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sábado, 23 de octubre de 2010

ISMAEL AÑORVE, MAESTRO TROBADOR DE CUAJINICUILAPA


Thomas Stanford

En 1962 volví a la Costa Chica, seis años después de mi primera incursión en Oaxaca, para recorrer la parte guerrerense. En 1956-1957 había investigado en la parte oaxaqueña, y vuelto ahí en 1961 para completar notas cuando preparaba mi artículo Datos sobre la música y danzas de Jamiltepec, Oaxaca[1]; y ahora me tocaba indagar respecto a la música de la parte guerrerense. En febrero llegué a Cuajinicuilapa, recorriendo la región en mi Chevrolet 1947 (con carrocería bien alta), y desde Ometepec me habían referido con "un rico ganadero" para mi estancia en ese pueblo -éste era Ismael Añorve-. Desde luego me quedé contento cuando supe que era músico, ¡pero poco me imaginaba de qué clase! Me hospedé en su casa, misma que no tenía pretensiones especiales. Don Ismael vivía solo, y no supe ni de familiares, esposa ni amante. Era ganadero, pero no vi que se fuera a inspeccionar su ganado: parecía que todo lo administraba desde su casa mediante mozos que le llegaban a reportar con cierta frecuencia.

Me platicó que pasaba la mayor parte del año en su casa -por lo que observé, entre su hamaca, con guitarra en mano, y la mesa con tapa esmaltada (con lema de alguna cervecería) donde había un juego permanente de dominó-. En algunas de las grabaciones que capté con él se escucha el sonido de las fichas cuando sus compañeros de juego las azotaban sobre la tapa esmaltada, ya que el juego no se paraba cuando Ismael pasaba a su hamaca. Me decía que cuando se aburría de la rutina ahí en su finca, se pasaba a la ciudad de México, para allí repasar todos los teatros de revista; y que, cuando ya no quedaba más por ver, se volvía a su hamaca y la mesa del dominó en la Costa. Estuve más de una semana con él, cada día grabando algo de su repertorio. No encontré a otros informantes en el pueblo, creo, en parte, porque él no quería que yo me mezclara con los lugareños por preocupaciones respecto a mi seguridad.

Hay que reflexionar que yo estaba hospedado en la casa de un cacique -y yo no tengo noticias respecto a las relaciones que él guardaba con sus vecinos-. Mostró preocupaciones por mi seguridad, como las siguientes anécdotas revelarán. Era mi primera noche en el pueblo, y se oscurecía afuera en la calle frente a su casa. Me decía, en el momento que pasaba por la puerta una chamaquita:

-No se vaya a salir de la puerta de esta casa después de que anochezca-.

Y se apuntó hacia la niña que llegaba (creo que para comprar unas cerillas, si me acuerdo bien).

-Ella no tiene que preocuparse. Ella tiene su "seguro de vida" con sus parientes en casa. ¡Pero usted no tiene a nadie! ¡No vaya usted a salir de la puerta de esta casa cuando esté oscuro afuera!

Desde luego se refería a que los parientes de la chamaquita responderían por ella en caso de algún problema.

Segunda anécdota

Al terminar mi investigación en Cuajinicuilapa había pensado en pasarme a un pueblo frente a este hacia la costa: Tapaextla [sic], en donde se me habían indicado que vivía un arpero. Don Ismael me proporcionó a uno de sus mozos para indicarme el camino. Llegado al pueblo, encontré en donde hospedarme; y el mozo volvió a pie a "Cuaji". Pero mientras que estuve trabajando en Tapaextla, sin que yo lo supiera hubo un encontrón entre dos gavillas en la cuadrilla de San Nicolás de Tolentino, con un saldo de muchos muertos. Habiendo terminado mis investigaciones en Tapaextla, tomé el camino de vuelta hacia Cuaji, y me topé a medio camino con el mismo mozo que me había llevado al pueblo. Éste me hizo parada, y le subí al coche mientras me explicaba lo sucedido en San Nicolás. Me indicó que don Ismael le había mandado a buscarme para asegurar que nada me hubiera pasado. De vuelta en Cuaji, todo mundo andaba armado, por lo menos con machete. Había armas que posiblemente fechaban de la Colonia: escopetas de pedernal, etcétera. Abandoné el pueblo enseguida: ¿Patitas para cuándo son?

