en los depósitos de esclavos en las costas africanas (25%) o bien en el trayecto del interior del continente a los puertos de embarque (50%), eleva la cifra de los sacrificados antes de arribar a las costas americanas para servir de esclavos en el régimen colonial. En el proceso de la creación cultural en América Latina y el Caribe se han incorporado formas y técnicas de procedencia africana que, adaptadas a las sociedades originales locales, produjeron culturas que patentizan la africanía en el proceso cultural de nuestros pueblos y países.
El desarrollo de las empresas coloniales en América descansó en el sistema esclavista: ante el desplome demográfico de las poblaciones indígenas fue necesaria la importación de mano de obra barata y cautiva. El imperativo de los conquistadores y colonizadores de explotar las riquezas del nuevo mundo y la escasez o carestía de otras fuentes de mano de obra ejercieron particular influencia en la distribución del negro en América. Su presencia, sobre todo en las plantaciones de azúcar, algodón, añil, cacao, coco, tabaco y otros productos tropicales, condicionó la demografía, tanto de las regiones insulares como de las regiones continentales. La intensa explotación a que fueron sometidos los esclavos en tierras americanas desde los Estados Unidos del Norte hasta Sudamérica motivó los tempranos y constantes movimientos de insurrección; de hecho, los africanos ejercieron la resistencia violenta desde su captura. En las factorías y depósitos las rebeliones eran hechos comunes, así como la formación de comunidades cimarronas en toda América. La primera revolución independentista, culminación de la resistencia esclava, fue la haitiana, en 1804.

3.2.1. La esclavitud y economía colonial americana
La capitalización fundada en la obtención de metales preciosos fue la clave de la expansión española en América, a través de la industria extractiva y de los botines en las acciones de conquista. El imperio español, hasta los últimos decenios del siglo XVIII, se conservó dentro de una economía metalífera; en Brasil, las minas de oro y diamantes tuvieron un auge que sólo fue posible con la introducción de mano de obra negra para alcanzar el alto rendimiento de las provincias metalíferas. El ciclo del oro avanzó desde las Antillas hasta México por el norte y hasta Chile por el sur; a éste se debió un segundo horizonte minero, el de la plata, cuya explotación estuvo en manos de esclavos negros e indios aborígenes, según fuese la región. Además de la minería, el ingreso progresivo de esclavos en América estuvo condicionado por el desarrollo de los nuevos cultivos e industrias coloniales, entre las que se destaca por su importancia la industria azucarera. Su cultivo se experimentó en las islas antillanas, costas y valles continentales, bajo el sistema de plantación.
Pronto, este sistema productivo establecido por los europeos en las diferentes colonias americanas se extendió a otros productos agroindustriales, como algodón, tabaco y café. La explotación de estos monocultivos, localizados sobre todo en el Caribe y los Estados Unidos, requirió de grandes extensiones de tierra como de numerosos contingentes de trabajadores que fueron aportados por África, quedando establecida la mutua dependencia entre plantación y esclavitud.

3.2.2. Esclavitud y sociedad
La jerarquía interna del universo esclavo se definía y establecía según dos criterios: por su autonomía o por su saber.
La autonomía se medía por el grado de confianza del amo en el esclavo, otorgándole posiciones de poder sobre otros esclavos o grupos sociales; el saber, por los conocimientos de un esclavo acerca de la cultura africana, al mismo tiempo que se adaptaba y conocía la cultura de los blancos. Leer y escribir la lengua europea le permitía al negro entender el mundo y la realidad de los amos; además de autonomía, le daban acceso, de cierta manera, a los privilegios que a los demás esclavos les estaban vedados. El conocimiento de la cultura de origen y de la cultura dominante fue factor de movilidad social para alcanzar, a veces, posiciones directivas, fungiendo incluso como mediador cultural, especialmente desde su posición en el servicio doméstico. A los esclavos que se criaban en la casa de los amos y que eran puente de unión y mediadores útiles entre los blancos y los negros, se les concedía gran ascendente y eran vistos como superiores dentro de su comunidad.
Aunque la vida de los esclavos estaba totalmente definida por el trabajo, existían cier-tas formas de agrupación, sin salir del sistema opresivo, que representaban una variante en las condiciones de vida de los negros. Por ejemplo, servidores domésticos, artesanos o trabajadores calificados podían gozar de una mayor autonomía en la vida cotidiana, celebrar u observar algunas prácticas culturales propias o de la sociedad dominante e, incluso, podía permitírseles buscar los recursos para comprar y obtener su libertad. Y si eran libres podían alcanzar cierto bienestar y hasta otro estatus social.

3.2.3. Oficios y servicio doméstico
Diversos oficios fueron ejercidos por negros, mulatos y castas, pese a las prohibiciones reales, opuestas a su ingreso a los diferentes gremios, los que se pueden dividir entre quienes se encargaban de producir objetos de lujo y elaborar artículos de uso común. Los primeros agrupan a sederos, bordadores, hiladores de seda, doradores, pintores, escultores y plateros, entre otros. Los segundos integraban a los zapateros, panaderos, curtidores, carpinteros, sastres, toneleros, etc. Hubo gremios que permitieron el acceso de negros y mulatos como aprendices, para luego convertirse en oficiales.

3.2.4. Cimarronaje
Durante el tiempo de la esclavitud, los castigos corporales eran moneda corriente a la que recurrían los amos ante la mínima infracción y con la más completa arbitrariedad. Aún cuando las diversas legislaciones metropolitanas intentaron frenar el abuso de los amos mediante el establecimiento del tipo de castigos que debían infligirse a los esclavos de acuerdo a la gravedad de la falta, en realidad la distancia de sus colonias les dejó en libertad de obedecer o no. Al huido o fugitivo, denominado cimarrón, por ejemplo, se le castigaba con el látigo, con el encadenamiento durante una o varias semanas. El castigo aumentaba si reincidía; entonces se le marcaba, se le ponía en el cepo, se le colocaban grilletes o una máscara o un collarín de hierro.
Con frecuencia hubo motines o levantamientos, extensivos a toda América en las zonas de mayor explotación, que fueron duramente reprimidos por las autoridades coloniales. Cuando las rebeliones tenían mayor organización, generalmente culminaban con el establecimiento de palenques o quilombos, donde se agrupaban los esclavos. Como no formaban parte de la sociedad ni de la economía de la época, fueron marginales, consiguiendo subsistir del ataque constante a los territorios adyacentes colonizados. Otros se refugiaron en regiones escondidas, poco accesibles, nunca ocupadas por europeos, formando comunidades autosuficientes. Los palenques existieron en todo el territorio americano, destacándose por su alcance el de Palmares, establecido en Brasil. Este palenque, durante más de medio siglo, no pudo ser sometido por los portugueses, configurándose incluso como la República de Palmares.
Donde quiera que su número lo permitía, los esclavos formaron grupos unidos que les ayudaban a tolerar su situación, expresar su humanidad y mantener el sentido de sí mismos. Estos grupos florecieron en la ciudad de México, en los puertos de Veracruz y de Acapulco, en los principales centros mineros y en las plantaciones de azúcar, permitiendo a los africanos preservar algo de su herencia cultural, aun cuando, a la misma vez, forjaban relaciones culturales nuevas y dinámicas.

3.2.5. Abolicionismo e independencia
A principios del siglo XIX, bajo la forma de libre comercio, la trata negrera tendió a desaparecer. Los movimientos abolicionistas activos desde el siglo pasado habían conseguido que importantes sectores de las sociedades europeas repudiaran el comercio negrero. Francia e Inglaterra fueron las naciones donde con mayor fuerza se desarrollaron las repercusiones definitivas en las colonias americanas. En las colonias inglesas de Norteamérica, desde el siglo XVIII se cuestionaba el derecho de poseer esclavos y se discutía la idea de prohibir la esclavitud en algunos casos. Ya independientes del dominio inglés, se efectuó la primera protesta en los Estados Unidos en contra de la esclavitud y la trata. Por su parte, Inglaterra, en 1792, luego de una fuerte campaña política, prohibió la trata y sancionó el tráfico ilegal esclavista en sus territorios. La Declaración de los derechos del hombre, pronunciada por la república francesa, fomentó diversos movimientos de emancipación en sus colonias antillanas. El más destacado de éstos fue el que se produjo en Haití. Heredera de la tradición del cimarronaje, la lucha comenzó como una revuelta de esclavos contra los amos para terminar como la más radical de todas las revoluciones de independencia en 1794. Las luchas independentistas sostenidas en diversos puntos del continente americano a lo largo del siglo XIX determinaron la desaparición de la esclavitud.

