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miércoles, 2 de diciembre de 2015

ALVARO CARRILLO, CUATRO MIRADAS


PRIMERA

En recuerdo de la ausencia

un pedazo de tierra y una cruz
y, por Dios, un recuerdo.

La voz de Álvaro Carrillo es ronca, viene de la garganta. Y la raspa. Pocos matices. Corta las frases con brusquedad, aunque a veces se suaviza y logra imprimirles ternura. Voz grave engolándose, pretendiendo elegancia, fraseando con despacio. Las “r” se arrastran. Las “s” se enfatizan.
Es la ausencia: Hay ausencias que triunfan/ y la nuestra triunfó. Añora lo perdido, el goce —signo y señal— que ya no es y por ello vuelve a ser, recuperado, re-vivido, también ahora, en el momento de la voz dolida y gozosa, festiva, casi risueña, lamentándose, regodeándose en el amor ido, impuesto por sí mismo, a pesar, incluso, de haber sido su ave de paso, su mariposa de mil flores. La ausencia y la añoranza: hoy siento la nostalgia de tus brazos,/ de aquellos tus ojazos,/ de aquellos tus amores, confiesa, acepta el andariego, ofreciendo, ahora sí, el corazón, rogando, pidiendo perdón, él, a quien ni cadenas ni lágrimas ataron, arrepentido de dejar en la ausencia al otro amor, y se humilla para obtener la calma y el sosiego, no sólo de la muerte sino del perdón del amor abandonado: amémonos ahora con la paz/ que en otros tiempo nos faltó. Y una lágrima, una plegaria y, por Dios, el olvido.
La ausencia aun en compañía de la amada: yo presiento/ que no estás conmigo/ aunque estés aquí. Y no se nombra la causa, se le describe: esta ingrata mentira de mi corazón. Es la duda, la incertidumbre: si tú me quieres o me engañas,/ sabrá Dios,/ uno no sabe nunca nada. Son los celos: y debo estar loco/ para atormentarme/ sin haber razón. La ausencia que Dios atestigua.
La ausencia y la presencia de lo ausente, que llena la memoria y satura el recuerdo, los eterniza: Pasarán más de mil años,/ muchos más;/ yo no sé si tenga amor la eternidad,/ pero allá tal como aquí/ en la boca llevarás/ sabor a mí. Por si no fuera suficiente, totaliza el amor ofrendado, ubica su marca, la define: tú llevas también/ sabor a mí. Y no por vanidad sino por la fuerza de ese amor, bueno y pobre: bastaría con abrazarte y conversar./ Tanta vida yo te di… Eternizadas, la ausencia y la presencia, tanto tiempo, el del disfrute del amor, que se equipara, ahora, al del recuerdo. Equilibrio de adentro y afuera, de lo real y lo recordado, de lo ausente y lo presente, en quien no se pretende dueño y presume ser nada.
La ausencia y la toma de conciencia del desamor ajeno, de la otra, la dulce enemiga, de la amada: Y hoy resulta/ que no soy de la estatura de tu vida. Se le acusa, se le pretende correspondiendo el amor infructífero: me quieres a pesar de lo que dices, argumentando al amor como una herida: llevamos en el alma cicatrices/ imposibles de borrar. Se le amenaza daño: hasta puedo hacerte mal si me decido. Se le chantajea: tu amor lo tengo muy comprometido. Y en vano, pues al final se otorga el perdón: a fuerzas no será, tal vez porque se enfrenta lo inevitable: otros amores. Pero ya el dolor propio poco importa (ni siquiera sientas pena por dejarme), sino el pacto ante Dios, quien ha de cobrar el agravio, que la promesa se ha devuelto.
El arrepentimiento como antídoto contra la ausencia: Vuelve conmigo mi amor,/ que tus errores no me causan temor. El arrepentimiento y la oferta de aceptación a costa de lo que sea, que la ausencia se prefiere antes juntos y contra el mundo, que en compañía del mundo y en contra de la amada: como eres,/ así yo te quiero. Ahora sí, que el mundo, los otros, las terribles gentes demasiado buenas condenan la soledad, el lunar, la mancha del desamor, del deshonor, de la ausencia, que ha quedado impreso en el amante y ya no ha de desaparecer.
La ausencia absoluta, anclada en la realidad: ya todo lo llenas tú,/ yo no soy nada en ti. Y la resignación: Adiós,/ que de algún modo/ seguiré mi viaje. Porque, a pesar de la indiferencia, del compromiso amoroso, del menosprecio, la dignidad sienta sus fueros (me haces menos/ y ése es mi coraje) y obliga a renunciar a un amor que ha renunciado antes, casi como capricho, se abandona todo, degustando, incluso, la amargura de la felicidad que no es propia o en su compañía: al fin tú eres feliz,/ ni lo vas a notar. Amargura y tristeza.
La tristeza como secuela: desde que te fuiste/ no he tenido luz de luna. En la obscuridad ha vivido desde la partida de la amada y anhela ser alumbrado: yo quiero luz de luna/ para mi noche triste. Entonces, la ausencia es lastre, dolor, muerte: Yo siento tus amarras/ como garfios, como garras/ que me ahogan en la playa/ de la farra y el dolor. Ausencia y tristeza que convierten al amante en cadáver que revive, en fantasma que arrastra sus cadenas/ en la noche callada.
Y la ausencia es silencio, que quien no ha amado/ que no diga nunca que vivió jamás.

SEGUNDA

El negro de la costa

la palabra que me diste
en el corazón la tengo,
y como no me la cumpliste
a que me la cumplas vengo.