Los "peligros" de la Costa

Como decía, don Ismael se preocupaba por mi seguridad en la región; y, en vista de lo que había sucedido, tenía causa. Un comerciante ambulante que tenía muchos años vendiendo por la Costa Chica desde antes de que hubiera transporte vehicular, me platicó que nunca había encontrado a gente mala en la Costa. Decía que el único peligro de que se percataba, andando la región durante muchos años, había sido de encontrarse de por medio cuando los costeños ventilaran sus problemas particulares. Pero yo he andado en la Costa Chica durante un total de más de seis meses sin encontrarme en una situación peligrosa. Pero el último pueblo que trabajé en la Costa en 1962 fue Cruz Grande; y a unas dos semanas de haberme vuelto a la capital, apareció en la prensa local una nota respecto a una balacera en Cruz Grande, con saldo de varios muertos (siete, creo). Había sabido de un pleito entre dos familias allí, mismo que partió del rapto de una señorita de una de las familias por un joven de la otra - ¡y esto desde antes de la Revolución!- Reconocí el apellido de una de las familias en la nota, y pude darme cuenta que aparentemente algunos de los muertos no eran miembros de las familias en pugna.

También, unos meses más tarde -en octubre de 1962-, bajé de Jamiltepec, Oaxaca, con la intención de dirigirme a La Boquilla del río Verde, como se conoce una cuadrilla hacia la costa. Conseguí el préstamo de un caballo para la mayor parte del camino; y su dueño me acompañó para enseñarme el camino. Me dejó casualmente a la altura de un charco, donde hay una ranchería llamada, precisamente, El Charco. Con mi bolsa de lona sobre un hombro, y una grabadora sobre el otro, me arrancaba rumbo a La Boquilla cuando un lugareño me acosó con la pregunta:

-¿Hacia dónde se dirige usted?.

Le respondí: -Hacia La boquilla-. A esto me advirtió:

-¡No me iría ahí ahorita! ¡Amaneció una balacera!

Como consecuencia de esta aseveración, no llegué a ese destino. Me quedé a grabar con los Nolasco en El Charco, y también pude hacer lo mismo con un famoso coplero en Piedra Ancha, una ranchería vecina: Juan Bracamontes, cuyas noticias había tenido en Tapaextla, Guerrero. Después de Cuaji, me pasé a Huehuetán, y luego a Cruz Grande para terminar esa temporada de grabaciones en el mes de abril.

El repertorio de Ismael

El repertorio de Ismael es bastante singular. Ismael Hernández, a quien conocí en Xochis- tlahuaca en 1963, estando él en el empleo de Recursos Hidráulicos del gobierno federal, y pude grabar con él un variado repertorio de chilenas y corridos, e incluso el Corrido de Adán y Eva. Éste me dijo que había aprendido el corrido con Ismael Añorve, y que este último había rescatado la letra de una hoja suelta y que la acomodó a una melodía que ya era de su repertorio. Así, después de haber realizado todas mis grabaciones con Ismael Añorve, llegó a mi conocimiento que por lo menos una parte de su repertorio ha de haber derivado de hojas sueltas de principios del siglo XX. Parecería que esto explicaría la naturaleza del repertorio que consideramos. No explicó, sin embargo, de dónde procedería su estilo guitarrístico, mismo que conforma bastante bien a lo que creo entender del estilo musical de principios de ese siglo, porque, a fin de cuentas, nadie conoce de primera mano el estilo vernáculo de tocar la guitarra de aquel entonces.

Me parece que su fuerte de Ismael es el corrido, aunque con algunas reservas. La primera es con respecto a sus tempí. Los músicos menos eruditos del repertorio, desde el estado de Morelos hasta la Costa Chica, por lo general adoptan un tiempo flexible, empezando algo lento -bastante lento, si se trata de lo que podría caracterizarse de "tragedia"-, tiempo que va en aumento, especialmente hacia el clímax de la trama, con un rítardando hacia la cadencia final. Ismael adopta un tiempo constante. El tiempo flexible posiblemente tiene antecedentes en la música prehispánica, y en la actualidad uno encuentra este rasgo hasta en la organización de las fiestas jarochas, huastecas, de la región del Río Verde potosina, y yucatecas, entre otras. Los macehualíztl -Ias fiestas multitudinosas de los aztecas de tiempos anteriores a la conquista- se describen en estos términos en las crónicas del siglo XVI. Creo que, a pesar de ser campesino (aún cuando cacique), Ismael debe considerarse erudito.