3.3. Nuestra tercera raíz
Los africanos introducidos en México, principalmente por la costa atlántica, como mano de obra de las empresas virreinales fueron también factor determinante en la composición poblacional, llegando a constituir, en su descendencia, amplios sectores que conformaron la base del mestizaje mexicano. Gonzalo Aguirre Beltrán señala que para ubicar al negro dentro del panorama demográfico de la Nueva España es necesario abordar el problema en su conjunto; sólo así podremos valorar la importancia de su papel en el desarrollo de la población novoespañola y la trascendencia de su incorporación en el momento de gestación de lo mexicano que, hoy, más que en pasado colonial, perfila sus características biológicas triétnicas, al caracterizar el fenotipo actual, las aportaciones de los tres troncos: indio, negro y blanco En el siglo XVI, el México indígena fue receptor forzado de la España medieval y del África subsahariana en sus múltiples variantes. En el proceso de interculturización, las distancias entre las tres raíces antes autónomas se redujeron al fusionarse en el mestizaje, originando así la complicada urdimbre de las relaciones interétnicas, tejedoras de alianzas y antagonismos, atracción y rechazo, afinidad y rivalidad.
La tercera raíz es el término utilizado para señalar esta africanía como una de las partes constitutivas, en lo genético y lo cultural, de los países con población y cultura autóctona vigentes, aún después del embate del colonialismo, reforzándose en el mestizaje con la indianización e hispanización de las esclavonías de origen africano. El legado africano reside, fundamentalmente, en los sistemas de tradiciones orales, las prácticas religiosas, la medicina tradicional, las estructuras sociales, los bailes y tradiciones musicales, las vestimentas, artesanías, etc. Las particulares estructuras de algunos cultos y rituales y muchas otras construcciones culturales integrantes de la cultura popular son el receptáculo ancestral de los pueblos afroamericanos. Entre nosotros, el México profundo adquiere nuevas dimensiones al integrarse a él nuestra tercera raíz.

3.3.1. Negros conquistadores
Los primeros africanos llegados a nuestro país lo hicieron con los españoles. Hernán Cortés traía, cuando menos, uno a su servicio, llamado Juan Cortés. Varios de los capitanes traían a su cargo esclavos negros; uno de estos, llamado Juan Garrido, sembró trigo en México por vez primera. Pánfilo de Narváez también traía negros en sus huestes; uno era bufón, el otro desembarcó con viruelas, introduciéndolas al nuevo territorio, enfermedad causante de gran mortandad entre la población indígena. Fueron auxiliares en la conquista del territorio novohispano, como lo muestran algunas de las escenas recogidas en diversos códices de la época. Otros conquistadores también los utilizaron: Francisco de Montejo se hizo acompañar de negros en la conquista y colonización de Yucatán; Pedro de Alvarado los utilizó para pacificar Guatemala y, más tarde, al armar su expedición al Perú, conformó un ejército que, además de españoles e indígenas, incluía 200 negros. Esta costumbre de conquistadores y descubridores de llevar negros a sus empresas guerreras fue seguida por los pobladores en sus entradas a tierras de indios. Cuando Francisco de Ibarra fue enviado al norte de la Colonia a descubrir minas llevó consigo negros. De esta manera, el negro africano fue un aliado del español en la conquista y colonización del nuevo territorio.

3.3.2. La colonización
Concluida la conquista de México-Tenochtitlán, los conquistadores se dieron a la tarea de colonizar las nuevas tierras. En este proceso se contó con el trabajo indígena que, de manera voluntaria o forzada, se utilizó en las empresas coloniales. La conquista y la pacificación de territorios, la construcción de nuevos edificios, la explotación de los placeres de oro, de las minas de plata, el cultivo de nuevos productos no hubiesen podido realizarse sin el concurso de los indios. Utilizados inicialmente de manera forzada como esclavos y luego a través de la encomienda, trabajaron hasta el agotamiento en las diversas empresas españolas. El trabajo compulsivo desconocido en la tradición cultural mesoamericana, los malos tratos, la escasez de alimentos y la emigración intensa de los pueblos indios, sumados a la violencia física y psicológica de la conquista, las fuertes y extensas epidemias como viruelas, sarampión, tifo y vómito negro diezmaron dramáticamente a la población indígena. Pueblos enteros desaparecieron del territorio novohispano. Esta situación obligó a la Corona española a implementar una política proteccionista para los indios. Como primera medida intentó legislar a su favor, tratando de evitar el abuso y los malos tratos de los encomenderos españoles, luego abolió la esclavitud indígena (1542) y limitó los alcances de la encomienda. Más tarde, y debido a que la expansión económica colonial se tradujo en una creciente demanda de productos americanos como oro, plata, cacao, añil y azúcar en los mercados europeos, las autoridades hispanas consideraron la importación de esclavos africanos como la solución a la necesidad de contar con la mano de obra indispensable al desarrollo de sus empresas.

3.3.3. Trabajo y esclavitud
El desarrollo de las empresas de los colonizadores españoles estuvo sujeto a una extensa e intensa explotación de la mano de obra indígena, causa, entre otras, de la debacle demográfica de la población indígena en el transcurso de la primera mitad del siglo XVI. Esta situación fue tomada en consideración por la Corona para elaborar una legislación proteccionista para los indios. Cuando la Corona legisló a favor de los indios, buscando eximirlos de los excesos de encomenderos y colonizadores, se buscó el trabajo del negro. La mano de obra africana fue vital para los colonizadores españoles. A medida que los indígenas fueron asesinados o murieron de las enfermedades traídas por los europeos, los esclavos africanos asumieron una buena parte de la carga de trabajo, particularmente en el primer siglo y medio de la Colonia. Los esclavos africanos trabajaron en las minas de plata de Taxco, Pachuca, Guanajuato y Zacatecas, en las regiones norte y central; en las plantaciones de azúcar del Valle de Orizaba, Morelos, Puebla y Michoacán; en los obrajes (fábricas de tejidos de lana) de Puebla y de Oaxaca en la costa oeste y en la ciudad de México; y en el trabajo doméstico, en todas partes. Otros trabajaron en las estancias ganaderas del Bajío, del Sotavento veracruzano y en la Costa de Guerrero y de Oaxaca; además, en las salinas costeñas o como artesanos en las ciudades. Aunque los esclavos negros no sobrepasaron el dos por ciento de la población, sus contribuciones al México colonial fueron enormes, especialmente durante periodos de aguda necesidad de mano de obra; ésta, sin duda, tuvo importancia estratégica como fuerza de trabajo sustitutiva y, en la mayoría de los casos, complementaria de la mano de obra indígena. Juntos, negros e indios, fueron los artífices del desarrollo económico y físico de la Nueva España, actuando no sólo en el establecimiento de nuevas formas de organización del trabajo y la producción, sino originando una mezcla racial y cultural determinante en la constitución de la sociedad y la cultura mexicanas.

3.3.3.1 Minería
La importación de africanos a la Nueva España comenzó con la minería. Existen registros de la temprana presencia de esclavos negros en las minas del centro de México; tal es el caso de Taxco, Zacualpan y Tlalpujahua. Más tarde se encontraron en Pachuca, Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí. Sin embargo, las rudas faenas en los socavones de las minas terminaban muy pronto con los trabajadores africanos, por lo que resultaba incosteable su utilización. Por tal razón, las labores de extracción de minerales se dejaron en manos de los indios. Los esclavos africanos se reservaron para el proceso de refinamiento de la plata en el interior de las haciendas de beneficios como capataces, jefes de cuadrilla o, bien, desempeñando diversos oficios de la hacienda.
Como señalan las fuentes sobre el trabajo minero, el excavar y romper la veta, sacar la tierra y el mineral acumulados fueron las tareas más difíciles y fatigosas; además, de las que demandaban mayor número de operarios. Utilizando picos, barretas de hasta 20 kg, cinceles, martillos y marros, los barreteros lograban arrancar y trozar el mineral que peones o tenateros sacaban en bolsas o tenates (hechos de cuero o henequén) sobre sus espaldas, subiendo por rudimentarias escaleras llamadas “de gallinero”. Todas las faenas las cubrían grupos o cuadrillas dirigidas por un capitán o mandón, el cual solía ser un esclavo negro o mulato. Este papel de superioridad del negro ante el indio, como lo señalan los investigadores, se explica en función de su aspecto físico, pues, el español comprendió muy pronto que el negro, de ordinario más alto, fuerte y vigoroso que el indio, rápida e inevitablemente se hacía temer y obedecer por éste, particularidad que lo convertía en un instrumento utilísimo para manejar a los pueblos derrotados. Los negros también vigilaron que los indios achicadores se encargaran de sacar agua de las galerías, principal problema de la mina, llevando el agua a la superficie en cubos, método por demás primitivo que, apenas, a fines del siglo XVII se superó.