Álvaro Carrillo, El Negro de la Costa/ de Guerrero y de Oaxaca, nació en zona mixteca, en El Camalote, municipio de Cacahuatepec en Oaxaca. Candelaria Morales fue su madre, una “mulata” juchiteca, de Juchitán, Guerrero, la patria de quienes peleaban terrenos con los huehuetecos. Llevó, pues, nuestro paisano en el apellido, como se lleva un lunar, una alusión al color de su piel —pariente de Mora, Morado, Moral, Morán, Morelos, Moreno, Moro y todos los demás que se arrejunten. 2 de diciembre de 1919, fecha de su nacimiento; 3 de abril de 1969, de su muerte. Apenas vivió cuarenta y nueve años.
A los diez o los doce ya cantaba y tocaba, según se dice. A los 12 compró su primera guitarra en 75 centavos. Su padre, Francisco José María, era director de la orquesta cacahuatepequeña, que interpretaba danzones, chilenas, boleros y sones, entre otros bailes. Junto con Eleazar Jiménez Jiménez y Gildardo Salinas Guzmán, Álvaro formó su primer trío. Misael Vázquez Guzmán afirma que ellos interpretaron su primera composición, Celia, y ubica en 1940 su ingreso a la Escuela Nacional de Agricultura, en Chapingo, donde escribiría Luz de luna, Magnolia, Eso, Azul, Mañanita, Flores del corazón, Orgullo y Matemáticamente. Su primer éxito sería Amor mío, antes de la fama y la popularidad de Sabor a mí, cuyas interpretaciones son incontables.
 Pelo cuculuste, frente amplia, cejas cortas, ojos pequeños, nariz chata, pómulos altos, boca grande y de labios gruesos, mentón redondeado: sería un inventario del rostro del negro de la Costa/ de Guerrero y de Oaxaca. Y la mirada abierta. Se asemeja a las colosales cabezas olmecas, excepto por la papada. Se nota corpulento más que delgado. Y se sabe afecto a las bebidas alcohólicas. Es un costeño. En su obra existe una dicotomía: por un lado, los boleros y las canciones románticas; por el otro, la chilena. Y en las chilenas es donde se asume costeño, donde refleja los valores masculinos exacerbados: de las mujeres costeñas/ nacen los hombres valientes. Los fuertes y de acero de Agustín Ramírez se convierten en bravucones, temidos, intocables, personificando La Ley: Cierto que echo mis habladas,/ pero Sóstenes me llamo.// A mí nadie me hace nada,/ como quiera yo las gano,/ y no hay ley más respetada/ que el machete entre mis manos, porque ésa es su naturaleza, pues la sangre que es costeña/ no tolera las traiciones. Y en el arte de matar, se presume maestría: No me enseñen a matar/ porque sé cómo se mata, no solamente con el machete, también a balazo tendido: Soy tirador,/ mi retrocarga es la ley. Ubicarse por encima de todos, de los otros: la supremacía se muestra hasta en el oficio: en el agua sé lazar/ sin que se moje la reata.
Y más si se trata de pelear por la hembra, a quien se le concede el privilegio de amarlo, pues él se pesca con trabajo/ y se come con cuidado. El rival es poco, se hace menos, se le increpa: Tú para mí eres pura facha/, tú no aguantas la pelea./ O me dejas la muchacha,/ o me dejas la zalea. Y se pregunta uno si realmente será capaz de desollarlo. Seguro que sí, porque es un bravero que se rifa sin condición, poniendo en riesgo y dispuesto a rajarse el cuero/ con el que ofenda mi corazón. Bravero en serio, sin matices, bravero de condición, sobre todo ante el rival de amores, a quien espanta con facilidad: Hay otro que te pretende,/ ya no se acerca, ¿por qué será?/ Será que le da mi sombra/ y a veces miedo la sombra da. Y la imagen tradicional, la del gallo de pelea como símbolo supremo de lo masculino: Gallo muerto en raya gana/ si el otro corriendo va./ Soy pollo de tu ventana;/ no sé tu gallo por qué se irá./ Y hoy si me da la gana/ aquí otro gallo no cantará,/ porque si canta se morirá. Gallo de pelea ante el rival, pollo ante la doncella dentro de la habitación, cuya ventana permite el atisbo de una promesa amatoria. Y aunque no fuese correspondido, poco importa, se trata de conseguir a toda costa el preciado tesoro himeneo o placentero que la amada o, más bien, deseada, guarda para él: De ti nunca me he retirado/ ni me voy a retirar,/ porque soy gallo jugado:/ aquí en la raya me han de matar. En gallo convertido ahora, luego de vislumbrar el rechazo, el desamor; y la amenaza de ¡Virgo-coito o muerte!: Soy necio en cuestión de amores./ No me voy a retirar/ aunque de rodillas llores,/ ni que me vengan a regañar,/ pues soy de los cazadores/ que a donde apuntan han de pegar,/ y a tus amores vine a apuntar, agrega como si no bastara morirse en la raya o coitear en mullida cama aunque de mecates. Ha de suavizarse el bravero, ha de ser domado por la bella, él, el de la sombra pesada: porque si pisan tu sombra/ yo te aseguro que me han pisado. Pisar al gallo, al pisador.
Mas no todas sus chilenas son apología de tales valores. Para muestra Pinotepa. O Negra cortijana y Jardín florido: Cuatro o cinco limones/ tenía una rama,/ y amanecieron cincuenta/ por la mañana. Como se ve, lírica popular de gran calado, son a veces, aunque prestados, los versos.

TERCERA

Ars Amandi del gavilancillo del viento

…me quieren pa’ golosina
porque he nacido prietito.

¿Que si le gustan las mujeres? ¡Claro que sí! ¿Cómo que no? ¡No fuera de la Costa Chica! Pinotepa me gustó/ por sus sensuales inditas;/ Lo de Soto me encantó/ por sus bellas morenitas, dice por boca de Álvaro Carrillo todo costeño que se asuma costachiqueño, y agrega: Es verdad que Ometepec/ lindas mujeres tenía,/ pero en Cacahuatepec/ encontré la reina mía.
Para todas tienes, Moreno —me pienso, aunque no me lo diga a mí mismo sino a mis otros mí mismos, no enterados aún de mi condición de Enamora’o-Como-Perro-Flojo. Y disgrego porque la fantasía fantasea conmigo y enmigo: ¡Ah, malhaya, pudiera yo con todas! Ser águila de las peñas,/ gavilancillo del viento/ soy el de las costeñas/ que a todas les doy contento. Indias, mestizas, negras u ometepecanas; pinotepeñas, cortijanas, cacahuatecas, amuzgueñas, soteñas, vistahermosianas y tlacamamenses; morenas o morenitas, sensuales, bellas, prendas del alma, ingratas, chaparritas, capullos, palomas, chiquitas, angelitos, corazoncitos, nenas, mujeres, muchachas, mamacitas, preciosas, cachetes color de rosa, sureñas, finas y hasta lindas morenitas con patas de chichalaco. Y agrego a las chinitas, que olvidaba por falla no edipiana sino por venganza ante el desdén sistemático que he sufrido por las cuculustas de verdad.
En la chilena asume y resume don Álvaro la pasión amatoria o erótica del costeño o atribuida a él. Y la pasión aparece acompañada de la alegría, la fiesta, el baile, lo arrecho, pues. La arrechura, una de las características culturales evidentes, manifestada en la música: yo soy coplero/ y te estoy cantando/ porque nació en tu suelo/ la morenita que estoy amando// Me gustan tus mujeres,/por eso aunque no sepa/ yo seguiré cantando/ que viva la Costa con Pinotepa// Mis canciones van volando/ rumbo a Vista Hermosa,/ donde hay muchas mestizas/ y también indias preciosas// Te vengo a cantar con gusto/ mi más hermosa canción. Y para mejor convertirla en cómplice de amores, amiga de pasiones, se la invita: Éntrale negra bonita,/ vente conmigo a cantar/ esta alegre chilenita/ que te voy a dedicar. Al baile también va la pasión amatoria: Si zapateas bonito/ yo te prometo/ hacer con el polvito/de tus zapatos/ un amuleto. Porque, después de la bravura, la felicidad y el contento son signos de la costeñitud: Viva el sol, viva la luna,/ viva la luz del día./ Donde están los costeñitos/ nunca falta la alegría.
¿Que si gusta a las mujeres? No se sabe. Y de lo que se sabe, como que no mucho, aunque tal vez no importa porque se trata de ser El Amante, no el amado; se trata de enamorarlas aunque no correspondan. Cual Cupido, tirar flechas y flechar, pedir: Negra, dame tus ojitos/ para completar dos pares/ porque con los míos solitos/ no puedo llorar mis males.// …la palabra que me diste/ en el corazón la tengo/ y como no me cumpliste/ a que me la cumplas vengo.//… prenda del alma que tengo,/ quiéreme, no seas ingrata, / que yo por amarte vengo/…que me duele el corazón./ Apúrate chaparrita/ a calmar este dolor.// …que me dé suerte/ para que me quieras/ y me acompañes hasta la muerte; prometer: Si quieres ir al cielo/ sueña conmigo,/ porque al cielo se llega/ con las cositas que yo te digo; amenazar: Soy necio en cuestión de amores,/ no me voy a retirar/ aunque de rodillas llores; y, ya de plano, aceptar que no es amado: Tú, pensando en que me voy,/ yo pensando en ti, o reconocer que la pasión es pasajera, es arrechura de momento, rabia del deseo, motivo de disfrute y ya: La pasión de ayer, mi nena,/ poco a poco se acabó./ Sólo la alegre chilena/ que cantamos, ésa no.
El gusto está más en el enamoramiento que en el amor, y se manifiesta en el jugueteo, donde ella es apenas motivo, provocación de la arrechura: Cuídate, linda sureña,/ no me quieras dar picones;/ dime si con otro sueñas,/ para cambiar mis pasiones// …pero cuida tu boquita/ no te la vaya a besar. Y peligrosas pueden resultar, las coquetas: No hay que hacer adoración/ de las que se andan sonriendo,/ porque llega la ocasión/ que al pobre lo están engriendo/ y lo dejan como el farol:/ por fuera inflado y por dentro ardiendo; peligrosas e interesadas en el dinero, engañadoras de pobres. Falsas pueden ser, si no ellas, sus palabras sí: Papeles son papeles,/ cartas con cartas;/ palabras de mujeres/ siempre son falsas. Ni siquiera se parece a la que es en realidad, la morena cerrera/ de cuerpo cenceño/ y alma cimarrona. O su alma ya no es tan cimarrona.
Pero como costeños no hay sólo uno, sino se dan por puñadas, ¿quién ha de ser el mero mero, el Juiqui-Juiqui Ñanga-Ñanga? Que con sus dudas se despidió don Álvaro: Entre tantos gavilanes/ ¿quién te comerá, paloma? Y en mientras ella lo dilucida (es decir, juega a decir que sí y que no), él juega a que ella lo prefiere: me he tardado despidiendo/ porque en la boca tenías/ un besito deteniendo;/ ya mero te lo pedía/ para írmelo comiendo. O si no, se lo imagina.

