domingo, 3 de febrero de 2019

JUAN TAPIA, EL MÚSICO DE LOS DIABLOS


Cuajinicuilapa de Santa María, Gro.
Mayo de 2006



Don Juan tiene casi ochenta años, cuando menos eso recuerda. Llegó al Cerro de las Tablas cuando tenía quince, a la edad en que conoció mujer —según su decir—; a la misma edad probó el alcohol que embriaga. Vino de Ometepec, con su padrastro. Desde hace años es músico indispensable de los Diablos; toca la flauta o armónica. Es eje sobre el que gira y se sostiene el grupo de los Diablos, quienes tienen más de cuarenta años bailando por todo el país.

«Juan Tapia Morales, para servirte. Yo vine de Ometepec, y me quedé a vivir aquí. Me gustó mucho y ya no regresé. Me gusta estar alegre, por eso bebo y me gustan las mujeres. También me gusta la flauta. Aprendí a tocarla en Ometepec, me enseñó un muchacho que era mi amigo. Me compré una flauta, y tocábamos los dos, y él me decía cuando el son no me salía bien. Efraín Maceda se llamaba, hijo de Cira Cantú. Él me enseñó casi todos los sones que me sé. A veces me he robado uno que otro son». Y se ríe, don Juan, y le da un trago a su cerveza.

En los varios concursos de diablos organizados en Cuaji, nunca han ganado los diablos del Cerro de las Tablas, a pesar que su estilo es espectacular y el público los aprecia bien. En estos concursos, realizados durante el día de muertos generalmente, la rivalidad entre los Tetereques de Cuaji y los del Cerro siempre ha sido definida por los jueces a favor de los locales. En este pique, es parte importante la disputa entre los músicos de la flauta, don Juan y Santiago Morales.

«Él a mí no me gana; él no se sabe tantos sones como yo. Él siempre quiere pelear y demostrar que es bueno, pero yo no le hago caso. Una vez hasta le robé un son, en un ratito, y ni cuenta se dio. Cuando ya se dio cuenta, se quedó admirado porque yo me aprendí en un ratito, facilito, facilito. Y es que como a mí me ha gustado mucho la flauta, aprendí luego, luego. Es ése en el que ellos cantan: Zamora, me voy Zamora/ y ya no me vas a ver;/ no me despido de ti/ pues te vas a enternecer».

Don Juan es cabrón, mide bien a sus —digamos contraparte o compañeros músicos de otros grupos, y reconoce a quién lo supera o a quién le aprende algún son.

«Yo no canto eso [La Zamora], yo nomás toco la música. Para mí es fácil. También aprendí otros sones de un músico del [Cerro del ] Indio. Porque hace unos treinta años venían los diablos del Indio a bailar, y yo me aprendí un son. Ese músico sí era bueno, a ése sí lo respetaba yo. En Comaltepec también hay un músico, pero ése sí no sirve, a los Diablos no le gusta como toca, no se acoplan con él».

Dentro del repertorio de sones que interpreta don Juan están: Hurra cachucha, Pica, pica perica, Los enanos, Son de reculada, Son apareado o acarreado, Ya se van los diablos, El palomo, El Oaxacado, El Palomo y Son con la Minga. Con ayuda de Ñeco Zapata, uno de los diablos viejos, uno de los en cabeza, elaboramos la lista. No los recordamos todos, nos prometemos enlistarlos otro día. Entre tanto, le hago notar a don Juan que el músico de Cuaji se apellida como él, Morales, y que tal vez sean familia. Pero no lo acepta, y “se defiende”.

«No. Qué vamos a ser familia. Cuando menos no somos familia reconocida. Como sea, cada quien toca distinto. Y yo he andado por muchos lugares, he ido a muchos lados tocando para los Diablos: a Oaxaca, Chilpancingo, Acapulco [en el fuerte de San Diego], la ciudad de México [en el Centro Nacional de la Cultura y las Artes y en el Zócalo], por ejemplo. De todos los pueblos de por aquí ni digo nada, porque casi hemos ido a todos, Ometepec, Cuaji, Huehuetán, Juchitán, Ayutla, y más».

En efecto, desde que en 1980, el grupo de los Diablos del Cerro de las Tablas representó a México en el Festival del Caribe, organizado por FONAPAS, la UNAM y el INAH, a donde fueron invitados por el fallecido investigador Gabriel Moedano, han viajado constantemente para llevar una muestra de la cultura tradicional de la Costa Chica de Guerrero y de Oaxaca. Y a lugares como Ometepec, durante varios años, los Diablos de Cerro de las Tablas fueron a bailar por las calles, y eran acompañados y festejados, y recibían muchos regalos, aunque ellos preferían que les regalaran “botellas” de licor. [Meses después de realizada y publicada esta entrevista, iríamos al Museo de Antropología, como parte de las actividades de la xviii Feria del Libro de Antropología e Historia, en septiembre de 2006.]

«No me gustan las flautas de ahora, porque las voces vienen de plástico; antes eran de madera y así le sacas más armonía a la flauta. Antes hacían unas flautas marca Centenario; ésas sí eran buenas. Con una de ésas… así agarra uno la flauta con ganas y tocas bien, sin pretexto. Más si le invitan a uno una cervecita o una tequila o algún trago de lo que sea. Tú sabes, para entonarse. Como cuando fuimos a Acapulco, allí sí me gustó. Allí nos dieron cerveza, y al terminar bebimos y los muchachos bailaron con todas esas muchachas que andaban por ahí. Lástima que yo no bailo. Pero me hubiera gustado que me hubieran presentado a alguna de ellas. Peor esa güerota bonita de Ometepec, grandotota y bonita. Con ésa sí me hubiera madrigado». Y se ríe don Juan, y bebe, y beben Ñeco y los demás escuchas. La güera que le gustó a don Juan y con la que se madrigaría es Irma Aguirre.