3.3.4. Sociedad: el mestizaje y la sociedad de castas
Durante el primer siglo de dominación española la distribución entre las diferentes poblaciones que integraban la Nueva España fue sencilla y su estratificación lógica. El peldaño más alto lo ocupaban los conquistadores y la población española; les seguían los aborígenes vencidos; y, finalmente, los esclavos negros, “casta infame” por su sangre. La mezcla de estas tres poblaciones presentó el problema nada fácil de encasillar a sus descendientes. La sociedad dividida en castas, que caracterizó al virreinato, tomó forma definitiva hasta los primeros años del siglo XVII, cuando las posibles mezclas entre las poblaciones conquistadora, vencida y esclava y sus hijos se habían llevado a cabo. La estrecha convivencia entre los diversos grupos sociales intentó ser contenida y aun prohibida por la legislación española. Sin embargo, pese a todas las disposiciones, castigos y sanciones, el mestizaje se dio desde fechas tempranas y de manera intensa En esta sociedad de castas, vertical, jerárquica y multiétnica fueron integradas “las castas”, es decir, los productos de las continuas mezclas: mestizos, mulatos, lobos, coyotes, moriscos, pardos, zambos, etc. El mestizaje explica en buena medida los matices de la esclavitud, las diversas y variadas formas de asumir este estatus en la vida cotidiana, como de buscar vías alternas de ascenso social y hasta de liberación.

3.3.5. Cimarrones y palenques
La esclavitud no fue asumida pasivamente. Los negros esclavos tuvieron una constante actitud combativa, manifestada sobre todo en las rebeliones organizadas que siguieron al cimarronaje, como se llamó a la huida de los esclavos que escapaban a las montañas para sustraerse al control del poder colonial. Estas rebeliones fueron muy tempranas: Aguirre Beltrán menciona la existencia de cimarrones en Chiapas y Guerrero en la década de 1530. Las rebeliones estallaban muchas veces en los centros urbanos y, desde luego, en las zonas de mayor explotación, como minas e ingenios, siendo duramente reprimidas por los ejércitos coloniales. Cuando las rebeliones tenían mayor organización, generalmente culminaban con el establecimiento de palenques en los que se agrupaban los esclavos, formando comunidades autosuficientes y desde donde combatieron al poder colonial. Estos palenques fueron numerosos y existieron durante lo dominación española en todo el territorio, destacándose por su alcance el establecido en la hoy población de Yanga en Veracruz, cuyo nombre precisamente honra a su fundador. En estas guerras de los esclavos contra el dominio español encontramos los antecedentes del combate final por la independencia.

3.3.5.1. Yanga
Nació hacia 1554 en la región llamada Bran (alto Nilo). Estaba destinado a ocupar el trono de su tribu. Llegó como esclavo a la Nueva España, por Veracruz, en 1579. Escapado de los trapiches y plantaciones, se enriscó a las faldas del Pico de Orizaba y el Cofre de Perote, convertido al cimarronaje. En 1609 realizó una de las más importantes rebeliones junto con un negro más joven, Francisco de Matosa. Derrotó a los españoles y fundó un pueblo libre de la tutela de blancos y españoles, que se llamó San Lorenzo de los Morenos, ahora Yanga. Una versión dice que murió en la célebre conspiración de los treinta y tres negros, en la plaza mayor de la ciudad de México, el 2 de mayo de 1612. Su intento de vivir en libertad constituye el más remoto antecedente de la independencia de México.

3.3.6. La revolución de Independencia
La participación de los esclavos y sus descendientes en la lucha por la independencia fue intensa: mientras algunos combatían por ella, otros participaron activamente en el bando realista (notorio es el caso del mulato Armengol y sus partidarios en la Costa Chica) y se mantuvieron fieles al gobierno español hasta el final del régimen colonial, en 1821. Cuando participaron en las filas insurgentes, su actuación fue definitiva para alcanzar el objetivo independentista; mientras Hidalgo oponía a los ejércitos regulares del gobierno virreinal masas indígenas con palos y flechas que se desbandaban al primer choque con las fuerzas armadas, José María Morelos apeló a los mulatos y mestizos de las costas y, en núcleos pequeños pero bien armados, los utilizó en su portentosa campaña. Para uno y otro, la abolición de la esclavitud fue punto importante de su ideario político, pero fue Morelos el que en forma precisa y sumaria logró plasmar los principios más avanzados de la revolución en los Sentimientos de la Nación. En ellos asume claramente la independencia de México y la abolición de la esclavitud, como pregona la igualdad social: todos los habitantes de estas tierras no se nombrarán por su calidad étnica o casta sino como americanos. Muerto Morelos (1816), el movimiento independentista prácticamente agonizó, excepto en el sur, donde Vicente Guerrero asumió tácticas guerrilleras de resistencia. Empecinado en lograr la independencia, Guerrero mantuvo a raya al ejército realista, desde la Mixteca hasta la Tierra Caliente de Michoacán. Heredero del pensamiento sociopolítico de Hidalgo y Morelos, consideró ganar la causa independentista mediante negociaciones políticas, tocándole en suerte conseguirla en 1821. Ya como presidente de la República Mexicana, Guerrero decreta la abolición de la esclavitud el 15 de septiembre de 1821.

3.4. La africanía en México
La evidencia del afromestizaje en el fenotipo de la población de las costas atlántica y pacífica hace pensar en la memoria genética de la cultura, donde la presencia del negro incluyó sus actitudes vitales frente a la realidad, su concepción del mundo, su mentalidad, tan distinta a la del indio; las formas de estar y aceptar la vida, la muerte, el nacimiento; las formas de interpretar y crear la música; la inclinación por ciertas comidas y bebidas; su gusto por la palabra, de especial valor en las culturas africanas; su idiolecto; la pronunciación del castellano; su pasión por el ritmo; su extroversión; y una empecinada lucha por sobrevivir y por alcanzar el derecho a existir y ser aceptado. La cultura de la Costa Chica confirma la africanización del indio y la indianización del africano. Aunque los elementos africanos no llegaron a integrar un sistema cultural diferenciado como en otros países de América son, por decirlo así, partículas dentro de los sistemas culturales que conforman nuestra cultura, están insertos en las capas de indianidad o de hispanidad que los encubren, pero son parte substancial de nuestro ser mexicano, multiétnico y multicultural.

3.5. EL AFROMEXICANO ACTUAL DE LA COSTA CHICA
En la actualidad, la población afromestiza del estado de Guerrero se localiza mayoritariamente en los municipios de Acapulco, San Marcos, Cruz Grande, Azoyú, Copala, Marquelia, Ometepec y Cuajinicuilapa; estando presente, además, en otros municipios (Ayutla, Tecoanapa, Igualapa y San Luis Acatlán, por ejemplo).
En Oaxaca, se pueden considerar comunidades afromexicanas: del distrito rentístico de Jamiltepec: San José Estancia Grande, San Juan Bautista Lo de Soto, Santa María Cortijos, José María. Morelos, Santa María Chicometepec, Paso del Jiote, San José Río Verde (La Boquilla), El Guayabo, La Humedad, Piedra Ancha, El Charquito (Nduayoo), Río Viejo, La Tuza, El Ciruelo, Corralero, Cerro de la Esperanza, Collantes, Lagartero, La Palma, Minitán, Santiago Tapextla, Llano Grande, Tapextla, Tecoyame y Santo Domingo Armenta; del distrito de Juquila: Río Grande, agencia municipal de San Pedro Tututepec. Charco Redondo, El Azufre, Chacahua, La Pastoría, Zapotalito, La Grúa, El Corral, Cacalotepec  y otros pequeños poblados, que están consideradas como agencias de policía del municipio de San Pedro Tututepec.
Esta población se diferencia de la población nacional mayoritaria por su desenvolvimiento histórico, identidad propia, rasgos físicos y patrones culturales definidos, resultado de un proceso iniciado hace quinientos años entre indígenas, africanos y europeos. Las relaciones entre los dos primeros aún guardan reminiscencias de la época colonial. Los pueblos afromestizos de la Costa Chica, en las últimas décadas, han sufrido un acelerado proceso de aculturación que se ve reflejado en la pérdida de la vivienda en forma de redondo, del vestido de algodón y en algunas variaciones de su cosmovisión. Comparten una forma de hablar; costumbres funerarias, de matrimonio y agrícolas; supersticiones y creencias; medicina tradicional; forma de ser; organización para el trabajo; fiestas y ceremonias sociales y religiosas; danzas y música; y una cultura oral, que les da identidad y que son producto de todo el proceso de mestizaje entre los americanos, españoles y africanos originales. Algunos de los rasgos físicos destacados de la población son el color de piel, el tipo de cabello, la estatura, así como la expresión corporal reflejada en la facilidad y gracia de las mujeres para llevar peso sobre la cabeza, el estilo de pararse siempre erguidas con porte flexible y con los brazos en jarras, la manera de cargar a los niños a horcajadas (chinqueteado).
El ambiente físico de la Costa Chica está compuesto por terrenos planos y fértiles, de abundante vegetación, que van desde los límites de la sierra hasta el litoral del Pacífico, con clima caluroso todo el año. En esta zona, las casas habitación pueden estar construidas con materiales naturales de la región (bajareque), adobe o con materiales industriales; a veces cuentan con amplios patios donde se crían gallinas y cerdos y hay árboles de limón, mango, almendro, jícara, guanábana, tamarindo. Su vida cotidiana en zonas rurales se compone de actividades como acarreo de agua (por niños y mujeres); el trabajo agrícola y ganadero (en pequeña escala normalmente) por los hombres principalmente; el cuidado de los niños pequeños por hermanos mayores; golpear (hacer tortillas), preparar la comida y hacer pan, por la mujeres. Su economía se basa en la agricultura y ganadería principalmente. La primera se desarrolla en las fértiles tierras bajas (de 20 a 50 msnm) y los cultivos más comunes son: maíz, ajonjolí, sandía, limón, coco, melón, papaya y mango; parte de la producción, sobre todo del maíz, se destina al autoconsumo y el resto al comercio. La actividad ganadera ha caracterizado a la región desde la época colonial, en que se establecieron las primeras majadas o estancias; en la actualidad, los ganados bovino y caprino son los más abundantes. Otra actividad importante es el tradicional comercio ambulante, tarea desempeñada por las mujeres desde la infancia
La migración (a ciudades o lugares turísticos nacionales y a los Estados Unidos) proporciona recursos económicos suficientes para modificar la estratificación social y económica y elevar el nivel de vida de los afromestizos; este hecho se puede observar en el auge de las habitaciones construidas con materiales industrializados, la proliferación de vehículos automotores y el fasto para celebrar las fiestas, sean públicas o particulares.
Las fechas públicas se celebran de acuerdo al calendario religioso y cívico. Del primero se festeja a San Nicolás de Tolentino, al Santo Señor Santiago, a la Virgen de Guadalupe, a la Virgen de Juquila, a la Virgen María, a San Juan Bautista, al Niño Jesús, la semana santa y el día de los Fieles Difuntos. Del calendario cívico: las fiestas patrias y el 20 de noviembre. En todas estas ocasiones se representan danzas como: la conquista, los apaches, los diablos y el baile del toro de petate, entre otras.