CUARTA

Poesía morena y de cuerpo cenceño

la madurez ardiente de un hombre del trópico

Le cantó a la Costa Chica, don Álvaro Carrillo. Mi espíritu se nutrió con la savia de la floresta, respirando el aire montaraz y arisco que abre el alma costeña a los silencios infinitos de una soledad cósmica, haciendo más bravíos los fandangos y sofocantemente cálido el estallido de los jolgorios, anota, asume en el prólogo de su Canto a Costa Chica, poema extenso. La justificación, los silencios infinitos de la soledad cósmica, no parecen pertenecer a este territorio que tanto cantó y alabó el oaxaqueño por nacimiento e hijo de crianza de la Costa Chica de Guerrero. Y en abono a esta última idea, agrega: por eso todas mis composiciones y este Canto a la Costa Chica tienen ese sabor tan especial de la región guerrerense, conservando los matices torrenciales de una escala musical, de policromado colorido.
 La primera figura del poema es la Costa Chica como mujer: Morena cerrera de cuerpo cenceño/ y alma cimarrona. Montaraz, la dice, mesteña, arisca, cerrera —tal apenas bajada del cerro a tamborazos, como reza el dicho. Escuálida o enjuta, de carnes escurridas, cuyo cuerpo es cenceño. No paso a creerlo. O el poeta erró o le tocó en mirar una morena no tan frondosa como suelen serlo. Prefiero su alma cimarrona, coincide más con el modo de ser de las costeñas, atrevidas, igualadas, osadas, cimarronas, rebeldes, pues. Aunque esa epitetación refuerza el sentido de cerrera. Y más que tripulando ensueños, el estro del maestro parece bregar con una realidad más pedestre y prosaica, que lo hace rubicón-arse o séase que se es: la dificultad, los esfuerzos y la color rojácea que produce decir la tu poesía que es nube y es golpe roqueño,/ tristeza, jolgorio, paz y rebeldía. Noto al negro o moreno como el color que denota la piel de la Costa Chica.
La segunda estrofa describe, en principio, lo geográfico y económico, es decir, la pobreza provocada por las circunstancias geográficas: Te guardan aislada tus grandes montañas,/ montañas azules, hermanas del cielo,/hechas con el barro de tu propia entraña,/ pero que estrangulan con maligno celo/ el esbelto cuello de tu economía. No anda la poesía por estos versos, a pesar de la tesis expuesta y la imagen del esbelto cuello de la economía, algo audaz, por cierto, dado que intersecta dos áreas por demás antitéticas, la improductiva belleza y la lucrativa economía. Y describe enseguida la conducta de los costeños, empeñados en matarse: tus hijos, como los atridas,/ se escarnian, se odian, y en su tropelías/ vierten el alarde de su sangre estéril, sin que tanta crueldad gratuita y milenaria —biológica, sospecha este lector pacifista cuasi cristiano que ahorita duda si conviene poner o no la otra mejilla en caso necesario— pueda matar a la gran madre sufrida y aguantadora, la Costa Chica mía de don Álvaro. Se avienta en esta estrofa el poeta una palabreja dominguera: redaño, que casi no entiendo, excepto por el diccionario y que me sugiere el imperativo del poeta en causar impresión en el lector por vía del descontón léxico: fuerzas, brío y valor.
Nos dice el estro poético de don Álvaro en la tercera estrofa los milagros que impiden la destrucción de su zona natal, a pesar del bárbaro y salvájico comportamiento de sus hijos, los costachiqueños: No, tú nunca mueres, te protege un suelo,/ te acaricia un mar y te bendice un cielo, con la intervención directa de Dios padre en persona, según aclara en seguida nuestro vate: un evangelio/ que derrama en torno de tus liviandades/ la verdad divina de tu catecismo/ y un mar que es un manto/ azul, que Dios puso en tu piel morena. No sé por qué, pero casi olisqueo la hostia y el cáliz católico.
Pero para regocijo de los folkloristas, don Álvaro recurre también al espíritu del pueblo costachiqueño, la arrechera, cuyo soplo apuntala la eternidad de esa mujer morena, la tal Costa Chica: tú nunca mueres porque estás bullente/ en los cascabeles de tus tradiciones,/ porque hasta el brebaje de tus aguardientes/ deja gotas bellas para mis canciones,/ para la chilena, que es entre tus sones/ el arpegio cumbre que bailan los dioses/ aquí en el Olimpo de mis pretensiones. Se impone una confesión que me hizo Indalecio Ramírez, compositor y protegido dilecto de don Álvaro: “Él era muy grande, muy lírico, tenía mucha cultura. Y era un gran costeño; le gustaba mucho el hecho de ‘vamos a beber en la misma media de aguardiente’. Era muy dado a la paisanada. Era un hombre muy culto. Está toda esa poesía romántica y modernista, y en costeño”. Confesión que corrobora los versos del brebaje. Bueno, en mí, lo que el aguardiente ha dejado no son gotas bellas sino un sonambulismo postborrachera y un sentido de imbecilidad como provocado por los silencios infinitos de una soledad cósmica.
En la cuarta estrofa se asume plenamente costachiqueño, con todo y lo macho de gran machitud y machonería, aderezado con pintoresquismo tradicional: Yo soy de ese pueblo, ingenuo, bravero,/ yo me rifo todo cuando suelto un gallo,/ y en los jaripeos/ yo soy el primero/ que le entra al jaleo/ jineteando un toro,/ montando un caballo/ o arrastrando el vértigo de una vaquilla / en la serpentina de la lechuguilla. Y no le creo, don Álvaro, me se dificulta verlo haciendo todas esas hombrerías, esas charradas, a pesar del buen intento poético con tales licencias y del casi hallazgo en el vértigo de una vaquilla y aunque la serpentina de la lechuguilla sea muy visual y acertada.
Y ya encarrerado, nos ensarta don Álvaro sus memorias, referidas a lo folkosteño: esas ferias chulas/ con sus juegos-danza de los doce pares,/ la tortuga, el tigre y el feo machomula.// Amo el simulacro de las capitanas/ y el vertiginoso juego de la iguana/ y al alebrestado toro de petate. Me sospecho que lo tumbó el machomula, don Álvaro o no entendería de otro modo esa fealdad atribuida gratuitamente. Tampoco sepo eso de el simulacro de las capitanas: ¿Será que las féminas a caballo montan a medias, de pierna cruzada? ¿Será que las féminas no son vaqueras, caballerangas ni militares de rango alguno?
El patriotismo regional estalla sin redaños en la sexta estrofa: jirón de patria, solitario, arisco. Y ha de solicitar permisos para sus versos: deja que mi verso sea repique y trino/ para tu ostracismo/ o la cantinela de los pajarillos/ para tu jauría/ o la nebulosa estrella que derrama estrellas/ para tus abismos. Y me juro de nuevo desconcertado en mi entendimiento poetril: no veo que el ostracismo tenga cabida en esta concepción festiva, alegre, bullanguera y arrecha de la madre patria regional que nos ha venido mostrando don Álvaro, excepto que el chingadazo léxico quiera romperle la madre al lector ignaro. El repiqueteo de tal palabra es tan ruidoso, que apaga el ladrido de la jauría, la cantinela de los paxarilhos y se extiende más allá de la nebulosa estrella que derrama estrellas, por decirlo casi en términos cinemáticos o en sustitución de: ¡Al infinito, y más allá!
El número siete para la última estrofa relata las buenas intenciones, los deseos deseados del aeda costachiqueño, olvidando, tal vez, el adagio del perro comiendo güevo: Y cuando tus hijos ya no sean atridas,/ cuando tus recuerdos hallen su picota,/ cuando se restañen tus arterias rotas/ y queden tus grandes montañas vencidas… Y me detengo por el momento, preguntando si el oficio de atrida es sólo la violencia irracional. Me respondo que no, y paso a lo propio y requerido por don Álvaro para su oficio poético: que este mismo verso, metamorfoseado/ diga el florilegio de un himno sagrado/ de cuyas estrofas/ pendan bucles de oro que besen tu frente. Y para finalizar, recupera versos de la tercia estrofa, mordiendo la serpiente la cola, finiquitando el Canto a Costa Chica: mientras el brebaje de tus aguardientes/ deje chulas gotas para mis canciones,/ para la chilena, que es entre tus sones/ el arpegio cumbre que bailan los dioses/ aquí en el Olimpo de mis pretensiones.