En 1980, Gabriel Moedano grabó varios sones de los músicos de estos Diablos: don Juan Tapia en la armónica, Tenerino Morán en el bote y Feliciano Morán en la quijada. Esas grabaciones fueron incluidas en el LP “Soy el negro de la Costa… Música y poesía afromestiza de la Costa Chica”, producido por el INAH y CONACULTA. Los cerreños ni se enteraron de ello.

«Así es la cosa. Hay lugares donde a uno lo tratan bien, lo atienden, y eso da gusto, y dan ganas de seguir saliendo a cualquier lugar, sin que le paguen a uno. Tú me conoces, yo soy de gusto, nosotros somos de gusto, por eso lo hacemos. Siempre me acuerdo de mi difunta mujer, Nina Figueroa. Con ella comenzamos hace como cuarenta años a enseñarle a los chamacos el baile de los diablos, y uno no gana nada, es nomás el gusto. Yo tuve varios hijos, y ya vez, ninguno le entró a aprender a tocar la flauta. Tampoco ninguno de los muchachos [de los actuales Diablos] ha querido aprender a tocar. Pero yo le sigo, mientras pueda andar, yo voy a donde vayan todos, sobre todo ahora que hay muchos jóvenes y esos quieren andar saliendo. Si ellos dicen “vamos”, yo digo “vamos”, ni modo que me ande rajando. Mientras Dios me de vida, vamos a seguir con el gusto. Es como con las mujeres; tú sabes, ¿no? Así somos, nos gusta la mala vida, y ¿qué le vamos a hacer?».

jueves, 23 de agosto de 2018

Desinformación y manipulación de organizaciones en prueba de conteo de afromexicanos



11 de agosto de 2013
CUAJINICUILAPA, GRO.
EDUARDO AÑORVE
Desde la semana pasada y hasta la presente, una veintena de trabajadores del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) están realizando una prueba piloto en algunas comunidades y colonias del municipio de Cuajinicuilapa con miras al Conteo de población y vivienda 2015; en el cuestionario se incluye una pregunta relacionada con la pertinencia cultural de los costeños: si se consideran o no afromexicanos o descendientes del pueblo negro.
Esta cuestión ha llevado a varios grupos pro afromexicanos que procuran la inclusión de este pueblo en la Constitución mexicana a practicar un activismo político para conseguir que la población responda favorablemente a esos intereses, llegando a una abierta manipulación de la información que difunden, misma que muestra ignorancia de la historia y la cultura que dicen promover.
Por su parte, personal del INEGI asegura que su actuación en el municipio tiene objetivos meramente técnicos y alejados de la política.
Y entre la población del municipio, excepto entre los encuestados, el tema pasa desapercibido o se mira sin interés por no enterarse.

Confundiendo desde el principio

A fines del mes de julio pasado, la diputada federal por el Partido de la Revolución Democrática Teresa de Jesús Mojica Morga declaró que en agosto el INEGI iniciaría un censo a afromexicanos en Guerrero. Era el 24 de julio, en la cancha pública de San Nicolás, municipio de Cuajinicuilapa.
Y se siguió repitiendo en algunos medios informativos foráneos al municipio y al propio estado de Guerrero que, “en un hecho histórico”, el INEGI realizaría un censo de afromexicanos en el municipio de Cuajinicuilapa del 6 de agosto.
Ese “logro” se lo atribuyó la diputada Mojica Morga, a pesar de que esta iniciativa por contabilizar a los afrodescendientes de la Costa Chica de Guerrero y de Oaxaca y de otros estados del país, incluido el D. F., viene haciéndose desde hace años.
En un boletín de la bancada del PRD en la Cámara de Diputados federal, fechado en 5 de agosto de 2013, se lee: “La Comisión Permanente del Congreso de la Unión aprobó el punto de acuerdo propuesto por la diputada federal del PRD Teresa Mojica Morga, en el que se exhorta al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y a la Secretaría de Educación Pública (SEP) a incluir a la población afromexicana en el levantamiento de la información para el Censo de las Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial 2013”.
Años antes, en esa misma petición al INEGI habían participado instituciones como la Universidad Autónoma Nacional de México, a través del programa México, una Nación Multicultural, el Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación, además de organizaciones locales, como México Negro, A. C., África, A. C., Época, A. C., Costa Verde, A. C. y Movimiento Nacional Afromexicano, A. C.; es decir, es una iniciativa que viene de lejos y desde muchos actores políticos.
Ahora, la primera semana de agosto, activistas del recién nacido Colectivo Nacional Afromexicano (Conafro), encabezado por la diputada Mojica Morga, distribuyeron un documento tríptico en el que se preguntaba: “¿Sabías que el próximo mes de agosto el INEGI aplicará un censo poblacional en Cuajinicuilapa para contabilizar a todos los afromexicanos?”.
Y aunque comenzaron a fines del mes de julio sus labores de “información” y “sensibilización” de las poblaciones donde se aplicaría esta prueba piloto para conseguir una respuesta favorable a la causa, todavía en los días de aplicación del cuestionario se dedicaron a entregar documentos trípticos a la gente para que supiera ‘cómo responder’.
Incluso, en la local Radio Unisur se dedicaron varias horas al mismo propósito.