[De Los Hijos del Machomula, segunda edición 2015]

jueves, 24 de septiembre de 2015

Juan Damián, hacedor y creador de huaraches

** Creó un modelo con correas de mochila, que vino a sustituir al de campesino, el cruzado de carnaza, y es el que le copian mucho, muchísimo, dice
** la cuestión es que siempre estoy intentando estar en el gusto del cliente
Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
24 de septiembre de 2015


 Trabajando las suelas.

Juan Damián Peláez tiene 44 años, tres hijos y cinco hermanos. Nació en Cuajinicuilapa, en el barrio de La Banda.

Ocho años vivió en Acapulco y trabajó en la llamada industria turística; allí mismo estudió Contabilidad en la universidad e inglés al mismo tiempo. Otro año de su vida lo vivió en Estados Unidos, en el estado de California, donde fue a trabajar y a estudiar, y le fue bien, le gustó vivir allá sobre todo porque hay mucho respeto por las leyes. Pero sus responsabilidades aquí lo hicieron regresar, aunque tenía en mente volver al Norte.

Mujer e hija, primero, luego el trabajo, fueron las razones para quedarse ya en Cuajinicuilapa y dejar la escuela. Juan Damián desciende de una mujer oriunda de Cuajinicuilapa y de un hombre originario de Santa María, quien le enseñó el oficio que ahora lo llena de orgullo y le da muchas satisfacciones.

–Para mí era importante hacer una carrera, por cumplir con la familia, conmigo mismo también, ya que mi salida de Cuaji se dio por eso, por estudiar; después venía lo otro, de trabajar. Y como también me gustaba el fut... era otra... quería ser futbolista profesional.

–No terminaste la carrera, ¿ahí quedó?
–¡Ahí quedó! No, no me atormentó ni me atormenta, solamente que... ahí quedó... Me atormenta en este momento la cantidad de becas que hay, cabrón, porque en ese momento yo era alumno de los que sacaban mucho diez y yo no me acuerdo de haber recibido una pinche beca de esa madre...

–El 80 por ciento son recomendados...
–Sí, hay recomendados, hay recomendados, pero sí, no tengo ninguna cuestión de tener pensamientos encontrados por no haber estudiado. Sí me hubiera gustado, pero lo que pasó, pasó... No me siento chingón, pero estoy tranquilo, estoy bien. Ahora que estudien mis hijos, si quieren...

–Llegas a Cuaji, a trabajar; ¿el taller era de tu papá?
–Sí, pero casi coincidió mi llegada con su partida a Estados Unidos; él ya había ido muchas veces para allá. Pero, llego y él se va, y de hecho no llegué a lo que es el huarache, llegué a curtir pieles, ése fue mi negocio primero, pero la gente seguía viniendo a buscar este huarache y un día pensé: Voy a hacer huarache, a ver qué tal me va.

No quería hacer huarache, no me gustaba. Nunca me gustó, desde que era chamaco; le ayudaba a mi jefe a trabajar pero sin el gusto por hacerlo; le ayudaba porque había que ayudarle. Yo veía que mi jefe trabajaba y me decía: Bueno, hay que echarle la mano.

–Ahora ya lo haces con gusto...
–Sí, pues, comparé mis dos trabajos, la curtida con el huarache y dije: Aquí me canso menos, y, pues, está mejor.


 

En la máquina, cosiendo las correas.

–¿Se gana más?
–Sí... bueno, en aquel momento, no. Allá vendía cantidad y era más ingreso monetario. Curtía todo tipo de pieles y las vendía; también hacía cinturones de distintas pieles de animales: de venado, de víbora, de lagarto... está prohibido ahora, pero en ese entonces no estaba. Hace como unos diez años que dejé de curtir.

–Perdimos a un curtidor y ganamos a un huarachero...
–En un principio fue más hacer [huaraches] sobre pedido, más que hacer para vender; entonces, no había falla, pues, buscábamos siempre satisfacer la necesidad del cliente, no tanto vender el huarache por venderlo...

–La primera camada de huaracheros que llegó de Santa María [municipio de Ometepec] vendía ya un tipo de huarache, fundamentalmente...
–Sí, pero yo nunca hice ese huarache, el cruzado, el de campesino. Yo empecé con otro tipo de huarache... digamos, yo empecé a meter la cinta ésta. Antes de que yo llegara a Cuaji esto no se trabajaba aquí; ahora ya lo trabajan, acá en Santa María, lo he visto en Acapulco, ya lo trabajan.

Sin querer empecé a innovar; la verdad, no fue mi intención. Empecé a meter piel de otro tipo, de más calidad, la famosa piel de caballo, que le llaman, que se usa en la industria automotriz. Hacía huarache por pedido, pero el cruzado no me gustó hacerlo. Yo le decía al cliente: ¿Sabes qué? Mejor te hago este huarache, uno tejido, en piel de ternera, que yo curtía, la pielecita que está dentro de la vaca, que tiene un pelito muy finito y, la verdad, se ve bien chingón... en color negro, blanco... está bien asentado. Yo les decía: Mira esta piel, yo la curto, ¿qué te parece si te la hago de ésta? –Ah, mira, se ve bien bonita. Y empezó a gustar, a gustar, a gustar...

–Era un huarache para vestir, más que para trabajar, ¿no?
–Ajá, no era para trabajo, pues. Pero yo le di un giro al cruzado. Aparte, para que salga, hay que hacer muchos huaraches y yo, la neta, decía: Si no me gusta hacer huarache, menos voy a hacer por montones...

–¿Tú usabas ese huarache?
–No, no lo usaba; será por eso que le agarré como roña, no sé...

–No es fino, pues...

Nos interrumpe un niño que va a encargar unos huaraches.

–Éste huarache lo empecé a hacer porque... los que vendían agua... me dice uno: Oye, el huarache que compramos se revienta. Hazte uno que no se reviente. Le dije en broma: Solamente que te lo haga de fierro. –No, dice, debe haber algo; búscate. Y un chavo me dice: Hazte unos de mochila. La cinta de la mochila, ¿ves que esa no se revienta aunque se moje? Y ya, me aventé un parcito, así sin... Y ya, le dije al del agua: Llévatelos. Después ahí viene otro compañero de él, y otro y otro y otro... Hasta la fecha lo sigo haciendo.

–Ése es el de trabajo ahora...
–Ajá. Me lo compran mucho los albañiles porque dicen que aguanta el cemento y que no sé qué, y los que venden agua también, no, que aguanta demasiado ese pinche huarache...