Otro elemento que llama la atención en todo su repertorio es la forma de amalgamar el requinteo con la función de acompañamiento. Este rasgo es raro entre los guitarristas mexicanos -no me acuerdo de haberlo encontrado por otro lado-. En esto, la técnica de Ismael en su guitarra es muy respetable. También es de comentarse la afinación y encordadura de la guitarra: Quisiera poder ser más explícito a este respecto, pero tengo que admitir que, en la época en que trabajé con él, no tenía la sofisticación necesaria para tomar en cuenta este elemento. La encordadura, sin embargo, es especial, y la afinación de la guitarra más grave que lo normal. Qué tan grave apreciaremos mejor en la canción habanera que escucharemos en un momento. Debe hacerse notar respecto a su hermosa voz de barítono, misma que fue comprometida en algunas de mis grabaciones por los resabios de un catarro. Confirma todo lo dicho anteriormente el hecho que era objeto de visita en su casa en Cuajinicuilapa de los hermanos Ramírez -Agustín, Indalecio y Vidal-, por igual que de Álvaro Carrillo. (Este dato lo tengo de sus familiares.). Es extraño que, con la fama que disfrutaba entre músicos tan connotados, no haya dejado ninguna obra musical como memoria para la posterioridad.

Algunas de mis grabaciones con Ismael

Juan Rodríguez Chanito fue jefe de armas del pueblo de San Nicolás, con el apoyo del gobierno federal y estatal en un periodo que no se indica en el texto del corrido. Es un tanto fuera de lo común, este corrido, en cuanto que éste no fue contrario del gobierno constituido, y acaso esto sea indicio de que se tratara de un héroe post revolucionario. No dispongo de datos respecto a este valiente más allá de los que aporta la letra del presente corrido. El acompañamiento de los versos, aquí, va en las consabidas "chúntatas", de las cuales se conserva presencia hasta en las entradas e intermedios instrumentales con un pulso marcado. Estos son un rasgo francés de la primera mitad del siglo XIX, e ignoro cómo es que llegó a ser un elemento asociado con el corrido moderno, al igual que con el acompañamiento que, propiamente, sería "el corrido". No están presentes los giros ascendiente y luego descen- diente, tan comunes entre los demás corridistas de la Costa -un rasgo conservado de las jácaras del siglo XVI-.

Es curioso que Ismael empleara aquí la misma entrada que escuchamos en el Corrido de Juan Rodríguez Chanito, pero existe en realidad un repertorio de tales entradas que no son especí- ficas de ninguna canción ni de corrido en particular. Su fuerte de don Ismael no es la chilena, pero me grabó ésta, y parte de otra. Como es el caso en general con la chilena, hay un deleite por los dobles sentidos de ribetes sexuales, pero que parece particularmente marcado con él. En esta canción, en ritmo de pasodoble, el enamorado pide a un portero que lleve un mensaje de amor a la señorita objeto de su afecto. Y, aparentemente al protestar el portero que por qué a él le correspondería el hacerlo, responde:

Pero, mi amigo,

yo mucho la quiero,

por ella me muero,

no más por su amor.

He grabado acaso tan sólo unas seis canciones habaneras durante 50 años recorriendo la República, y ésta es un ejemplo señalado. Como es su costumbre, Ismael mantiene el acompañamiento con el ritmo característico del género implacablemente, aún cuando requintea -lo que me parece una verdadera hazaña técnica-. El compás lo ejecuta con la flexibilidad debida -cosa que otros intérpretes de este repertorio no entienden-. En el requisito 2x4, prolonga el primer tiempo, y acorta el segundo, en un genuino tiempo rubato, a la manera de repertorios del Alto Romanticismo. Hay en el ejemplo una corta sección de tres compases de 3x4; secciones en compases diversos son características entre los ejemplos del género registrados en el siglo XIX[2].