INEGI: trabajamos sólo aspectos técnicos, nada político ni que se le parezca

Por su parte, personal de INEGI, que inició sus trabajos el pasado martes 6 de agosto en el municipio de Cuajinicuilapa, hizo la precisión de que no se trataba de un censo sino de una prueba piloto en algunas comunidades y en la cabecera municipal, siendo en ésta en algunas colonias; es decir, la prueba piloto no se aplicaría a toda la población del municipio.
La información se está levantando en cuatro entidades del país: Sonora, en San Luis Río Colorado; Campeche, en Hopelchén; en la delegación Miguel Hidalgo del Distrito Federal; y en Cuajinicuilapa, estado de Guerrero.
El cuestionario de esta prueba piloto tiene preguntas relacionadas con el tema de los afromexicanos, entre otras preguntas que también son de interés del INEGI para ponerlas a prueba, las cuales se utilizarían en el Conteo de población y vivienda de 2015.
Las comunidades y lugares en las que la veintena de trabajadores eventuales de INEGI está aplicando el cuestionario son El Terrero, San Nicolás, El Cuije, Montecillos, algunos ranchos y algunas colonias y barrios de Cuajinicuilapa, donde supuestamente se concentran los afromexicanos.
En esta prueba piloto se incluye una pregunta para conocer la auto percepción ‘étnica’ de los cuijleños, preguntándoles si se consideran afromexicanos o no.
Y aunque reconocen que hay organizaciones, asociaciones e instituciones y autoridades “muy interesadas” en tener datos sobre la población afromexicana, el INEGI asegura que la relación con ellas es meramente institucional, como en otras ocasiones que las autoridades locales apoyan con proporcionarles un sitio para trabajar y algunos materiales.
Respecto del personal que se dedica a aplicar las encuestas, en el que se incluyen trabajadores del Ayuntamiento, la respuesta es contundente: “Todo el personal lo contrata el INEGI; si trabajaron antes en el Ayuntamiento, cumplieron con el perfil y están trabajando ahora para INEGI, con tiempo disponible, según el contrato”.
Y también enfatizan que el INEGI no interviene en cuestiones de política, se dedica meramente a realizar actividades técnicas; incluso, los propios datos que se generarán por esta prueba piloto serán analizados por sus instancias internas y los resultados serán manejados por ellos mismos, no habrá resultados abiertos, sino que se utilizarán sólo para la funcionalidad de las preguntas y temas afines.

Ignorancia e desinformación, a todas luces

La campaña de manipulación de la opinión de quienes serían incluidos en esta prueba piloto, denominada “sensibilización”, padeció de ignorancia de la historia y de insensibilidad, cuando, por ejemplo, se afirmaba por escrito y por la radio que los afromexicanos “son todos los mexicanos descendientes de los negros provenientes del continente africano que viven en comunidades y poblaciones como Cuajinicuilapa, Guerrero, pero también en los estados de Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Tabasco, Campeche, Coahuila, Sonora, Durango, entre otros”, como si estos individuos no hubiesen sido esclavizados y raptados de sus lugares de origen.
Es decir, una especie de “blanqueamiento” de la conciencia histórica, donde el crimen y el drama se expurgaran.
Luego, afirman que “el término de afromexicano fue definido después de numerosos foros donde organizaciones sociales, investigadores, activistas y organismos internacionales decidieron llamarse así para afirmar el origen de sus ancentros, pero al mismo tiempo la nacionalidad a la que pertenecen, la mexicana”, afirmación confusa y falsa, toda vez que el término en cuestión es anterior a la existencia de este movimiento, algunos de cuyos miembros se resistían a asumir el término en lugar de otro que preferían:  “negro”.
Sobre la elección de Cuajinicuilapa para realizar “el censo” se argumentaba que “Cuaji es considerada la capital de los afromexicanos y es uno de los municipios donde habita el mayor número de población negra”, información igualmente confusa y errónea: en principio, Cuajinicuilapa no es la capital de los afromexicanos ni es uno de los municipios con mayor número de “población negra”, mérito que tal vez deba corresponderle al de Acapulco, si fuera el caso.
También se incurre en el consabido error de equiparar un término territorial, “afromexicanos”, con otro ideológico, cuando se dice “población negra”.

Manipulación sin más ni más

Bajo el apartado de “¿Qué debo hacer cuando un encuestador de INEGI toque a mi puerta?”, el Conafro recomendó: “Si tú eres de origen afromexicano debes ser honesto y reconocerte como tal, ya que sólo así el gobierno sabrá cuántos son y donde viven”, como si quienes elaboraron esta información fuesen forasteros y no los propios activistas afromexicanos demandantes del reconocimiento constitucional.
Y como si fuesen un partido político, los políticos del Conafro prometían que a partir de “el censo” se resolverían los problemas económicos y sociales de los afromexicanos, aunque, de nuevo, ejerciendo esa manipulación desde fuera: “Sólo sabiendo cuántos son serán incluidos en las políticas públicas, acciones afirmativas y programas de ayuda gubernamentales, para tener acceso a mejor educación, servicios de salud, agua, luz, caminos, drenaje, apoyos en actividades productivas, financiamientos, atención especial a mujeres, jóvenes, tercera edad, otorgamiento de becas, apoyos directos, programas de capacitación, entre otros aspectos importantes para su desarrollo económico y social”.
Y enunciaban la pregunta central: “De acuerdo con su cultura e historia, ¿alguna de las personas de esta vivienda se considera descendiente del pueblo negro o afromexicano?”.
Y recalcaban: “...el Colectivo Nacional Afromexicano (Conafro) está integrado por organizaciones sociales, instituciones educativas, instancias gubernamentales, presidentes municipales, diputados locales y diputados federales trabajando en un frente común para que la identidad, historia y cultura de los afromexicanos sean reivindicados, que sean visibilizados por el Estado, que sus derechos humanos sean respetados y que sean reconocidos constitucionalmente como la tercera raíz cultural de nuestro país”.

La prueba piloto, ¿instrumento político?