–Y el ciudadano común, ¿lo compra?
–No, me compra el de piel. Como ése, el rojo [de piel de caballo]; ése ahora lo usan los chavitos que andan de corrideros, el que le gusta andar de sombrero, el ganadero, o el de pelito también.

–¿De dónde salen los modelos?
–Muchos modelos salen a petición del cliente...


 
Ensamblando los huaraches.

–El milpero o de campesino vino a ser sustituido por éste, el de correa de mochila; ¿cómo hiciste ese diseño?
–El diseño original no era así [la cinta central no llegaba hasta la suela y no tapaba todos los dedos, era más corta], pero me dijo un cliente: ¿Sabes qué? Es que yo uso el huarache al ras y al hacer esto [poner el pie con los dedos hacia abajo] me raspo la uña. ¿Por qué no lo cierras? –Sí, yo lo hago con lo que el cliente me pida. Y lo cierro.

Otro cliente me pidió que pusiera las correas salteadas, con huecos; sin embargo, nunca nadie me lo pidió, nomás él. Dije: No funcionó.

Sin embargo, el que está cerrado, todo el mundo me lo empezó a pedir. Es más, ya ni hago ese que está abierto, ya no lo quieren. Cuando está nuevo, dicen, se ve bien con pantalón también. Lo hacía negro, pero luego me decían: Oye, métele colores. –Ah, sí. Y la gente viene: Traigo unos modelos, traigo fotos, ¿lo haces? –A ver, sácalas. Ah, sí.

–¿Cuánto vale en promedio un par de huaraches?
–170 pesos, en promedio.

–Y el de correa es el más vendido...
–Sí, es del que saco más dividendos. Aparte, me da gusto hacerlo porque es de mi creación, salió de mí, pues, ése no se lo copié a nadie y me lo han copiado mucho, muchísimos; entonces, sí me da gusto.

–¿Tus hijos le entran al taller?
–A regañadientes, el chavo, pero sí le entra; la muchacha, ésa sí le entra bien...

–Tu hijo, como tú...
–No, no, no. Aquel huarache yo no quería hacerlo; éste sí. Es más, a mí me puede amanecer... Es más, yo le madrugo y... no me aburro. Mucha gente me pregunta si no me aburro. ¡Cómo me voy a aburrir si estoy haciendo algo creativo! No representa más de lo mismo; cada vez que hago un huarachito, para mí es algo chingón... Yo no tengo competencia; la gente viene a comprarme a pesar de que en los últimos años han puesto varias zapaterías en Cuaji. ¡Que bueno! A mí no me afecta. Yo, si no se vende éste, busco hacer otra cosa, otro huarache; la cuestión es que siempre estoy intentando estar en el gusto.

Juan Damián tiene un tallercito en el barrio de La Banda, donde expone, vende y le encargan sus huaraches. En el rato que dura esta entrevista, una hora y más, llegan personas que van a por sus huaraches que llevaron a reparar o a encargar otros. En una hora y media se hace cinco pares de huaraches de distintos modelos.

martes, 22 de septiembre de 2015

Aquí no hay discriminación; eso pasa en otro lado

(Crónica)
Eduardo Añorve Zapata
Cuajinicuilapa, Gro.
20 de septiembre de 2015


Muñeca de una quinceañera de San Nicolás. Fotografía: Eduardo Añorve

Es San Nicolás, comunidad de este municipio algunos de cuyos ciudadanos pretenden la creación de uno nuevo y hace unos días recrudecieron esa lucha que iniciaron en 2006, sin conseguirlo.

Con unos amigos reporteros visitamos en su casa a una señora de unos 50 años y que tiene tres hijos: dos hombres y una mujer.

La reportera habla con ella y se medio entienden, porque la sintaxis de cada una es diferente, no siempre coinciden sus vocabularios, además de que cada contexto personal también es distinto. Por si eso no fuera suficiente para entorpecer la comunicación, la una pregunta lo que quiere saber y la otra responde lo que quiere que sepan.

Ambas intentan acercarse a través de sus dialectos y hacerlos coincidir en una solo lengua, o hacerlos funcionar como una lengua, y a ratos lo consiguen.

La reportera intenta averiguar sobre el asunto de la discriminación y de cómo las percepciones de los sannicolareños sobre el tema influyen o no en la pretensión de crear un municipio independiente de Cuajinicuilapa. Algo así como: Ustedes quieren ser otro municipio porque ahora los discriminan, no les reconocen sus derechos como afromexicanos.

Ante una pregunta directa, la mujer morena (curiosamente, la reportera tiene la piel más clara que la de la anfitriona entrevistada) asegura que en San Nicolás ni en Cuaji (el municipio) existe discriminación por el color de la piel ni otras características asociadas a la africanía o negritud.   

Antes de casarse, en su juventud, esta mujer trabajó varios años  (unos siete) en el Distrito Federal, y al final regresó a su pueblo porque entendió que es mejor vivir aquí que en otro lado, donde, finalmente, uno es extraño.

Ella habla y se explaya sobre experiencias que ha visto y escuchado sobre cómo a algunas personas en otros lugares las maltratan (les hacen feo) por ser negras, oscuras o morenas (de piel, claro), incluso narra que en alguna ocasión un hombre intentó insultarla por el mero hecho de que ella fuese negra, despotricando contra todos y todas las negras habidas y por haber.

Pero lo paró, le dijo sus verdades, lo calló, y el hombre agresor, avergonzado, tuvo que huir (a mí no me va hacer menos cualquier pendejo); ella cuenta esta anécdota con orgullo: se le encienden los ojos.

Su esposo y sus hijos son morenos, su familia es morena (tiene 20 hermanos y un chingo de sobrinos, además de tíos, primos, etcétera), con algunas excepciones. Todo anda bien, no discriminamos ni nos discriminan, eso ocurre en otro lado.

La conversación deriva hacia su familia, sus tantos hermanos, sus pocos hijos, las ocupaciones de estos: los dos menores estudian, la mayor, de 27 años, es soltera y trabaja, se graduó en alguna institución de educación superior.

Entonces le pregunto qué sucedería si su hija se casara con un negro o moreno o prieto o de color oscuro…

Y vuelve a encenderse: que no, que su hija tan bonita y estudiada y exitosa no piensa casarse ni tiene programado o pensado casarse, incluso no tiene ni novio.

Pero ya está en un punto sin retorno: ¡Ni lo permita dios!

Es una mujer hermosa.

Ahora su sonrisa se descompone un poco: relata que la hija de un tío suyo, una hermosa entre las hermosas, se casó con un negro estadounidense, tan bonita ella, y que su padre no quiso ni siquiera que la familia de él viniera a la pedida de la novia, tampoco hubo ceremonia del perdón, ni siquiera hubo fiesta, se casaron por el civil nomás y ya.

No quedó muy claro, pero parece que la familia de ella ni fue a la boda (¿a qué, a pasar vergüenzas? ¡Ni lo permita dios!).

¡Que se casen así nomás!, dijo el padre, decepcionado, lastimado profundamente, aturdido todavía por no entender cómo su hija le había pagado tan mal, con ingratitud. ¡Casarse con un negro más negro que los negros más negros! Y eso que ellos le dieron lo mejor, le dieron estudios.

El novio y el padre tienen o tenían el mismo color de piel, y rasgos fenotípicos similares: cuculustes, labios gruesos, nariz chata. ¡No quiso ni verlo!

La mujer entrevistada insiste ahora que no era posible que niña tan hermosa quisiera casarse con un hombre tan feo, tan prieto, pero prieto demás, que ella echara a perder su vida con alguien así, habiendo tantos hombres… Ella, tan bonita.

¡Y los hijos, cómo no habían de salir!

No tengo más preguntas ni más comentarios que hacer.

La reportera tampoco puede entender bien a bien qué está pasando, menos aceptar que la mujer primero le haya dicho que no, que no existe discriminación, y que ahora le narre hechos de por sí discriminantes y que además se haya encendido al recordar como su prima echó a perder su vida con un negro igual que a elle, igual que a su familia, igual que a nosotros.

Intenta cuestionarla para que aquélla recapacite y ponga atención en sus palabras, pero no hay modo, no hay espacio: para la mujer esta visión de estos hechos es natural, o le parece, es justa, es correcta, es verdadera, es real.

Al inicio de la conversación la mujer la había dicho que ella se siente orgullosa de su color, de ser negra, de ser afromexicana (por usar una palabra que está de moda), de su raza. ¡Qué bonito color!

Medio en broma, medio en serio, la reportera le había expresado su deseo de encontrarse en San Nicolás, o en Cuaji, un hombre moreno y hermoso para sostener amoríos con él, y recibió como respuesta que le sería fácil encontrarlo, sobre todo por estar blanquita (aquí luego va a encontrar).