El arte de Ismael Añorve

En fin, creo que queda en claro la maestría de Ismael Añorve, una maestría que parecería casi académica. ¿Quién sabe de dónde derivan estos conocimientos: si los investigó formalmente, si conoció a otros maestros de parecidos dotes, si adquirió el estilo de músicos de generaciones de principios del siglo pasado -y si estos fueron provenientes de la Capital, o del mismo rumbo de la Costa Chica-? No pido disculpas por los ruidos extraños en las grabaciones: no hubiera logrado éstas de haber insistido en buscar un lugar más "ascéptico", acústicamente, para obtenerlas. Me parece que este maestro es de los más pulidos y originales con los cuales me he topado en todos mis años de investigación.



1. Otra vez en compás de 3x4, pero aquí es menos marcado. Es un hermoso ejemplo de canción en esdrújula del tipo tan popular hacia principios del siglo XX. La esdrújula es rebuscada, como suele ser el caso en estas cancio- nes, hasta valiéndole del invento de palabras tales como "ignavido", que seguramente deriva de "ignavia", pereza.

[2]. Véanse, por ejemplo, las ediciones facsimilares de La Historia Cantante (1878-1879) y de La Historia Danzante (1873-1874) publicadas en 1961 y 1960, respectivamente.

lunes, 28 de septiembre de 2009

T. Stanford en El Faro, charla antes de comerse un coconaco

THOMAS STANFORD DISERTA SOBRE ISMAEL AÑORVE, MÚSICO TROBADOR DE CUAJINICUILAPA

(septiembre de 2006)

Thomas Stanford es uno de los estudiosos más meticulosos y puntuales del son mexicano, y del corrido; sus investigaciones son piedra fundamental de una serie de estudios posteriores que ponen de manifiesto la diversidad de la música popular mexicana y la importancia de las culturas regionales o locales. Su labor ha enriquecido los fondos musicales del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), del Instituto Nacional Indigenista (INI), de la Dirección General de Culturas Populares y de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

En un homenaje que realizó el INAH el año pasado, Marina Alonso Bolaños, investigadora de la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia, señaló que "Stanford se ubica como parte de una generación crítica que buscó abandonar los viejos postulados de la música mexicana, para romper sin duda con los estudios de corte decimonónico. Los momentos sociales de la ejecución musical observados por él lo llevaron a determinar la manera en que se relaciona la manifestación identitaria: el sonido es el sustento y a la vez expresión de un pueblo”.

En la visión de Stanford, la tradición española tiene un peso importante en la música popular mexicana; además, Stanford postula que “las relaciones culturales entre los diversos grupos socioculturales que han convivido en México deben ser entendidas en términos de una interrelación constante”. En consecuencia: “Los caminos de estas expresiones no van en un sólo sentido, sino siempre en ambos. Es decir, que si las culturas dominantes han influido en la vida de los grupos dominados, estos últimos han hecho lo propio en las costumbres de los primeros”. En este sentido, la aportación de Stanford puede condensarse en una idea: la conceptualización de la música popular mexicana; es decir, “la posibilidad de construir conocimiento acerca de ello”, en palabras de Alonso Bolaños.

En septiembre de 2006, Stanford dio una conferencia en Cuajinicuilapa sobre el músico Ismael Añorve, cuya obra ha trascendido los límites regionales, siendo estudiada incluso en cursos sobre música popular mexicana en universidades estadunidenses y grabada por el INAH y por musicólogos como Eduardo Llerenas. Ismael Añorve fue, además, maestro de músicos de la Costa Chica y su presencia es tan vívida que en diversos festivales de la costa oaxaqueña se continúan cantando sus canciones.

La primera vez

Es la segunda vez que estoy en Cuajinicuilapa. La primera fue en 1962, hace cuarenta años, y hasta ahora he vuelto aquí, por una segunda vez. Lo digo casi con pena, porque mi suegro era de San Nicolás. Cuando yo vine aquí en 62 tenía la intención de llegar a San Nicolás, nada más que hubo un encontrón entre dos gavillas, con un saldo, según me acuerdo, de 17 muertos. Todo mundo andaba armado aquí. El que menos tenía, tenía machete. Y yo decidí abandonar la región, nunca llegué, nunca he llegado a San Nicolás. Tengo referencias de San Nicolás desde casa y desde Tixtla, Guerrero, y desde varias partes, pero hasta ahora no he llegado. Mi suegro era Florentino Hernández Cisneros, un sargento del ejército mexicanos, domador de caballos.