Y aunque personal de INEGI negó que ese instituto actuara con normas que no fueran las meramente técnicas, sobre todo negando una actuación con intereses políticos, el hecho de que el subsecretario de Asuntos Afromexicanos del gobernador del estado Ángel Heladio Aguirre Rivero diera “el banderazo de salida”, la mañana del martes 6, a los encuestadores, pone en entredicho su supuesta imparcialidad.
También estuvo presente en ese acto inédito (en el sentido de que cuando menos en el municipio el INEGI nunca diera banderazo de salida o algo parecido) un regidor del Ayuntamiento de Cuajinicuilapa, miembro del Conafro.
Por otro lado, también estuvieron presentes personal al servicio del Ayuntamiento y estudiantes de la Unisur, organismo e institución interesados en una respuesta favorable a la pregunta sobre la pertinencia étnica de los cuijleños.
Entre todo ello, desde Radio Unisur se arenga a los escuchas: “La valentía, el honor, la arrechura, la sabrosura, son las características del verdadero y el auténtico afromexicano”, o: “No te doblegues ni te dañes a ti mismo: somos un territorio afromexicano”, o: “No te avergüences de ser negro. Cuajinicuilapa, Guerrero, patrimonio afromexicano”.
Claro que no todo mundo tiene aparato de radio en el municipio; tampoco todos quienes sí tienen escuchan esa estación.



lunes, 6 de agosto de 2018

EN 1854, SANTA MARÍA SE EXILIA DE LOS CUISLEÑOS



Que Vicente Guerrero, que los negros de la costa,
que otros como ellos se metan en esta empresa descabellada,
se comprende, no tienen nada qué perder,
pero que sujetos acomodados... se comprometan con riesgo de sus vidas,
eso sí es extraño.
Ignacio Manuel Altamirano


Mira muerte, no seas inhumana,
no vengas mañana, déjame vivir.
Canción “Clarín de campaña”


Otros negros, también establecidos en palenques y que no se concertaron con las autoridades coloniales, utilizan, asimismo, para organizar su vida, el modelo de república ideado por los españoles para la población india. Esto sucede especialmente en la costa del Pacífico, en donde los negros fugitivos no tienen problemas para defenderse con éxito de las expediciones punitivas de los colonos. Cuando el despotismo ilustrado se consolida en México, la situación marginal de las repúblicas negras es respetada y en ellas se reclutan los hombres que integran las milicias de Pardos y Morenos.

*   *   *   *   *

Los negros y los hombres de mezcla, mestizos y mulatos, alforrados y fugitivos, constituyen –después de los indios– el sector más numeroso al término de la Colonia. Es precisamente el logro simple de esa magnitud lo que en definitiva acaba con el sistema de castas, ya que no teniendo los hombres marginales una posición definida en el sistema, y siendo los más, faltaba al sistema lógicamente bases de sustentación.
Gonzalo Aguirre Beltrán