lunes, 12 de septiembre de 2011

De chilenas, corridos y otros tópicos de músicos en Cuajinicuilapa

De chilenas, corridos y otros tópicos de músicos en Cuajinicuilapa

6 de septiembre

EDUARDO AÑORVE


Hace más de un año se reunieron en Cuajinicuilapa varios músicos y creadores de este municipio, de Ometepec y de Llano Grande La Banda para realizar una tocada; antes de la actuación musical, conversaron el pintor Jaime Ignacio López, los músicos Jorge Añorve, de Zambú, Martín Mateos Lagunas, de Proyecto Dos, Guillermo Sandoval, de Magia Digital, Juan Pega Saguilán, y este reportero sobre chilena y corrido costeños.

En esa plática entre músicos se trata un tema polémico, la vigencia de la chilena, además de abordarse subtemas ligados a ella; por otro lado, se habla también de la corrección o incorrección de las letras de la chilena que utilizan palabras calificadas por los moralistas como groserías o malas palabras.

Jaime Ignacio: Yo me metí en una bronca diciendo que la chilena está moribunda; ustedes, ¿qué opinan?

Jorge: Yo considero que la chilena va a vivir mucho tiempo. Lo que pasa es que tenemos muchos ataques por parte de la comercialización y nuestros chavos oyen música extraña, pero en la sangre llevan la chilena, no la pueden olvidar. Un chavo cholo, después de las doce de la noche, ponen las chilenas y… con todo y gorra patrás y todo… está bailando la chilena. O sea, eso ya lo lleva en la sangre.

Guillermo: La chilena es un ritmo que no se puede olvidar, que va a continuar, que es una música tradicional, de aquí, de la Costa de Guerrero y Oaxaca.

Martín: La chilena va a seguir, como dijo Jorge; sin embargo, considero que el ataque, también, es, además, de culturas gringas, como, por ejemplo, ser cholo. También está el ataque de la tecnología, que yo soy parte de eso porque he desplazado a varios músicos usando mis teclados electrónicos y, entonces, de esa manera se va deformando un poco, pero, al fin de cuentas, el objetivo, el origen, el meollo del asunto de la chilena…

Jaime: ¿Si se tocara con instrumentos eléctricos sería siendo chilena?

Martín: Sí; sin embargo, también pongo mi granito de arena en el rescate porque me uno al grupo del profe Jorge, Zambú, donde tocamos instrumentos exclusivamente acústicos y prehispánicos e, incluso, haciendo ese rescate para que no se pierda.

Pega: Pues, la chilena está viva, la chilena es la Costa Chica, de Guerrero y de Oaxaca, porque, a veces, dice uno: Sestá perdiendo la chilena. Los chavos, la pura verdad, están desorientados, no saben ni dónde viven ni cómo se llaman, no, pues, ellos son cholos únicamente, son cholos, pero no saben ni lo que es cholo, porque el pantalón cholo, no a cualquiera le queda el pantalón. Por ejemplo, habemos muchos que estamos así, la barrigota por acá. ¿Cómo te va a quedá’ un pantalón cholo? Lo quieres usar en la colita: se te va a caer, necesitas meterte dos cintos porque, con uno, no lo va a sostener…

Jaime: Y tener nalguitas…

Pega: Exactamente. Pero están lisos como yo, y no, no queda. Así la chilena. La chilena nunca va a morir.