El contacto con Ismael Añorve

Cuando llegué aquí, había tenido referencias ya, por parte de los hermanos Vargas de Ometepec, de Moisés y Juvenal Vargas; ellos me mencionaron a don Ismael, y como era mi costumbre en aquellas fechas, siempre llegaba a los pueblos con cartas de presentación, y en Ometepec pedí una carta para llegar aquí, a Cuajinicuilapa, una carta para las autoridades, y la presidencia me recomendó con Ismael también. Y yo estaba, pues, entusiasmado pues sabía que Ismael era músico de cierto renombre. Estuve en su casa aproximadamente diez días. Fue una estancia un tanto limitada. Don Ismael no quería que saliera yo de la puerta de su casa de noche. Me acuerdo que estaba atardeciendo mi primera noche aquí, y don Ismael me dijo: “No salga usted de la puerta de esta casa, de noche”. En ese momento llegaba una niña, tal vez de ocho o nueve años de edad, de diez años de edad, y él la señaló con el dedo y me dijo: “¿Ya ve usted a esa niña? Ella tiene su seguro de vida en casa. Si alguien quiere hacerle algo a ella, tiene a sus parientes que le respondan, pero usted no tiene a nadie, no salga de la puerta de esta casa de noche”. Así que, durante mi estancia aquí, no trabajé con otros músicos más que con Ismael.

Durante su conferencia, Stanford reprodujo varias canciones que él grabó a Ismael Añorve, en 1962, y después de cada una de las piezas hizo comentarios sobre ellas.

No vuelvo a amar

¿Dónde han escuchado este bolero con este estilo? Aparte de que don Ismael, con una interpretación impecable, no se equivoca nunca ni una sola nota, se está acompañando y requinteando a la misma vez. No he encontrado otro guitarrista, en cincuenta años de andanza en la República, que hiciera esto. Salen algunas armonías un poco raras, hay notas adicionadas, pero que no son disonantes, contribuyen, me parece, al efecto total. Está tocando este bolero como si fuera una canción habanera, y yo no tengo idea de dónde aprendió Ismael a tocar en estilo de habanera. Yo, en mis andanzas en la República, he grabado tal vez una media docena o un poco más de canciones habaneras, pero dos grabé con Ismael. ¿Cuál es la diferencia? Son más lentas estas canciones habaneras que el bolero común, tienen un compás que los músicos de conservatorio llamamos tempo rubato, que es un tempo muy lento y muy flexible, se detiene y se adelanta cada rato el compás. Y, cosa que casi nunca se comenta respecto a los repertorios románticos, es el contenido de la letra, porque el son es sobre amor. Yo pienso que, a la mejor, la razón por la que el son ha sobrevivido desde la edad media en Europa, es porque es un rito de paso, un rito de fertilidad. “Que las muchachas… no estoy engreído con ninguna en particular, que se formen aquí por este lado, que pase la primera, no hay ningún engreimiento con ninguna en particular”. Pero en estas canciones románticas, se cantan los sufrimientos del amor, la que se fue, puñalada en el pecho, cosas por el estilo, un estilo que podríamos caracterizar como lúgubre, ¿no? Un estilo tristezón.

Tus desprecios

Acompañamiento de canción habanera. Hay hasta una sopa de dominó en esa grabación. No me fue posible lograr que se parara ese juego que había en la puerta de su casa. Don Ismael, por lo que vi, pasaba la vida, y eso me platicó él mismo, que pasaba su vida entre su hamaca en el primer cuarto dentro de su casa y la mesa de dominó en la puerta de la casa. Y ese juego no se paraba durante todo el día, solamente de noche se paraba, y en la mayoría de las grabaciones que hice con él hay ruido de ese juego, que era sobre una mesa de corona o de coca-cola o alguna marca refresquera, tal vez, que era de esmalte sobre metal. Así que, los jugadores azotaban sus fichas sobre esa cubierta y ese es el sonido que se escucha en las grabaciones.

Negra, ¿dónde están los lazos?