A la vejez, virgüela –habrá pensado Francisco Atilano al mirar la escolta de guancos que, sin su consentimiento, lo guarda de sí mismo. No es cuestión de ellos, sólo obedecen órdenes; decide ignorarlos, a los ignorantes. Prefiere acomodar sus aperos para sembrar y aprovechar la mañana, antes de que el sol se caliente. Ahora que ha obtenido permiso de residencia para ser vecino de Oaxaca, para vivir en su casa de Cortijos con el destino manifiesto de estar en paz con los hombres, tiene que vivir vigilado porque los del Supremo Gobierno temen que su espíritu levantisco, legado de los negros cimarrones, lo haga desandar la vejez y regresar, jinete, armado con hombres y armas, y pelear por recomponer las desviaciones –una más, qué importa: ¿Qué le hace la jícara al mar?– de la revolución de los años idos, la verdadera, la del pueblo, con el amigo Vicente Guerrero como jefe y caudillo; sólo que esta vez al lado de otro de sus amigos, Juan Álvarez, y de Florencio Villarreal, desde Ayutla, contra el cabrón de Santana, quien regresó al país a malgobernar, a querer imponer su capricho como si él fuera el Supremo Gobierno.
Pero ya está lejos de toda esa boruca; lo que lo ocupa ahora es sembrar unos palitos de zopilote para dar sombra a su solar y, con el tiempo, madera de buena sangre y preciosa a alguno de sus hijos o sus nietos o a cualquiera que le aproveche. El General Luis de Noriega, Prefecto y Comandante Principal del Departamento de Ometepec, ha dado su consentimiento para que Santa María cambie de vecindad; a cambio lo sujeta a vigilancia, lo esclaviza a soportar la presencia de unos chocos que ni saben de verdad quién es él; él, que siempre ha sido negro libre, americano legítimo, criollo nativo de Quajinicuilapa, donde desde hace mucho antes de que naciera todos eran libres, dueños de su casa, su hogaza y su pedorraza, sin necesidad de pelear contra nadie para serlo, dueños de dos o tres vaquitas, pudiendo hacer su tlacolole o chagüe en el lugar que les acomode para sembrar algodón, maíz, chile, frijol, tabaco, ejote, calabaza, sandía, ajonjolín, a condición de venderle la cosecha de algodón y de que sus vacas coman el rastrojo de las milpas cosechadas; abundar gallinas, totoles y cuches; cazar conejo, iguana, cucucha, pichiche, cusuco, venado o pescar cuatete, sacamiche, blanquillos, alaguate, mojarra, chacalín o endoco; andar de peón, arriero o vaquero o en cualquier otro menester, sea trabajando el algodón en la hacienda o acarreando en carreta de bueyes el algodón para llevarlo a la Barra de Tecoanapa y embarcarlo con rumbo a Acapulco; y fachoseando en días de fiesta con sus trapos nuevos, pantalones largos y anchos y sombreros de lana, los hombres; sus nagüas largas, anchas y floreadas y sus cadenas y pulseras de oro, las mujeres.
Los de la guardia se aburren viéndolo metido en sí mismo mientras trata que el espeque agujeree lo suficiente para que el suelo guarde las raíces. Él tiene su maña: ha hecho que el chiquitillo que lo acompaña eche agua en cada pozo, y deja que penetre y ablande la tierra colorada y como de piedra, en tanto se ocupa de otro.
Anoche, apenas bajada la luna de lo alto del cielo, el charrear del tecolote lo despertó sin siquiera imaginarse que la pájara de pico torcido lo había emitido, pues apenas le queda la insistencia del canto que lo ha acompañado todo el día, como lo han hoy acompañado los recuerdos viejos removidos por el sueño de anoche, soñado de madrugada, luego de reconquistado el sueño: Había fandango en Cuisla, y el chimisco animador de la fiesta era servido en abundantes jícaras para fortalecer la jácara y el jolgorio de los prietos champurrados; y los pasadobles, chilenas, sones y corridos valseados a surgir del bajo sexto, la guitarra, la caja y el violín, y las voces de los músicos a surgir como serpenteando desde sus bocas hasta los oídos de los presentes, haciéndolos vibrar con su ritmo, dándoles ocasión para reír y gritar; y el taloneo de las parejas a resecar la a propósito humedecida tierra para evitar las molestias del polvo, en tanto los elegantes cuerpos erguidos se deslizan con cadencia a placer; y a calentar el agua o endulzarla con miel para la garganta de los cantantes y verseros; allí, como cusucos en la cusuquera, como iguanos en el iguanal, él y Juan se enfrascaron en pícaro torneo, en disputa de versos, donde la imaginación y el ingenio prestos despicaban para ofender y ganar al rival y complacer a los escuchas, impresionar a las negras y chingar al otro, como lo hizo al fin, Competían para ver quién tenía mejor montura, y él, con su caballo albo corto, demostraba cómo se manda a una bestia, al punto de hacerla pararse de manos y acercarse a una mesa a beber agua de una jícara sin tirar nada de agua, parado el animal sólo en sus patas traseras; o, machete en mano, se aprestaban a enfrentarse... Hasta que tuvo conciencia de que soñaba, y despertó.
Hay buena luna para sembrar; a ella se acoge. Sus movimientos son lentos: ha hecho montoncitos de arcilla al lado de cada pozo y deja que el agua haga lo suyo antes de seguir; va hacia el bule y toma un largo trago de agua, como si la sed fuera mayor.
Pero no, con el Teniente Coronel Juan Bruno siempre tuvo buena amistad; las disputas con él sólo fueron de palabras, como en julio de 1830, siendo Jefe del Batallón Activo de Ometepec y teniendo el encargo de vigilar toda la Costa Chica, cuando tuvo que emplear la paciencia completa para quitarle muchas pendejadas de la cabeza y hacerle entender a ese negro fiero que la revuelta no era para ir a pelear la España, ni que los blancos hubieran quitado al presidente Guerrero por ser negro, ni pretendían acabar con los indios y negros; ni menos que se tratara de matar gachupines por matarlos –él no odiaba a los españoles, menos a los gachupines de agua dulce que conocía en el pueblo de Ometepec, de los que apreciaba su dedicación al trabajo, aunque los despreciaba un poco por su tozudo propósito de ser españoles auténticos, siempre buscando ser considerados y tenidos por blancos, resaltando su religiosidad y su ‘sangre limpia’, por la posición de privilegio que ello traía; admiraba a españoles como el General Joaquín Rea, que alguna vez fue su comandante, porque era un hombre generoso y emprendedor, cuyo capital invertía en sembrar algodón y criar ganado, dando trabajo y preocupado por el progreso de las personas y los pueblos, ayudando a quienes lo necesitaran sin cobrar nada a cambio.
Luego, ya completa la partida con los hombres de las Estancias de Quajinicuilapa, San Nicolás y Maldonado, el día 25, urdieron el modo de hacer creer a los hombres del Supremo Gobierno que él no participaría por su voluntad en la revolución para devolver a Vicente Guerrero a la Presidencia de la República; por lo que permaneció prisionero –según lo idearon– en Cuisla, en tanto Juan y una brosa de más de mil hombres a su mando (la mayoría, machetero) ponían sitio a Cortijos el día 29, y derrotaban sin disparar ni un tiro ni amellar ningún machete, a punta de palabras y boruca, a los gobiernistas comandados por el Teniente Coronel Juan Nepomuceno Olvera, jefe de las fuerzas de Tehuantepec, que iba en auxilio de Nicolás Bravo, capturándoles cantidad de machetes, 200 armas de fuego, parque y dinero, y convenciendo a la tropa a cambiarse de bando. Luego de su hazaña, Bruno se fue a la revolución con Guerrero y Juan Álvarez; él prefirió quedarse porque no quería complicaciones ni dejar lo suyo, sabiendo que desde allí también podría poner algo para el triunfo; como quiera, ya habría momento para que se sumara.
Cuando el Supremo Gobierno pidió cuentas de su participación en el asunto, dijo, en carta del 27 de agosto de 1830:

... le pongo ésta para decirle un pormenor de cómo ha sido toda esta revolución. Los señores Generales Armijo y Berdejo me oficiaron para que les mandara cien hombres, lo que verifiqué, y un día antes de que salieran les fui yo mismo a pasar lista, y con toda tropelía entró el Teniente Coronel Don Juan Bruno aconsejando a la tropa que no convenía el ir a morir por los gachupines, y así ‘viva el señor Guerrero’. Para esto ya tenía conquistado a las dos estancias de San Nicolás y Maldonado que se nos echaron encima con sus machetes, y yo tuve a bien el chisparme y venirme a mi casa, y dar cuenta al Juez de 1ª Instancia y al Comandante. Esto fue el día 25 y el 28 traté de que restablecieran el gobierno pronunciándome, y me acompañaron 200 hombres hasta lograr correr a los de San Nicolás, pero el resto de la noche se fueron a reunir con Bruno, de modo que sola quedó esta estancia. De este hecho fue la causa que me pusieron preso, y se fueron a poner el sitio a Cortijos, y el día que lo ganaron vinieron por mí a donde me tenían preso con 40 hombres de custodia, y me hicieron Comandante de un firmón, pues es delito que por ahora me compaña. ¿Pero qué quería usted que hiciera?, pues de lo contrario me hubiera costado la vida, y todavía no la tengo muy segura... están muy resueltos con el número de mil hombres que tienen entre todas las estancias...