La mujer le enseña fotos de su familia, sobre todo de los muchos hermanos y sobrinos y primos que están en Estados Unidos: morenos, morenos, morenos, la mayoría son morenos, chicos y grandes, algunos más morenos que otros, muchos de los cuales se fueron y ya no han regresados, y otros que nacieron allá y ya no regresarán, que sólo saben de San Nicolás por teléfono, por pláticas, por alguna que otra noticia, por fotos, por videos.

Ella nunca quiso ir al norte como muchos de sus familiares, como muchos de su generación, se negó a ir a Estados Unidos, no había necesidad; se casó joven con un muchacho de San Nicolás también, trabajador como ella, y se han esforzado, se esfuerzan por sacar adelante a sus tres hijos.

Son personas generosas: le pide a la reportera que los visite con más tiempo para que conozca las fiestas y tradiciones de San Nicolás, le ofrece su casa para quedarse, le insiste un par de veces que debe venir a ver a la América, que no debe perderse la pelea de los apaches contra los gachupines, que en ningún otro lugar hacen la fiesta tan bonita como aquí.

Minutos después nos despedimos. Ha sido grato y hemos aprendido sobre ella y su visión del mundo, y ello también nos hace reflexionar sobre la nuestra, y sobre ello platicamos más tarde, cuando caminamos a la comisaría municipal a buscar a gente de la policía comunitaria.

El fotógrafo se quedó un tiempo más en casa de la mujer para hacer otras tomas, más pensadas, más detalladas, incluso para pedirle que le enseñe su patio, su lugar de trabajo, el lugar de su vida, su casa.

LA ALEGRE PELEA DE LA NOCHE TRISTE EN SAN NICOLÁS


A las doce del día 16 de septiembre inició la pelea entre los apaches y los gachupines (guachupines, dice la mayoría de la gente de San Nicolás, tal vez porque se ha asimilado la idea de los gachupines con la de los guachos, los soldados, creándose esta nueva palabra).

Inició a esa hora porque la doncella que encarnó a la América nació hace 15 años; por esta razón también se llama América y sus padres le cumplieron el anhelo de representar a la protagonista de esta fiesta popular (como también fue el deseo de su abuela) en la que se escenifica en las calles de San Nicolás la derrota de los españoles a cargo de los indígenas aztecas, la llamada noche triste.
Antes de esto, la caravana que formaban los carros alegóricos de la reina de España y la América y sus huestes (aztecas, apaches, las tres garantías; la dama de compañía, los chambelanes) desfilaron para sumarse al desfile mayor, que incluyó a algunas escuelas y hasta a una representación de la Policía Comunitaria.

Había muchas expectativas en el aire, desde hacía meses: que la pelea iba a ser encarnizada (es sentido figurado, claro) pues los guachupines habían acopiado unas 18 gruesas de cuetes y cuetones, como para durar 3 horas peleando; y la gente de la América había respondido que iban a ver, que estaban dispuestos casi casi a todo pero que ni un cuete le iba a pasar cerquita a la doncella y que llegaría sana y salva, la honra intacta, a la iglesia.

La pelea de este año fue más corta, fue rápida. Hay un motivo de fondo: siempre tiene que ganar la América y perder la reina, como nos enseñan que sucedió en la noche triste. Así el asunto, los guachupines nunca deben ganar, porque sería traicionar la historia nacional, nuestra historia como mexicanos; por eso, aunque puedan ganar, terminan perdiendo, y a veces eso los encabrona, como ahora.

Y esta vez perdieron, pero lo hicieron para seguir con el guión tradicional: al final, después de que sonó la campana para anunciar que la pelea debería terminar porque la América había entrado en la iglesia, los guachupines siguieran guerreando; y tuvieron que intervenir los policías comunitarios para parar la pelea, porque no hacían casi a las amonestaciones y las amenazas que les hacían en la bocina.
Uno que otro moreteado, uno que otro raspado, uno que otro con las ropas rasgadas, pero todos en paz, a pesar de que en ciertos momentos las pasiones amenazaban con desbordar a los guachupines y arrollar a los apaches; por fortuna, todo quedó en palabras, y al final, todos contentos, como amigos o no enemigos, sabedores que éste es un juego.

Tampoco la reina de España y la América escaparon a estas pasiones: estas niñas se hicieron señas groseras, se dijeron palabras ofensivas, se echaron miradas de puñal, se jalonearon y desgreñaron durante el acto de entrega de la corona de aquélla a ésta, y después todo siguió: América cortó las cadenas de la esclavitud, los apaches bailaron esos viejos sones de indios (como El pitorreal), y al final terminaron casi todos en la cancha, echando chelas mientras esperaban la barbacoa, y escuchando música arrecha.

La imagen que cierra esta historia es la de la América bailando con los guachupines; ellos haciéndole rueda; ella, bailando con ellos de a uno por uno, riendo, gozando, festejando que hace un chingo de años pelearon la independencia y la abolición de la esclavitud los indios aztecas o apaches y los guachupines de España, o tal vez que en algún momento la suerte se volteó y se hizo triste para estos, que perdieron una gran pelea en Popotla, la que en los libros de historia de los escolares se suele llamar la noche triste (aunque, viendo a los sannicolareños, debería llamarse la noche alegre).

[Eduardo Añorve]

domingo, 5 de julio de 2015

ENTREVISTA CON RAFAEL REBOLLAR, REALIZADOR DEL DOCUMENTAL “LA RAÍZ OLVIDADA. LA ESCLAVITUD EN MÉXICO”

 Rafael Rebollar (Internet)

El 4 de febrero del 2002, el Canal 22 transmitió al aire el documental “La raíz olvidada. La esclavitud en México” del realizador Rafael Rebollar, a quien entrevisto en su casa de Coyoacán en el D. F.

—¿El documental se refiere a...?
—El tema principal... pretende documentar la historia de la esclavitud en la Nueva España y, sobre todo, cuáles fueron las aportaciones de la población africana a la formación de la cultura y la nacionalidad mexicanas, ¿no? Cuáles fueron sus aportaciones culturales y económicas. Porque, finalmente, los africanos estuvieron por todo el país, incluso en el norte estuvieron trabajando en las minas, etcétera; no es como comúnmente se cree, que nada más en Veracruz y en Guerrero hay influencia cultural africana. En el siglo XVIII había más africanos que españoles en la ciudad de México. Entonces, se trata un poco de poner a consideración del público, de los espectadores...hacerles saber que la presencia de la población africana en México contribuyó de manera muy importante a la construcción de este país...

El 5 de diciembre del año pasado, en el Museo de la ciudad de México, el documental había sido presentado al público del Distrito Federal. En la invitación se anotaba que: “Este primer programa tratará el desarrollo de la esclavitud en la Nueva España. Se abordará el impacto de la presencia africana en la cultura, la sociedad y en la economía novohispana, y su integración durante los siglos XVI, XVII y XVIII”.

—¿Cómo se documentaron?
—Estuvimos trabajando en Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Puebla y en el Distrito Federal; hicimos una serie de entrevistas, nos apoyamos bastante con historiadores que están trabajando alrededor del tema, quienes aportan una serie de datos de tipo histórico. También vemos en acción a diferentes comunidades donde la huella cultural africana es muy clara.

La parte histórica está fundada en entrevistas hechas a estudiosos de la afromexicanidad en México, (como Gonzalo Aguirre Beltrán, Gabriel Moedano, Araceli Reynoso, María Elisa Vázquez, Adriana Noveda, entre otros) y en España (Javier Laviña).

—¿Alguna motivación particular de tu parte...?
—Yo me dedico a esto, hago documentales; he trabajado en México, fundamentalmente con comunidades indígenas; y tengo un especial interés por el trabajo con las comunidades, las poblaciones negras de México. Me interesa, básicamente, la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca; aunque también he trabajado algo en Veracruz, ya tengo un vínculo establecido con la Costa Chica, y quiero seguir trabajando sobre ello. De hecho, estoy preparando un documental sobre los tonos...
Me interesa el tema... me parece que es una historia poco conocida en México, yo creo es necesario que los mexicanos reconozcamos la aportación africana a nuestra cultura.

En 1992, Rebollar realizó el documental “Tercera raíz: danzas de la Costa Chica”, con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Los bailes y danzas abordados fueron: Los Diablos, del Quizá, Gro.; La danza de la conquista, de Cuajinicuilapa, Gro. (aunque en los subtítulos aparece como Tierra Colorada); Los apaches y La artesa, de San Nicolás, Gro.; El machomula y La tortuga, de Lo de Soto, Oax.; y Los tejorones y Son mixteco, de Pinotepa Nacional, Oax.