Grabé con don Ismael nada más una chilena, Negra ¿dónde están los lazos? El nombre creo que lo puse yo, pues, cuando no había otro nombre… Porque en aquellas fechas había un repertorio de melodías y un repertorio de coplas, y las coplas que se ponían con la melodía del no eran de asociación fija con la melodía, así que lo mejor que podía yo hacer, por lo general, en estos casos era, cuando no me daban nombre de chilena, era poner la primera línea de la primera copla como nombre, que es el caso aquí.

Creo que su estilo de don Ismael no es lo mejor para la chilena. Creo que el acompañamiento es un poco pesado para chilena. Es, por lo menos, una percepción mía. Y don Ismael no quiso tocar más chilenas que ésta y otra que él cantó una copla y otro compañero cantó las demás coplas; algo desafinado, el compañero; así que no utilizo esa grabación. La copla sobre el caballo [Mi caballo se cansó,/ no le compraré una vara./ Como anoche no cenó,/ cada noche se me para.] es muy característica del humor de don Ismael, y por la misma vena tengo un corrido, que es el Corrido de las tres cuadrillas. Desde luego, esas tres cuadrillas existen aquí, están a la orilla del mar, como dice el corrido. Este es el tenor del humor de don Ismael, que quede así expuesto con esos dos ejemplos. Lo que creo que es su mero fuerte es el corrido, y tengo otros corridos de él, uno que es, por lo que me platican, bastante conocido por aquí, pero creo que la versión de don Ismael es diferente a la que está corriendo por aquí por la región, es el Corrido de don Juan Rodríguez Chanito.

Corrido de don Juan Rodríguez Chanito

Es una tragedia este corrido, y el compás lento que emplea don Ismael señala lo mismo, pero no canta los corridos como los corridistas más tradicionales, como los de estirpe zapatista, que generalmente empiezan lento y dicen que es una tragedia, y luego aumentan el compás, y luego al final, casi siempre, el corrido termina con varias coplas, en un compás lento. Don Ismael mantiene el compás durante todo el corrido. ¿Dónde aprendía estas cosas? La única referencia que tengo yo… No me acuerdo que don Ismael me haya dicho que tenía una colección de hojas sueltas de principios del siglo pasado, pero… conocí a Ismael Hernández, que era un músico de dotes considerables, creo que nativo de Ometepec; lo conocí como empleado de Recursos Hidráulicos en el pueblo de Xochistlahuaca, en el año de 83, y Ismael Hernández me cantó el Corrido de Adán y Eva y me dijo que la versión que cantaba era de don Ismael Añorve, y que don Ismael había aprendido la letra de una hoja suelta y había puesto una melodía que ya conocía a la letra para hacer el arreglo que Ismael Hernández me grabó. No grabé ese corrido con Ismael Añorve y, hasta ahora, no encuentro a nadie que se acuerde de haber escuchado ese corrido con don Ismael Añorve tampoco.

Otras canciones

Para terminar quisiera dos canciones, probablemente aprendidas de publicaciones del siglo XIX, se me hace. Hubo revistas publicadas en el siglo XIX que venían con letra y música, generalmente arreglos para piano, y el estilo, por ejemplo, de las dos canciones habaneras que escuchamos es más o menos lo que ha de haber sido el estilo del siglo XIX. Refiero esto porque, por lo general, esas canciones habaneras tenían una sección en otro compás, a la mitad de la canción, y ambas de éstas que escuchamos, No vuelvo a amar tiene una sección en modo mayor y tiene el compás más constante, y Tus desprecios tiene esos tres compases en tres tiempos, que son más rápidos esos compases que los demás de la canción.

Tengo que grabé con él dos canciones más que no son habaneras; la primera de éstas es He venido con júbilo ignávido. Esta es, creo, la canción esdrújula con más esdrújulas por minuto que ninguna que he grabado. Casi todas las líneas de la copla de la canción tienen dos esdrújulas. “Ignávido” es una palabra inventada, porque la palabra que existe es “ignavia”, que quiere decir pereza; así que, júbilo ignávido ha de ser un júbilo flojo, júbilo poco jubiloso. Tiene una entrada que también usa para corridos. Es una costumbre común de los corridistas usar las mismas entradas para los corridos y las canciones. Otra canción, El portero, la escena improbable del portero llevando un mensaje de amor a la amada que está en la planta alta del edificio.