Pero no le creyeron; y en septiembre, el Gobierno buscó a su tío Francisco Estévez, Diputado al H. Congreso Local de Oaxaca, para presionarlo y conminarlo a abandonar sus actividades subversivas. Ya antes, a comienzos de año, había sido aprendido y hecho preso en Oaxaca por reunir gente del Departamento de Ometepec a favor de Vicente Guerrero, y puesto en libertad en abril al no comprobársele la acusación de guerrillero subversivo. Ahora no, en esta ocasión se presentó ante el Teniente Coronel Eligio Ruelas, Comandante de la División de Operaciones Sobre la Costa Chica de Oaxaca, para someterse a las órdenes de los hombres del Supremo Gobierno.
Así ha vivido su vida, ajustándose a los hechos que se le imponían y que poco podía hacer para mudar: fue realista en 1816, a las órdenes de Juan Bautista Miota; en 1818 militó en las filas de los insurgentes americanos; se levantó en defensa de Guerrero cuando lo obligaron a dejar la Presidencia y hasta su muerte –la que, en compañía de Juan Álvarez, quiso evitar–; en 1831 fue indultado directamente por el Vicepresidente Bustamante, y se sumó al Gobierno de la Costa Chica, con la obligación de perseguir a Bruno; en 1833 ofreció sus servicios al Presidente Santa Anna y combatió en la zona a los simpatizadores del General Mariano Arista; al lado de los Generales José Antonio Reguera y Joaquín Rea, en apoyo al Plan de Fueros y Religiones, en 1844; en 1845, por órdenes del General Rea, juntó gente para apoyar al Presidente José Joaquín de Herrera; cuando el General Rea era hostilizado por Juan Álvarez, en 1846, volvió a la guerra; en 1850, cuando llegó a Ayutla en auxilio del Comandante Principal de la Costa Chica, Señor Carlos Tejada, quien se encontraba en el lugar con el Gobernador del Estado, Juan Álvarez, con el fin de investigar el asesinato de Joaquín Rea...
Del lado de unos y, luego, del de los otros, no por voluble o acomodaticio, por quedar bien con Dios y con el Diablo, sino porque aprendió que la verdad no cambia, pero sí los hechos y los modos de los hombres, sobre todo cuando tienen el poder; sino porque es fiel a sí mismo y no a las ideas de otros, y serlo consigo es la manera más honesta de serlo con los demás. Y su verdad es su tierra, su ganado, sus caballos. Si hay algo que lo ha comprometido con todos ellos es la amistad; y se ha obligado a ser hombre de palabra con todos y fiel con quien admira y a quien respeta, sobre todo si es honesto y valiente. Cree en el trabajo, en la propiedad y en el orden, es enemigo de la anarquía; quiere paz y tranquilidad, mas ve que todo lo hacen mal y no le queda más remedio que entrar a componer las cosas, a hacerlas él mismo, a pesar de que sólo se complique. De 1835 a 1844 se alejó de la vida pública y de los asuntos de la política para dedicarse a los suyos, a su trabajo y a sí mismo. Ahora es lo mismo, aunque esta vez está solo, sólo se acompaña a él mismo; y los vigías que le han puesto, pero ellos no importan. Ha terminado de plantar; sonríe, a gusto con lo hecho.
Se dirige al río, sus pasos son calmos bajo el sol que apenas quiere encumbrarse. Corre el año de 1854 y ha cumplido 62 años e ignora que su muerte lo ha alcanzado; aunque ignorarla es el mejor modo de tenerla presente, a la despreocupada, la que vive al acecho de todos y por ello ni conviene desvivirse por siquiera asomarse a verla, menos dedicarle tiempo y pensamientos. Cuando murió su animal creyó, más que nunca, que pronto moriría; pero nada de eso pasó, sólo eran creencias: el cuero curtido del tigre le sirvió para tapar la cama y, de esa manera, siguieron siendo compañeros. Durante muchos años, la idea de tener animal le ayudó a mostrar valentía y seguridad en sus actos y en las cosas de su vida, en lo fácil y en lo difícil; como cuando tuvo que enfrentarse, de nuevo, al rebelde y temido guerrillero Juan Bruno, alias El Africano, para convencerlo de que se indultara y se agregara al Supremo Gobierno, buscando la calma de la Costa Chica. Y lo logró: en el fondo Juan era un alma de cántaro que le entró a la revolución más por el gusto de las armas y los balazos que por ideas que no entendía bien; de guapo lo hizo, más que de inteligente. Tal vez fue sencillo convertirlo en hombre de orden y trabajo porque ya estaba cansado de andar a salto de bestia, malcomiendo totopo y plátano y alguna que otra alimaña y yerbas, sin bailar ni enamorar a alguna negra, y ni un tasajo de carne asada que le recordara su tierra.
La paz permite el fandango y la borrachera, aunque de ahí se deriven riñas y muertes; y no hay costeño que se niegue a estar alegre, cuando menos ninguno de Cuisla. Trabajar no es lo suyo, menos progresar: son buenos para problemáticos, para pleitistos; él lo ha vivido en carne propia: no por nada, ya siendo Coronel de Caballería Activa, dejó la Presidencia Municipal, en la que duró apenas un año, para ir a refugiarse a su casa de Cortijos –que con esa chingadera de los límites quedó del lado de Oaxaca, cosa que nunca le ha parecido: ¿Cómo quiere el Gobierno que seamos dos estados distintos si la Costa Chica es una sola y nada puede dividirla? La gente nunca va a decir: “Soy de Guerrero”, “Soy de Oaxaca”; uno dice: “Soy costeño” y ya–. De poco le valió haber dado sus terrenos para que, el 1 de abril de hacen dos años, se constituyera el Municipio de Cuajinicuilapa, formado por el pueblo del mismo nombre –elevado a ese rango y al de Cabecera Municipal el mismo día–, las Estancias de Maldonado y San Nicolás y el Rancho de Santiago, ya independientes de Ometepec al fin. Pero gobernar a esos negros era como acostarse en una cama llena de chinches; allá ellos, los pobrecitos, que se estén en su hormiguero, que sigan chingándose entre ellos mismos, que se peleen por “¿qué me ves?”, que maten por afrentados, que las familias se acaben por la honra. Tienen sus propias leyes, que es la del arma, la del valor, la de la amistad, que los hace ser más fieles que perra iguanera... pero que nos los ofendan, porque entonces se vuelven animales a los que ciega el coraje y no se detienen ante nada ni ante nadie. Fiesta y armas es lo único que quieren, y robar lo ajeno, lo que no han trabajado, sean mujeres o vacas, carne siempre quieren: como si todo les perteneciera; trabajan apenas para comer y para el lujo de las fachoseras.
El gusto de saber añidido su apellido al de su pueblo no se lo quita nadie, aunque pocos lo sepan y se le olvide a la gente. A fin de cuentas, todos vamos hacia el olvido, y nadie tiene su mapa comprado. Nunca ha esperado el agradecimiento de alguien para actuar; hace las cosas por cuenta propia, porque así lo quiere y se siente a gusto consigo. De su nobleza que hablen los demás, hombres como Don Vicente Guerrero y Juan Álvarez: El primero le tenía tanta confianza que le expidió nombramiento de Comandante Principal de la Costa Chica y le escribió una carta exponiéndole los motivos que había para combatir al gobierno emanado del Plan de Jalapa –documentos que nunca llegaría a leer porque todavía los cargaba el General en el momento de ser capturado por gobierno impostor, luego de la traición de Picaluga pagada por Bustamente; ya muerto Don Vicente, supo de ellos y volvió a llorar, como en el momento en que tuvo noticia de su fusilamiento, para ya no volver a llorar nunca más, que lágrimas no son adorno en los hombres–. El otro influyó para que se constituyera el Municipio de Cuajinicuilapa y que llevara su apellido, en pago de los muchos esfuerzos y luchas que hizo durante su vida a favor de su lugar de nacimiento y de sus habitantes.
A orillas del río corta una hoja de yucucata, busca la sombra, la coloca en la playa y se sienta: mira cómo corre el agua, la misma agua de siempre. Antes, siendo joven, lo seducía estar frente al mar, quedarse horas y horas viendo cómo los tumbos se sucedían, pausados y violentos, estallando su espuma, hasta sentir su cuerpo moverse desde dentro de la misma cadencia, sin tener pensamientos, sólo la mirada emperrada en esa agua estancada que parece viva de un modo distinto a la que contempla en el río, cuya agua viene a veces limpia y lenta, a veces rápida y turbia, como la vida, como su vida, ahora a cargo de una escolta de guamucheros que le impide acudir a Ayutla donde, armas en mano, seguramente cantan los guerrilleros:

¡Qué bonita guacamaya,
azul, amarilla y verde
que peleó contra Santa Anna!
Chatita,
mi gallito nunca pierde.
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lunes, 4 de diciembre de 2017

Pa’ ser músico se requiere gracia

Entrevista con el músico Pedro Jesús Hernández López
Eduardo Añorve
Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.
20 de octubre de 2015
[Hace unos días falleció este músico cuileño. Se publica este texto, en su memoria.]



Jesús Hernández López fue músico de una banda durante 23 años, desde mediados de los años 50 del siglo pasado hasta un poco antes de concluir la década de los 70. Quería tocar el saxofón y terminó tocando la batería, por falta de dinero para comprarlo, así que la gente lo llamó y lo llama como Jesú’ ‘Batería’. Tocó con La Alondra Costeña danzones y cumbias. Y ahorró: con lo que ganaba como músico fue comprando ganado, y ahora vive de sus animales, dice. También asegura que para ser músico no sólo se requiere aprender, se requiere nacer con eso, se precisa tener gracia también. Tocó con varias orquestas, incluidos los famosos Magallones. En el corredor de su casa, en el antiguo Barrio del Gato, este músico criollo nos platica cosas de su vida y su obra.

–Su nombre es Jesús...
–Me conocen de Jesú’, pero mi verdadero nombre es Pedro Jesú’ Hernánde’ Lópe’.

–Criollo de Cuaji...
–Sí.

–¿Cuántos años tiene?
–No, yo ya ‘stoy viejo que la chingada... no te lo imagina’...

–Debe andar por los ochenta, ¿no?
–Ya los ando acompletando. Me falta, para cumplí’ los ochenta... ahora en este julio que viene, el 29 de julio acompleto los ochenta.

–¿Y va a haber fiesta?
–No, qué fiesta, yo ya no... te voy a decir la pura verda’... yo ya no aspiro, de fiesta, yo, mi dedicación es a cuidar mis animale’, la’mor es mij'animale’.

–Usté fue músico, ¿qué instrumento tocaba?
–No, a mí no me gusta decir mentira. Yo estudié el método porque a mí me gustó mucho el sarsojón, pero en esos tiempos, cuando terminé el método, mi papá se abrió: agarró otra mujer y los abandonó. Entonces, me dijo el maestro que los ‘taba enseñando el método: ‘Mira, a ti te veo voluntariamente que tú... te nace de músico, pero el estrumento no hay quien te lo compre. Vamo’ hacele lucha a la batería’. Así que yo me dediqué a tocá la batería...

–¿Era muy caro el saxofón?
–N’ombre. En ese tiempo no valía ni 4 mil pesos.

–¿Cuántos años tenía en ese tiempo?
–Unos 16 años.

–Aprendió aquí; ¿y quién era el maestro?
–Mira, a mí me enseñó el dejunto Israel Ventura; luego, despué’, llegó un maestro que se llamaba ‘Chucho’, de México, y ese los acabó de enseñá’. Porque no nomás de agarrá’ la batería, debes aprendé’ el compás, es lo precisante. Va.

–¿Y con qué grupos tocó?
–No, mira, no fue un grupo, fue una orquesta que quizá la haigas oído mentá’, se llamaba La Alondra Costeña.

–Sí, la oí tocar...
–Ah, bueno. Yo, de mi parte, duré 23 años pero con Sabino, pero cuando me invitaba mi pariente Criserio, el de acá, de Llano Grande La Banda, me iba yo con ellos, cuando no teníamos chamba aquí; o si no con los de acá de Guajintepé; si no, con los esto’ canijo’ de... Los Magallone’.