Eduardo: Casi no hay chilenas nuevas que peguen. Sobre Cuaji hay un montón de chilenas, pero se oyen un ratito y luego se apagan. No hay chilenas como El toro rabón, Pinotepa, Ometepec, La sanmarqueña que son chilenas que se tocaron y se siguen tocando…

Guillermo: Quedaron clásicas, se hicieron clásicas, y ésas son las reales chilenas que las oyes de nuevo y son las buenas, porque las nuevas, un ratito, como dices, y ya se dejan de oír.

Eduardo: Varios de ustedes son compositores; ¿qué es lo que pasa, cómo explican eso?

Guillermo: Sí, pero yo no soy del ramo de componer chilena, la verdad es ésa, mis inspiraciones son de componer baladas o cumbias y todo eso, nada más. Me gusta oír chilenas y hasta la canto, también, porque me gustan, son bonitas, son de aquí, de la Costa, son la tradición de la Costa Chica.

Jaime: Jorge, entonces, ¿tú supones que la chilena es un género vivo? Algunos creen que no, por eso es mi pregunta.

Jorge: Sí. Lo que quizá nos ocurre y está sucediendo es que hay diferentes tipos de chilenas, ¿no? No es lo mismo escuchar chilenas que tocan de este lado, de Oaxaca, o más arriba que aquí, en Cuaji. Yo creo que por ahí va la situación. La forma cómo escribieron las chilenas que llaman ahora clásicas, yo creo que eso es lo que le da el estatus de chilena. Pero yo creo que es chilena la que componen en cualquier pueblo, yo la considero chilena aunque no tenga las metáforas, la belleza rítmica y métrica que le pusieron a otras chilenas, ¿no? Acapulqueña linda, por ejemplo, no sé, otras chilenas.

Eduardo: Chilenas como Adiós Cuajinicuilapa le gustan a la gente, ¿por qué será?

Jaime: Hay distintas maneras de ver la chilena, ¿no? Hay un chilenero que se siente ofendido por esa chilena, me ahorro el nombre, pero hay alguien que se siente ofendido porque la considera…

Jorge: Esta chilena nace porque, en una convivencia en la que estaba presente Benjamín, y yo, siempre nos la pasábamos tomando cerveza; entonces, dijimos: Vamos a hacer algo para Cuaji, ¿no? Una chilena. Y empezamos: Hay gente prieta, hay baches, no hay agua; entonces, queríamos reírnos de nuestra realidad y, pues, decir la realidad, y eso lo logramos, pero nunca fue con el sentido de: Vamos a hacer una canción para que pegue, para que suene en la región. No, fue una que nació jugando. Ahorita la toca Siglo XX, la tiene grabada por ahí. Es la comercial…

Martín: ¿Es comercial o quieres hacer la anticomercial?

Jorge: Es la light.

Jaime: ¿Está censurada, por casualidad?

Jorge: Sí, está censurada...

Jaime: ¿Le quitaste el verso…

Jorge: Le quitaron ellos…

Jaime: Y, ¿por qué lo admitiste?

Jorge: Pues, no hay chance de estar discutiendo. No tengo pa’l pa ir a Ometepec a decirle: Oye, así no es. A Chiro, que, quiero decirlo, no me regaló un disco, un casét. Mi mamá andaba comprando en el mercado para mandarle a sus parientes, que esa chilena estaba ahí.

Eduardo: Porque ése es otro problema: los músicos componen, y algunos grupos les graban sus canciones, y se vuelven famosas, pero a los compositores no se les toma en cuenta, no perciben nada, no ganan nada. Yo hablaba con Estaban Bernal hace cinco días y me decía lo mismo: Yo no he ganado ni un cinco de todo lo que he compuesto, como regalías.

Martín: Quisiera agregar, en cuanto a la chilena del profe Jorge, que es más llamativa en la parte que censuran; cuando se habla del palito de otate [En el zócalo de Cuaji/ hay un palito de otate/ donde siempre se reúnen/ los putos y los mayates.], a la gente le causa más euforia. Considero también que eso es parte de lo llamativo. Y de un tiempo para acá, los grupos empezaron como que a destaparse y a decir…

Jaime: Es una forma de hacerlo vigente, de hacerlo nuevo, contemporáneo, ¿no? Yo te invito a que la recuperes como es, si no, me avergüenzas, pinche Jorge.

Guillermo: Como debe de ser, porque si es la parte llamativa y la hicieron a un lado, hay que cantarla completa, a la gente le va a agradar, le va a llamar la atención muchísimo.

Eduardo: Posiblemente. Allí se equivocó Siglo XX porque, finalmente, eso hubiera hecho que tuviera más éxito, habrían vendido más discos…

Guillermo: Sí es cierto, con esa parte que le quitó, no pensó en… Ahorita, las canciones que tienen partes chuscas son las que agradan más; entonces, ¿por qué vamos a quitarle esa parte a la chilena? Hay que cantarla completa, hasta se le puede poner más si es posible; claro, si lo permite Jorge.

Martín: Yo he escuchado unos temas, del señor Guillermo, que le ha estado agregando esas partes…

Jorge: Él no dice: culo, dice: ulo

[Risas]

Eduardo: Es lo que le decía, que sus canciones son: la negra sabrosa, la negra caliente, puras eróticas, ¿o de qué?

Jaime: Pero, acá es el puro albur, ¿no?

Guillermo: Ésa grabación la hice de esta manera: como no pensando en un pegue, en un éxito. Lo hice, dije: Voy a invertir, y voy a hacer esta grabación… No pensando en que iba a tener un éxito, así. Ya he grabado e invertido dinero tanto tiempo y nunca me ha funcionado nada. Y ahora que grabé esto, así como al desmadre, fue el pegue. ¿Qué es lo que pasa allí? Que a la gente le está agradando el desmadre…

Jaime: Aprenda, Jorge, no deje que le censuren.

Pega: Esa chilena, pues, al principio se escuchaba mucho, la chilena, pero, como viene Jorge y deja de cantar, que porque se le fue Benja, que porque el otro compañero ya no quiere, así que, en fin. Cuando hace uno una chilena y está pegando, tiene que continuar. Compuse la Cumbia del sastre… porque yo soy sastre… tuvo pegando mucho esa cumbia, pero como no la anoté se me olvidó. La chilena es como la mujer: regañala, mandala. Sí. Llegar noche. Si es mezquina la mujer, hay que robale, robase uno mismo. Si gana cien pesos, dígale que gana ochenta, los veinte pa usté…

Eduardo: Pero, estos músicos no hacen así, llegan temprano a su casa, no beben…

Pega: Guillermo es uno…

[Risas]

Pega: ¿Por qué crees que Guillermo, cuando la agarra, cuántos días dilata, Guillermo? ¡Tres días, cuatro días! ¿De ónde va a agarrar? Pues, de lo que enmina, y ahí va sacando poco a poco. La mandas a las tortillas sin tener hambre, ya, aruña [agarra dinero] y ya: Vieja, ahorita vengo. ¿A qué va? Pues ya lleva. Sí, así es la cosa…

Jaime: Hablemos del corrido un poquito, que aquí está muy vigente, ¿no?

Eduardo: Precisamente, hace rato escuchaba yo corridos de hace cuarenta, cincuenta años, que canta el maestro Pega…

Pega: [Canta a capella]: Voy a cantar un corrido,/ señores pongan cuidado,/ Colón se metió a Maguey/ con la fuerza del estado.// Lloraban los chamaquitos,/ lloraban amargamente./ Robaron el pabellón/ del señor Abram Prudente…

Eduardo: Maestro Pega, ¿de qué trata, el corrido ése?