Dudo que se hayan aburrido con tan hermosa música. Tengo la aspiración de que estas grabaciones se editen en un disco comercial; tal vez tengamos la suerte de ver estas grabaciones en un disco comercial.

Al final de la conferencia, Stanford regaló a los organizadores una copia en disco compacto de diez de las grabaciones que hiciera a Ismael Añorve con el propósito de que fuera difundida entre la población, de modo gratuito, para acrecentar el conocimiento de la obra de este músico, de quien se sabe era visitado por Álvaro Carrillo y Óscar Chávez, entre otros.

Algunos asistentes a la conferencia hicieron preguntas a Stanford sobre algunos temas de la cultura local; sus respuestas, polémicas algunas, no se hicieron esperar.

El origen de la chilena

Cuando vine a la región encontré un estilo de acompañar las chilenas que se le decía huapango, y yo grabé chilenas que me decían que eran huapangos; también había huapangos que no eran chilenas; había un repertorio reducido. Ya sabemos, gracias a la investigación de Moisés Ochoa Campos, embajador de México en Chile durante varios años, quien publicó un libro que se llama La chilena guerrerense; él pudo documentarlo, resolvió definitivamente cómo es que llegó la chilena a México: llegó con una armada, mandada de Sudamérica, al mando del almirante O’Giggins de Chile, en apoyo a la guerra de independencia de México. Llegó esa armada al puerto de Acapulco en el momento cuando había llegado la noticia, en 1821, de la independencia lograda de la República Mexicana y había celebraciones callejeras en el puerto, a las cuales se sumaron los marineros chilenos, bailando lógicamente lo que sabían bailar, la cueca chilena. Y ésta es, al parecer, la primera vez que la chilena pisó tierras mexicanas. Y éste es, hasta donde sabemos, a estas alturas, el origen de la chilena en México.

Bailando y tocando chilenas

¿Cómo es que se debe bailar la chilena y cómo es que se debe tocar la chilena? Pues, varía de pueblo en pueblo. Yo me acuerdo que en mi primer trabajo de campo en la Costa Chica de Oaxaca, que un músico decía que en Huaspaltepec tocaban la orquesta la chilena de otra manera del estilo de Jamiltepec. Y le pregunté: “¿Y cuál es la diferencia, maestro?”. Y se lo pensó un momento y me dijo: “Pues, es que en Jamiltepec, al bailar damos vuelta a la mano izquierda y en Huaspaltepec a la mano derecha”. Y un músico de conservatorio diría que esto no tiene nada que ver con música, esa definición de chilena. La verdad es que, mundialmente, la música es un ghestald, es parte de un contexto total, es decir, que la música no es nada más el sonido. Yo [no] me canso de decir a mis alumnos “la música no es nada más sonidos en los aires”. Yo creo que el antropólogo puede decir más que el músico de conservatorio, la mera verdad. Porque la música es un todo, es el contexto, es la forma de bailar, la forma de vestir, los instrumentos empleados, su construcción, la encordadura. La música es muchas cosas. ¿Cómo se debe bailar la chilena? No me atrevería a decirlo hoy, y creo que nadie debe tratar de dictaminar cómo debe ser.

La herencia africana, una más

No he recorrido todo lo que hay por recorrer. He pasado cincuenta años recorriendo unos cuatrocientos pueblos, no sé cuántos. He investigado en veinte estados y entre veintitrés etnias, y queda mucho por hacer. Yo tengo problemas con los planteamientos que yo escucho sobre la negritud en México. Yo creo que debemos estar conscientes de que los negros llegaron con los españoles de España, que los moros eran negros y que el asunto es mucho más complicado de lo que creo que muchos han planteado. Yo estoy enteramente en desacuerdo con la investigación de Aguirre Beltrán, quien, según estoy informado, ni siquiera pisó estas tierras cuando escribió su libro Cuaji… Cuijla. Pero hizo buena investigación de archivo, pero no buena investigación de campo. Creo que hay mucho que hacer, nadie ha dicho la palabra definitiva al respecto. Como mencioné, mi esposa era morena, su papá era de San Nicolás, pero de que fuera mi esposa portadora de cultura africana, pues, yo no lo veo, yo no lo entiendo, pero… hay mucho que investigar. No me atrevería yo a decir, a intentar de decir una palabra definitiva al respecto.