–¿Tocó con Los Magallones? Ellos se hicieron muy famosos, ¿no?
–Ándele. No, esos cabrone’ se dieron a resoná, es cierto... y todos los de mi grupo se murieron ya, ‘l’único que estoy vivo, yo, y Ifraín Flore’, pero Ifraín Flore’ no la hizo. En su cara se lo dijo un maestro: ‘Hay hombres que les nace de ser músico’, pero no tienen gracia; pero eso quiere gracia…’.

–También fue baterista Alfredo...
–Alfredo Colón, nomá’ que Alfredo se hizo egoísto con el dejunto Sabino, se apartó...

–Ya no quiso tocar con él...
–Ya no.


–¿Y qué canciones tocaban?
–Mira, puro’ danzone’... danzone’ y cumbia’, pero allí mandaban ello’ a pedí allá, a México, a la Casa Blanca, y ya venían escrita’...

–Las partituras...
–Exactamente...

–¿Leían notas?
–No.

–¿Quién de ellos leía?
–Este... ¿cómo se llamaba, hombre? José... no me acuerdo de qué José... porque había tres trompetista’: éste de aquí, que era Sabino; luego, uno de Guajintepé; y otro de acá, de... Sinforiano, se llamaba, pero este canijo era de Guaxaca...

–Los tres eran de fuera...
–Sí, nada más que supieron congeniá con uno, y por eso tardaron mucho tiempo aquí.

–De aquí era usté, ¿y quién más?
–Éramo’ siete, siete canijo’. Era yo, el de la batería; luego, el menta’o Sinforiano, que tocaba la trompeta; luego, un canijo de aquí, de El Terrero también, que tocaba la trompeta... así que éramo’ siete canijo’...

–¿Se acuerda de algún nombre de canción de las que tocaban?
–Ya ni me acuerdo, hermano, ya no me acuerdo...

–¿Y por qué dejó la música?
–Mira, te voy a decí’ la pura verdá’: a mí me fastidiaron los desvelo’, ¿sí? Lo único que tardé, fueron 23 año’, y yo se los dije claro: ‘Hasta aquí los acompaño, mano…’.

–¿Cuántos años tenía en ese tiempo?
–No me acuerdo, porque yo, ahorita, voy a cumplí’ en julio los ochenta... sí, pero, gracias a dios, mira, de lo que hice fui comprando mi’ becerrita’, y de eso me mantengo ahorita. Cuando salí de músico, allí yo trabajé mucho tiempo con el ara’o y con mi caballo; antonce’ no había líquido’, se chingaba uno con su caballo y su ara’o, va... Yo sembré cinco hectárea’, un año, de puro ajonjolí, y de allí me repuse; también sembré maí’ y frijol y chile...

–No se los bebió...
–Nooooo...

–Ya ve que el músico tiene esa fama...
–No, no hermanito, yo fui músico pero no fui borracho, ¿no? He oído yo esa palabra: ‘Borracho, parece músico’, dice. Le digo... a vece’ ‘toy cerca... le digo: ‘Te equivoca’, yo fui músico 23 año’ y yo no soy borracho, ni asinita no se me antoja la cerveza…’.

–La rubia que todos quieren...
–Antonce’ llegó la Superior, era la juamosa...

–¿Y en qué pueblos tocaron?
–¡N’ombre, nosotro’ dimos vuelta! Llegamos a tocá’ hasta Chiapa’... tocamo’ en todo’ esto’ territorio’...

–Otra fama que le achacan a los músicos es que agarran mujeres...
–De a chingo’. Esa suerte tiene el músico, de las mujere’, sí, pero es una tontera porque tu dinero lo echa’ a perdé’, ahí lo invierte’ en las mujere’. No, yo no fui tonto, hermano, yo, de lo que hice, es lo que ‘toy aprovechando, de ahí me estoy manteniendo ahorita, de mi’ vaca’.

–¿Y bailaba?
–No, la bailada no me gustó, mira, nunca me gustó, me gustaba está’ mirando.

–¿No conseguía novia bailando?
–No, yo conseguía novia pero no de músico, aparte, aparte. ¡No! El músico tiene la facilidá’ en la mano pa’ conseguí’ mujer. Es bonito sabé’ aprovechá’ lo que hace’ en tu juventú’; ya, de viejo, nomás lo está’ aprovechando... y cuidarlo, lo que hiciste’.

–¿Tuvo hijos?
–No, nunca tuve hijo’, tal vez dios nunca me dio hijo’.

–Y nunca se le hizo tocar el saxofón...
–No, ya me achoqué... era el mismo desvelo, sí.

–¿Y la batería, dónde quedó?
–Como era de madera, en esta casa que está ahí, ahí se chingó, guardada, le cayó el comején, y cuando... un tiempo la moví, se apachacó. La tarola sí, porque ésa... es el vaso de jierro... ahí la tengo todavía; también el cencerro, ahí está todavía... Sí, hombre, es una cosa bonita eso de aprendé’ de músico, nada más que en ese tiempo que yo anduve se ganaba barato.

–¿Y cuánto se ganaba?
–N’ombre, ‘taba baratísimo... 30 peso’ por tiempo, a cada individuo. Despué’ le subió el maestro, ya ganábamo’ 100 peso’ por tiempo. Si tocábamo’ noche y día, eran 200. Ya despué’ le aumentó... llegamo’ a ganá’ mil 500 cada cabrón. Que cuando salí, ya ganábamo’ 2 mil 500; en la última temporada que di, fuimos a tocar a Corralero, en un casamiento...

–Tocaban también en velorios, ¿no?
–Sí, nada más que en los velorio’, pura marcha’, pura marcha’...

–Ya ve que últimamente tocan de todo, en los velorios...
–‘orita sí, ‘orita ya no se oye como un velorio, parece que es fiesta. Sí, hermano, es una cosa bonita eso de andá’ de músico... mi papá fue músico también... [Se ríe]

–Eso de ser músico, ¿se nace?
–Ya se trae de nacencia, pa’ eso hay que tené’ gracia... ya te ‘bía dicho.