Pega: El corrido del señor Moisés Colón, [que] ‘taba unido con la policía del estado. Primero[1], los mañosos eran los poderosos, no era el gobierno, sino que eran los mañosos. Entonces, el señor Moisés Colón se unió con la policía del estado, con el gobierno, y entraban a los pueblos: se llevaban ganado… así… por ejemplo, si estaba su ganado amarrado como allí, lo agarraban y… Oye, ellos eran la ley, andaba con el gobierno; y luego, muchos pistoleros, ¿quién les iba a poder? Ya, después, la ida de Moisés Colón, de Mártires de Tacubaya, fue porque le ‘tuvo robando un ganado a la familia Pérez, y esa familia Pérez ‘taba endemoniada, tenían pacto con el diablo, entonces, por más que le tiraban, como allí, no le pegaban ni al caballo ni a ellos; y ése sí, ése sí los correteó: por allá lo mataron, por Cayaco. Muchos quieren corrido: Compónme un corrido. Les digo: Mátete con alguien pa’ componételo.

[Risas]

Guillermo: Pa’ que salga bueno.

Pega: Sí, pa’ que salga bueno. Yo apenas compuse un corrido del señor Tomás Cruz, en paz descanse, de San Francisco El Maguey, un líder que defendía, pues, a su pueblo. Pero, vengo y le pongo que mató a [Juan] Chanito Rodríguez, el de San Nicolás; dice su hijo: No, no, quítale ese versito. ‘tonce’ ya no es corrido. Ora, fue pistolero de Indalecio Añorve, el rico de Guajintepé; le pongo en un versito que fue pistolero. Dice: No, ponle que fue compañero. [Responde:] No, ya no me sale el corrido. Ya no es corrido, ya está desviado.

Jaime: Entonces, el corrido debe oler a pólvora y a sangre.

Pega: Claro, así debe de ser, porque si no, no es corrido. Nomás que, usté, si es mañoso, ya sale el corrido, ¿va? Que le robó al maestro Jorge, aunque sea lápices o el cuaderno, a ve qué le robó, y ya salió. Sí.

Eduardo: Y, ¿en el caso del corrido de Roberto Álvarez?

Pega: Ése fue corrido porque, Roberto Álvarez, con una botella, le picoteó tantito y como le salió… yo creo que fue en vena… mucha sangre, así que al verse dijo que iba, pues, cuaja’o, pues… y ya, el corrido nace. Pero, claro… un corrido que jue campesino, que no hizo nada, que nomás porque era campesino, pues no tiene chiste. Alguien quien robó, lo mataron, pues, ya ése es corrido. O arrancó…

[Al grupo se suma el músico Teo, compañero de Pega]

Eduardo: Estamos platicando sobre el corrido, si está vivo el corrido, si se sigue componiendo, si la gente lo sigue escuchando, si lo pide…

Teo: Bueno, yo pienso que, hablando de corrido, hablando de música, la música siempre estará viva, nosotros mismos le damos vida a la música, los que interpretamos. Los que nos dedicamos a esto tenemos que estar conscientes, primeramente, que qué es lo que nos gusta. En este caso, aquí en la Costa nuestra bandera es el corrido, yo pienso, no hay vuelta de hojas, y le damos vida nosotros mismos.

Eduardo: ¿Y la chilena, Teo?

Teo: La chilena es algo también que nada más de oírla a mí me hierve la sangre. Entonces, la chilena es algo maravilloso, es algo que adoptamos nosotros con todo el corazón. La chilena ya la hicimos nuestra; la tocarán en otras partes, pero aquí le damos un matiz especial nosotros. La chilena para nosotros también tiene un valor tan grande como el corrido, es nuestra, pues.

Eduardo: ¿Por qué la chilena no sale de la Costa Chica, a diferencia de la cumbia, como Ya me voy pa’ Carolina, por ejemplo?

Teo: Precisamente por los promotores: aquí no hay promotores de corrido ni de chilenas a nivel Costa, no los hay; por donde quiera que los busques, no los hay. Yo estoy cansado de buscarlos y aquí no los hay, hay en la parte norte de nuestro país pero aquí, en la Costa de Guerrero… ¿Cómo vamos a subir una escalera si empieza de la mitá pa’rriba? Así lo veo yo. Tiene que ser del primer peldaño; si esa escalera solamente tiene de la mitad para arriba, nadie la va a subir. Mi respuesta es ésa. ¿Por qué no rompe fronteras la chilena? Es por eso, no hay promotores aquí. Ojalá nos oigan a través de esta entrevista, ojalá alguien se interese, que aquí no hay promotores para la música de nuestra Costa. Yo quisiera que alguien viniera, se interesara y viera que aquí hay bastantes músicos buenos.

Martín: Yo voy a diferir un poquito del maestro Teódulo, o a darle un poquito de razón pero en otro nivel porque considero que aquí, regionalmente, sí, los productores de discos se interesan exclusivamente de chilenas y corridos. O sea, nosotros, como grupo, hemos intentado hacer una grabación y lo primero que te preguntan: chilenas, corridos, incluso vienen y te proponen: Quiero que grabes, pero quiero que grabes solamente corridos. O: Quiero que grabes chilenas y corridos. Entonces, yo creo que esos productores de discos satisfacen su situación económica en la región y ya no miran más allá, pero ellos. Pero aquí, regionalmente, sí tenemos esos productores, esos promotores que dice Teo.

Jorge: Miren. Yo nací en el Cerro de las Tablas, y para mí el Cerro de las Tablas es un paraíso. Bueno, el Cerro de las Tablas no ha cambiado desde hace treinta o cuarenta años, sigue siendo el Cerro de las Tablas que conocí. Pero, gracias a que la carretera no la han arreglado… el día que la pavimenten… porque tiene un río maravilloso… yo creo que se va a pudrir mi río. Yo considero que, de alguna manera, no está tan mal que no nos llegue tan rápido la civilización musical, que sigamos tocando a este nivel, de todas maneras lo disfrutamos. Y la gente que se interese, a nivel nacional, a nivel internacional, lo va a hacer, porque sí vienen algunos investigadores, sí viene alguna gente, pero no para darnos riqueza, ¿no? Con un disco ya te haces millonario, como ocurre con las compañías disqueras.

Eduardo: Efectivamente, el gran problema de la difusión de la chilena tiene que ver con el mercado: ¿Quién va a producir el disco? Los productores piensan en dinero. Si ven que algo está dando dinero, ya lo universalizan, lo pasan a todos lados…

[Se agrega al grupo otro músico y compositor, Chogo El Bandeño]

Eduardo: Chogo, bienvenido. Estamos hablando de la chilena… ¿Por qué la chilena sólo se escucha en Costa Chica?, te pregunto.

Jaime: Y cuando viene un gobernador, o hay eventos así, ¿no?

Chogo: Se ve desde un punto regionalista nada más, ¿no? No ha trascendido; a la mejor no ha habido precursores que la lleven un poquito más allá. O no se le ha dado la fomentación que se requiere.