—¿Hay apoyo institucional? ¿Quién paga el documental?
—Son dos los documentales que he realizado sobre el tema; uno es éste, sobre la esclavitud en la Nueva España y la impronta cultural africana en México y otro es sobre una comunidad afromestiza que vive en Coahuila, que es la comunidad de los mascogos, quienes son descendientes de esclavos norteamericanos. Para la realización de estos dos documentales recibí el apoyo del Fonca y del Fideicomiso de Cultura México-Estados Unidos; el Canal 22 también participó como coproductor y algunos particulares como Alberto Castro, Yolanda Arizmendi y Fernando Valenzuela también metieron dinero; un canal norteamericano también hizo una aportación; y, bueno, el resto lo metí yo de mi bolsa. Ahora, lo que pretendemos es venderlo, recuperar los gastos hasta donde se pueda; de hecho, ya está en Estados Unidos en programa, está siendo distribuido allá, veremos que tal le va. La idea es recuperar para seguir produciendo.

—¿Cómo se difundirá?
—Aquí en México es el Canal 22 quien se va a encargar de difundirlo, porque ellos son coproductores. Estamos tratando de hacer venta directa al público, pero estamos analizando la opción. En el extranjero, estamos tratando de vender los derechos por su transmisión al aire, porque es la única manera de recuperar. Curiosamente, hay más interés en Estados Unidos que en México por el tema...

—¿A qué lo atribuyes?
—A que aquí en México, salvo el esfuerzo de un grupo de investigadores y de algunas gentes, la gente desconoce por completo esto, no lo considera importante. La versión de la historia oficial es que México es un país mestizo de indios y españoles; eso quién sabe qué signifique, pero, en todo caso es un modelo ideológico que ha sido promovido desde el Estado mexicano, desde el Estado del nacionalismo revolucionario: desde la revolución acá, los africanos no han existido. Entonces, en México, el trabajo de hacer documentales, de lo que sea, está subvalorado por completo; al margen de la opinión que mi trabajo merece, el trabajo de los documentalistas en México no tiene ningún valor, no hay mercado. Es mucho más factible pensar que se puedan recuperar gastos y tener mayor divulgación en el extranjero. La paradoja de México como país subdesarrollado que es, es que, muy probablemente, si llegamos a colocar estos materiales en Estados Unidos, entonces se va a divulgar de una manera masiva aquí mismo.

—¿Y el gobierno de Veracruz, de Guerrero, de Oaxaca...?
—Las instancias gubernamentales son dificilísimas, menos si no tienes el contacto. No les interesa; en términos generales, no les interesa, salvo excepciones de personas que sí apoyan este tipo de proyectos. A nivel institucional, creo que el gobierno de México apoya ciertas manifestaciones de este tipo por cumplir con una agenda que tiene que cumplir...

—¿Y el Canal 22...?
—El Canal 22 tiene presupuesto muy limitado; sin embargo es una ventana muy importante...

En el sitio web del Canal 22, la programación del documental se acompaña por el  texto siguiente: “Especiales del 22: La raíz olvidada. Veracruz es un estado que conserva muchas de las costumbres heredadas por los esclavos africanos que llegaron en el siglo XVII a raíz del mestizaje y del comercio propagados por los colonizadores españoles. Este programa rescata los principales aspectos de la influencia africana en la actualidad veracruzana”.

—¿Y la televisión abierta?
—Bueno, tal vez después de insistir un buen tiempo logro que se transmita, pero a cambio de nada. Y tampoco estoy dispuesto a trabajar de gratis para ellos. No, digamos que a la televisión abierta le interesan las telenovelas, los noticieros y los programas de entretenimiento supuestamente cómicos. La lógica de la televisión en México es hacer la mayor cantidad de dinero posible de la manera más fácil posible. La cultura no es negocio para ellos; el día que descubran que la cultura es negocio, le van a meter, pero por esa razón; son muy obtusos, no ven más allá de sus narices...
En Estados Unidos el esquema es básicamente igual que en México, pero es mucho más amplio. Hay una gran cantidad de sistema por cable; de allá nos llega un montón de documentales, incluso sobre México, pero producidos por extranjeros. Entonces, vemos que allá sí hay mucho público interesado en ver este tipo de materiales, pero sale más barato comprarlos en el extranjero que producirlos acá. En México no ha habido ningún funcionario, ni público ni privado, que tenga la visión necesaria para decir: “Vamos a producir y vamos a exportar lo que producimos”. Salvo en los casos de los partidos de futbol y de las telenovelas, México no exporta nada.

—¿En Estados Unidos quienes lo están exhibiendo?
—No, en Estados Unidos lo están vendiendo un par de distribuidoras, hacen venta directa a universidades, al público, tienen un catálogo... Son Archivos de video Latinamericano y Film for Humanity. Es una distribución limitada, pero es una manera de penetrar en ese mercado. A ver si en algún momento hay posibilidad de vender los derechos de transmisión al aire... Estamos haciendo el esfuerzo de distribuirlo...

—En el video, ¿hay alguna propuesta, conclusiones para el espectador?
—Que las conclusiones las saque el espectador; nosotros le damos una serie de elementos: aquí hubo población africana, que entregaron su trabajo y su vida por la construcción de este país, de muchas maneras; y quedan una serie de manifestaciones culturales que tienen ese origen y forman parte de nuestra cultura nacional. Así como tenemos elementos europeos e indígenas, también están los africanos; además, ¿por qué no decirlo?, de muchos otras culturas.

—¿Dónde has encontrado esas manifestaciones culturales africanas, sus huellas?
—En la música, en la danza, en los rituales, en ciertas creencias, en la medicina tradicional, en la gastronomía... En el video mostramos lo que es más evidente; a los investigadores les toca puntualizar lo demás. Seguramente, en todo el país hay muchos rasgos culturales africanos que tenemos y que ignoramos; en Veracruz, en Guerrero y en Oaxaca, es muy fácil encontrarlos, son más evidentes...

—¿El color de la piel?
—Sí, pero esa es la cuestión racial, el fenotipo biológico, ¿no? Pero puede haber personas blancas o rubias que tengan antepasados africanos.

—¿Eres afromexicano?
—Culturalmente hablando, por lo pronto, sí. Forma parte de mí, reconozco que es una parte de mi cultura personal.

—¿Mestizaje, negritud...? ¿Cuál es la concepción que está atrás del documental?
—Bueno, México es un país esencialmente mestizo...

—¿Indios y españoles? ¿Afromestizos, afromexicanos...?
—Allí hay una gran discusión. Una investigadora norteamericana me preguntó el nombre de mi proyecto; cuando le dije que era “Afroméxico” se molestó y me dijo que no estaba de acuerdo, porque para ella, quiere decir que había una alusión muy directa a África. Yo le contesté que la cultura de los mexicanos no era una cultura pura que viniese de un solo lugar; finalmente, aunque haya regiones, todos los mexicanos comemos maíz, chile y frijol; y  también los africanos, los indios, los españoles y los que me pongas aquí; y esos son rasgos culturales que compartimos; por supuesto que si mi padre es un alemán y yo como eso, yo participo de ese hecho cultural, soy mexicano. Entonces, si hay una gran cantidad de rasgos culturales que provienen de África, que influyeron en el desarrollo económico de la Colonia, todo eso me pertenece: uno se apropia de todo eso. Deberíamos hablar de un sincretismo cultural, pues. La gente mitifica: cuando habla de los indígenas, habla del conocimiento prehispánico; en realidad, los indígenas actuales tienen rasgos culturales prehispánicos, pero la mayor parte de esos rasgos son sincréticos; todos son católicos o evangélicos, no tienen una religión prehispánica. Se mezcla todo...

—Ser mexicanos es descender de indios y españoles...
—Esa es la versión oficial; el documental pretende plantear que existe la raíz africana...

—Es una crítica a la teoría del mestizaje....
—Claro, me parecer muy pueril y simplista decir que somos un mestizaje de indios y españoles. Los indios son muy diversos y los españoles también; no tiene nada que ver un tarahumara con un maya; y los españoles, en aquella época, un andaluz era más bien árabe y un gallego un celta, por decirte algo. Los españoles mismos provienen de un mestizaje intenso. Hablar de españoles e indios en general es un absurdo. Es un esquema ideológico que al sistema político mexicano le convenía para crear la sensación de nación, para fortalecerse como nación. En estos tiempos, subsiste, a nivel mundial, una intolerancia a la gente que es diferente a uno...

—¿Y en México...?
—Sí, por supuesto. Creo que en México hay racismo, pero...

—¿Crees o lo hay?
—No. Estoy seguro que hay...

—¿En el caso de los negros...?
—El caso más evidente... En México hay, según el gobierno, cuarenta millones de pobres; es decir que, en realidad, hay como setenta millones de pobres, de los cuales hay veinte o treinta en extrema pobreza, los diez millones de indígenas son los más jodidos todavía, y no es casual que así sea... Si eso no es producto del racismo, no sé de qué lo pueda ser...