Eduardo: Todo mundo conoce la chilena Ometepec, la chilena Pinotepa, la chilena Por los caminos del sur; o sea, son conocidas. ¿Habrá compositores que hagan cosas parecidas ahora?

Jaime: ¿Se están escribiendo las chilenas, ahorita, que van a ser escuchadas mañana?

Jorge: La sanmarqueña, La sanmarqueña no está a esos niveles, pero La sanmarqueña está desde tiempos aquellos y sigue estando. La chilena nació, digamos, de la gente pobre, en el buen sentido de la palabra, o la gente humilde o la gente de la tierra. Yo creo que llegaron los poetas y le agregaron la belleza. Trato de decir que…

[Risas]

Jorge: …la belleza de los libros, la belleza literaria… Porque, el otro día, Chogo decía: reventó el sol. Cosas de ésas, que las dice la gente en los corridos y no anda estudiando en los libros, lo dice naturalmente. Yo siento que la belleza de una chilena, que no está a nivel de Acapulqueña linda, no sé, no sé qué otra se me ocurre, no deja de ser… pienso otra vez en La sanmarqueña… sigue siendo una gran chilena.

Guillermo: Lo que pasa es que en aquellos años componían naturalmente, ése era el gusto que nacía del corazón, cuando componían una chilena, y la tocaban y le daban ese toque. Ahorita, en la actualidad, la gente se va actualizando, ya hay cosas más modernas, ya compone ya uno con otro tipo de cosas, de otras palabras, y ya no le da uno el toque anterior, que és es el real, chilenero, ésa es toda la verdá.

Chogo: Puede ser. Ahorita hay mucha competencia, ¿no? Los medios de comunicación, como que nos han orillado a nosotros, los que no tenemos la oportunidad de un apoyo que nos lleve a los medios. Como… esos fueron las bases, yo pienso, de la chilena, que tratamos de apegarnos los que pensamos que tocamos chilena. Yo pienso que toco chilena, no sé si toque chilena, yo pienso que toco chilena, pues no hay una escuela aquí que diga: ¿Sabes qué? La chilena es así, y así la tienes que tocar. Nos nace, y a los que somos líricos, a la medida de nuestros alcances, ¿no?

Martín: Jorge dijo hace rato: La chilena El poquilín.

[Risas]

Voces: No es chilena, no es chilena. Es un son.

Martín: Bueno: justificado.

[Risas]

Jorge: Yo nada más quiero decirle a Juan Saguilán Pega y a Teo, que me arrebataron el lugar allá, cantando… Boni y yo compusimos un corrido muy ligth sobre la naturaleza… así que nos dan una chinga y se llevan los mil pesos, ellos…

Una voz: ¡Tres mil!

[Risas]

Jaime: Eso calienta más…

Jorge: Desde entonces, cada vez que los veo no sé qué siento…

Pega: Pero, sea que el profesor Jorge hizo una: Viene y se compra un litro de aguardiente y se dirige conmigo, y me dice: ‘ora Pega. Le digo: Yo no vine a tomar, yo vine al concurso. Dije: A ve’ si me traigo los centavitos. No, viene éste… Agustiniano, el cortijano… fue a participar también… luego, pues, la agarró. Me dice: Oye primo, échame la mano. Le digo: No, yo vengo con mi compañero, yo no me voy a desviar. Va. Así que se fue, y a la primera de cambio’, luego, luego quedó mal y lo sacaron. Viene el profe Jorge… no era corrido, era una propuesta, sí, no era corrido, la pura verdá. El corrido es corrido, y una propuesta ‘ta como, por ejemplo: Oye, en Cuaji no echan l’agua. O: Esa basura no la tiren allí porque allí ‘ta prohibido. Eso era lo del profe Jorge. Digo: No, estos no ganan.

[Risas]

Pega: Estos no ganan, esto ya lo tengo yo en la bolsa. Y sí, pues, y pior que al final Chogo, siendo mi paisano, él ‘taba en la mesa, digo: Papacito. Y luego, Guillermo me dijo: Pega, ya tienen los tres mil pesos en la bolsa

Jorge: Él regulaba [el volumen del equipo de sonido por el cual se transmitían los corridos], él le bajaba…

Guillermo: No, a mí me gustó el corrido, me gustó el corrido…

Jorge: No, él le bajaba cuando yo cantaba…

Guillermo: No, nada…

Pega: Dice Guillermo: Pega, de una vez dispárate una porque ya los tienen los tres mil. Sí, pues, cuando al rato empezaron [a calificar]… Bueno, ni modo. ‘taba bravo Jorge: Ninguno, ni pa’l jabón no sacó.

Martín: Allí, en ese concurso y en ese resultado podríamos resumir y comprobar realmente que los términos ya sofisticados, técnicos, que nosotros los músicos nuevos queremos emplear o refinar la música y eso, cometemos ese error. Dice Pega: Eso no es corrido, es una propuesta, ¿no? La vamos a aceptar también.



[1] Antes.

viernes, 5 de marzo de 2010

AFROCHILENOS, HACIA LA INCLUSION DE LA VARIABLE AFRODESCENDIENTE EN EL CENSO 2010

Las organizaciones afrodescendientes Chilenas agrupadas y representadas por La Alianza de Organizaciones Afrochilenas ha estado llevando una serie de acciones de incidencia para lograr que por primera vez en la historia de Chile, después de más de cien años cuando se nos contaba como negros, mulatos, zambos y zambaigos, vuelva a ser incluidas dentro de las estadísticas oficiales de Chile.


Para lograr esto las organizaciones afrodescendientes han realizado acuerdos y compromisos políticos con el gobierno central que tienen como fin lograr incluir la variable afrodescendiente en el próximo censo nacional a realizarse en el 2012.

Para esto la Alianza Afrochilena junto con el apoyo de organismos locales e internacionales, y personas naturales desinteresadas, han estado participando en diversos eventos y grupos en relación a la ronda censal 2010 tales como:

• Seminario Internacional organizado por CEPAL-CELADE denominado “Ronda Censal 2010 en America Latina con enfoque étnico” , realizado en noviembre del 2008 en Santiago de Chile.
• Seminario Internacional sobre la inclusión de la variable afrodescendiente organizado por CADIC Bolivia y ORAPER en la ciudad de La Paz Bolivia en el mes de noviembre del 2008.
• La Incorporación a la Red de Censos Afrodescendiente creado en el evento de Ginebra en el marco de la revisión del plan de acción de Durban.
• 1° Jornada de inclusión de la variable Raza-Etnia hacia el Censo Uruguay 2010, organizado por el INE Uruguay, Mundo Afro, ORAPER y el Ministerio de Educación y Cultura en la ciudad de Montevideo en el mes de mayo del 2009.

Así mismo la Alianza Afrochilena hoy en día está llevando una serie de acciones preparatorias hacia la Primera Prueba Piloto de Población Afrodescendiente que se realizará en Chile a más 400 familias afrodescendientes.

Esta actividad será realizada entre los meses de octubre y noviembre siendo el sábado 24 de octubre el lanzamiento y la primera salida oficial a terreno con el levantamiento censal en el sector rural del valle de Azapa en la ciudad de Arica Chile.