—Con los indígenas es muy evidente, notoria. En el caso de los afromexicanos, ¿hay racismo?
—Sí. Históricamente fueron esclavos. Los frailes que protegían a los indígenas, Bartolomé de las Casas, Motolinía, y muchos otros de los que tenemos una imagen de humanistas, tenían a su servicio su docena de esclavos, ¿no? Ja, ja, ja...

—¿Y en la actualidad?
—Yo creo que existe una serie de estereotipos culturales respecto de los negros aquí en México. A mí me llama mucho la atención, por ejemplo, cuando platico con amigos mixtecos en la Costa Chica, cuando me platican: “No. Los negros son diferentes, los negros son flojos, los negros tienen mucho poder sexual”. A pesar de que también están en desventaja ante el sistema, tienen sus estereotipos culturales muy precisos y muy determinados acerca de cómo son los negros; y me llama mucho la atención porque esos prejui... ese tipo de nociones conducen a una forma de racismo...

—¿Y a nivel nacional?
—Esa, mas bien, es una pregunta que yo le haría al público, a ti mismo: ¿Tú crees que hay racismo en la Costa Chica hacia los negros?

—Cuando tú realizas un documental sobre negros que, además, tiene como antecedente el de la tercera raíz, de algún modo estás...
—Estamos empezando a hablar del tema; no importa que a nivel oficial no se haga. Ya hay un grupo de investigadores muy serio, con varios años trabajando en esto, y algunas instituciones de carácter cultural, se empieza a hacer una diferenciación de que hay regiones muy delimitadas en el país. Entonces, el documental, otros trabajos...

—En Oaxaca, la Constitución local reconoce a los afromexicanos como sujetos de derecho...
—En los censos oficiales, cuando se habla de grupos étnicos nunca se habla de afromestizos...

—¿No es racismo, discriminación...?
—Claro. Pero puede que sea racismo, pero pueda que no...

—¿No?
—Te voy a decir: Por ejemplo, el Instituto Nacional Indigenista es una institución que ha sido muy controvertida. Su existencia es un tanto racista. ¿Por qué no existe el Instituto Nacional de los Árabes, el Instituto Nacional de los Españoles, el Instituto Nacional de los Alemanes (hay una comunidad alemana acá)...? Es como si fueran poblaciones de especialitos: hay que darles asistencia, hay que ayudarlos... Los indígenas, los afromestizos y todos los mexicanos deberían guardar su especificidad cultural y estar integrados, al mismo tiempo, en el desarrollo del país. ¿Para qué hacer distinciones? Todos somos mexicanos.

En el documental, la voz narradora concluye con un mensaje exaltando el carácter mestizo de México. Curiosamente, en la transmisión hecha por el Canal 22, estas conclusiones desaparecen. Rebollar dice desconocer esta situación.

sábado, 14 de febrero de 2015

VICENTE, EL “BLANQUITO”

Para Betsy, quien parió uno (más otro: Áyax y Dante)



Parece que, a contrapelo de su voluntad, el héroe afromexicano don Vicente Guerrero ha podido franquear la frontera de “línea racial”, ha conseguido el anhelado, por muchos, pase de casta: de negro-mexicano a mestizo y de mestizo a blanquito —según se mira ahora en las estampas que lo retratan— para que presencie, mudo e impasible, las ceremonias patrias de septiembre: decolorado de piel, nariz afilada, los rizos alisados. De hablar ahora, criollizado, blanqueado, embellecido, ¿cecearía?

Paradójico destino de un hombre que se sabía negro y se asumió como tal; para muestra baste un dato: el 15 de septiembre de 1829, siendo presidente de la República, y en medio de muchas tribulaciones e intrigas políticas, don Vicente decretó abolida la esclavitud, “deseando señalar el aniversario de la independencia con un acto de justicia y de beneficencia nacional que reintegrase en los derechos á una parte desgraciada de los habitantes del país”, según interpretan y apuntan Enrique Olavaria y Ferrari y Juan de Dios Arias. Estos autores quedan cortos: la abolición de la esclavitud no sólo fue un acto hacia la masa de los excluidos, la mayoría del país, por quienes pudo realmente llegar a la presidencia; también hacía justicia a sus soldados cercanos, gente de su confianza, como Francisco Atilano Santamaría, Juan Bruno (a) “El Africano” y Juan del Carmen, vecinos los primeros de Cuajinicuilapa y el otro de Cuanachinicha —zona amuzga, a decir de los que se supone que conocen—. También se incluía el héroe en la casta de los infames por el color de la piel, por tener una gota de sangre africana, como condenaban los europeos: en 1830 se alborotaba a la negrada y a la indiada del sur —ahora estado de Guerrero— con el argumento de “que se quitó a Guerrero de Presidente por negro” y había que defenderlo. Negro.

Al paso de los siglos, la iconografía oficial reciente —imbuida, tal vez, de la ideología que condensa el errático José Vasconcelos apóstol del magisterio: “Los tipos bajos de la especie serán absorbidos por el tipo superior. De esta suerte podría redimirse, por ejemplo, el negro, y poco a poco, por extinción voluntaria, las estirpes más feas irán cediendo el paso a las más hermosas”— le ha quitado la mácula de la infamia, post mortem, como si le hiciese falta; de paso, lo han hermoseado. ¡Bendito San José Vasconcelos! En tiempos suyos, los de don Vicente, en los de la Colonia y aún en los nuestros, los post-modernos, el color de la piel ubica y jerarquiza a los individuos. Como si el sistema de castas, los estamentos que impedían o pretendían impedir el ejercicio de los derechos humanos, tuviera vigencia, ya no en las leyes escritas sino en las conductas prejuiciosas de los humanos, en los estereotipos sociales que rigen y ciñen esas conductas, en contrario con la moral.

Decretar abolida la esclavitud desde esa posición, en esa fecha, con esa investidura, es un hecho que no ha sido suficientemente valorado: fue darle una patada en el culo al sistema de castas, porque a pesar de que en esos años y en los cincuenta anteriores, cuando menos, ya no existía la esclavitud, sí pesaban sobre los afrodescendientes el estigma de infamia, la marginación por el color de la piel y los rasgos fenotípicos, la discriminación por incivilizados. Para mejor enterarnos de ello, veamos un ejemplo: en el Congreso de Puebla, en 1848, cuando se discutía si se aceptaba o no la formación de un nuevo estado, el de Guerrero, se argumentaba que “un pueblo recien conquistado por los bárbaros de la edad media no presentaria peor aspecto que estos paises en la actualidad. Todo lo que la miseria tiene de horrible: todo lo que la ignorancia tiene de abatido: todo en fin lo que en el abandono y destrucción tiene de mas espantoso, he aquí en compendio el departamento de Tlapa” [se respeta la ortografía original]. Aclaro que la actual Costa Chica pertenecía entonces al departamento de Tlapa. Además, seguían los sesudos diputados: “¿qué sociedad particular y privativa será dado formar entre sí á unas gentes que carecen aun de los primeros elementos de civilización, hallandose por decirlo así, sumidas en embrutecimiento y la barbarie? ¿Qué conocimientos tienen de los derechos y obligaciones que el pacto social impone y concede à los ciudadanos? ¿Que capacidad hay en ellos para ocupar los puestos públicos y desempeñar las altas funciones administrativas? ¿No será un escándalo ver compuestas sus asambleas por hombres rudos y groceros (sic), inútiles tal vez aún para dirigir por sí mismos los asuntos domésticos mas triviales? Objetos de risa y desprecio seràn sin duda, señor, esos representantes, cuando pretendan ejercer los difíciles cargos que les fueren confiados, no pudiendo sostener por sí una independencia propia, y luchando con los graves inconvenientes y peligros que el mando y el poder traen consigo”. Edificante, ¿no?

La estirpe magisterial en este país se ha encargado de diseminar y hacer germinar verdades no verdaderas, que se toman como tales pero no lo son; de entre ellas, una que despoja a don Vicente Guerrero de su condición de negro, de su filiación étnica, una circunstancia no circunstancial sino esencial en el guerrero y sus huestes. Incluso se perpetran representaciones conmemorativas de “La Independencia”, se hace desfilar a los “alucnos” —así lo dicen y repiten hasta la saciedad y hasta por altavoces o bocinas, alucnos por alumnos— y se ponen en escena carros alegóricos para ensalzar La Madre Patria y La América, maters doloridas de la nacionalidad mexicana, ignorando la de la tercera raíz, La Negra, La Africana, que es también la de don Vicente, quien de blanquito es retratado y seguro que si a la guerra va, se raja por la calor tan candente, o ésta lo quema tal que nos lo devuelve negro o prieto.