Esta primera prueba piloto ha sido gracias al apoyo técnico del INE , Fabiana del Popolo de CEPAL, Malva Pedreros consultora de CEPAL (específicamente en el diseño y revisión de la cartilla de la encuesta y su metodología), Las Oficinas Regionales de Políticas de Equidad Racial ORAPER y el apoyo financiero y logístico de La División de Organizaciones Sociales del Gobierno de Chile, el Gobierno Regional, la Municipalidad de Arica y sin duda el apoyo incondicional de un grupo humano de profesionales y no profesionales afrodescendientes. Para dicho trascendental evento se han estado coordinando invitaciones para que personas y organizaciones locales e internacionales quieran poder asistir y conocer de fondo todo este importante y ejemplar proceso que las organizaciones afrochilenas que muchas veces se ven desamparadas por sus mismos pares.

Sin duda este trascendental evento marcará uno de las acciones claras y reales para el estudio y negociación de la inclusión de la variable afrodescendiente en el censo nacional 2010, que se suman a otros planes de acción que se están llevando como por ejemplo el proyecto de Ley que nos reconoce como una etnia mas en Chile, que fue presentado ante la Cámara de Diputados en donde uno de los artículos detalla la obligación del Estado en incluirlos en los censos nacionales y otros específicos donde los afrodescendientes estén involucrados.

Próximos desafíos.

Si bien somos conscientes de que es necesario seguir realizando otras pruebas y estudios para poder convencer al gobierno de chile la importancia de la inclusión de la variable afrodescendiente que fue oficializado por el mismo gobierno de Chile a través de la directora nacional del INE en el acto inaugural del evento de CEPAL en el mes de noviembre y que hoy sus discursos han cambiado ya que hoy dicen que se “está estudiando la posibilidad de incluir la variable afrodescendiente en el próximo censo nacional”.
Es importante destacar que el éxito de esta primera prueba piloto del 24 de octubre marcará la pauta para los próximos desafíos como son;

• La realización de una prueba piloto a nivel regional en donde están ubicados en su mayoría las familias afrodescendientes, proyecto que está pre financiado por medio de un compromiso formal que el gobierno de Chile hizo con las organizaciones afrochilenas y que hoy está detenido. En esta prueba piloto, el INE tendría un rol de responsable en su organización y levantamiento.

• La realización de otros estudios en lugares de la capital de Chile, Santiago, apostando específicamente por la “Afro-Migración”, fenómeno social que hoy en se ha incrementado considerablemente demostrado viviencialmente en la capital la gran presencia de hermanos y hermanas afro, especialmente de Colombianos, Ecuatorianos, Peruanos, Centro Americanos y Caribeños. En la cual la gran mayoría se están radicando definitivamente obteniendo la nacionalidad y residencia, y más aun la constitución de familias con personas chilenas donde como resultante de esta han estado naciendo afrochilenas nacidos en estas tierras.


Fuente: Cristian Báez Lazcano.Coordinador Gral. Prueba Piloto de Población Afrodescendiente

lunes, 28 de septiembre de 2009

THOMAS STANFORD DISERTA SOBRE ISMAEL AÑORVE, MÚSICO TROBADOR DE CUAJINICUILAPA

(septiembre de 2006)

Thomas Stanford es uno de los estudiosos más meticulosos y puntuales del son mexicano, y del corrido; sus investigaciones son piedra fundamental de una serie de estudios posteriores que ponen de manifiesto la diversidad de la música popular mexicana y la importancia de las culturas regionales o locales. Su labor ha enriquecido los fondos musicales del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), del Instituto Nacional Indigenista (INI), de la Dirección General de Culturas Populares y de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

En un homenaje que realizó el INAH el año pasado, Marina Alonso Bolaños, investigadora de la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia, señaló que "Stanford se ubica como parte de una generación crítica que buscó abandonar los viejos postulados de la música mexicana, para romper sin duda con los estudios de corte decimonónico. Los momentos sociales de la ejecución musical observados por él lo llevaron a determinar la manera en que se relaciona la manifestación identitaria: el sonido es el sustento y a la vez expresión de un pueblo”.

En la visión de Stanford, la tradición española tiene un peso importante en la música popular mexicana; además, Stanford postula que “las relaciones culturales entre los diversos grupos socioculturales que han convivido en México deben ser entendidas en términos de una interrelación constante”. En consecuencia: “Los caminos de estas expresiones no van en un sólo sentido, sino siempre en ambos. Es decir, que si las culturas dominantes han influido en la vida de los grupos dominados, estos últimos han hecho lo propio en las costumbres de los primeros”. En este sentido, la aportación de Stanford puede condensarse en una idea: la conceptualización de la música popular mexicana; es decir, “la posibilidad de construir conocimiento acerca de ello”, en palabras de Alonso Bolaños.

En septiembre de 2006, Stanford dio una conferencia en Cuajinicuilapa sobre el músico Ismael Añorve, cuya obra ha trascendido los límites regionales, siendo estudiada incluso en cursos sobre música popular mexicana en universidades estadunidenses y grabada por el INAH y por musicólogos como Eduardo Llerenas. Ismael Añorve fue, además, maestro de músicos de la Costa Chica y su presencia es tan vívida que en diversos festivales de la costa oaxaqueña se continúan cantando sus canciones.

La primera vez

Es la segunda vez que estoy en Cuajinicuilapa. La primera fue en 1962, hace cuarenta años, y hasta ahora he vuelto aquí, por una segunda vez. Lo digo casi con pena, porque mi suegro era de San Nicolás. Cuando yo vine aquí en 62 tenía la intención de llegar a San Nicolás, nada más que hubo un encontrón entre dos gavillas, con un saldo, según me acuerdo, de 17 muertos. Todo mundo andaba armado aquí. El que menos tenía, tenía machete. Y yo decidí abandonar la región, nunca llegué, nunca he llegado a San Nicolás. Tengo referencias de San Nicolás desde casa y desde Tixtla, Guerrero, y desde varias partes, pero hasta ahora no he llegado. Mi suegro era Florentino Hernández Cisneros, un sargento del ejército mexicanos, domador de caballos.

El contacto con Ismael Añorve

Cuando llegué aquí, había tenido referencias ya, por parte de los hermanos Vargas de Ometepec, de Moisés y Juvenal Vargas; ellos me mencionaron a don Ismael, y como era mi costumbre en aquellas fechas, siempre llegaba a los pueblos con cartas de presentación, y en Ometepec pedí una carta para llegar aquí, a Cuajinicuilapa, una carta para las autoridades, y la presidencia me recomendó con Ismael también. Y yo estaba, pues, entusiasmado pues sabía que Ismael era músico de cierto renombre. Estuve en su casa aproximadamente diez días. Fue una estancia un tanto limitada. Don Ismael no quería que saliera yo de la puerta de su casa de noche. Me acuerdo que estaba atardeciendo mi primera noche aquí, y don Ismael me dijo: “No salga usted de la puerta de esta casa, de noche”. En ese momento llegaba una niña, tal vez de ocho o nueve años de edad, de diez años de edad, y él la señaló con el dedo y me dijo: “¿Ya ve usted a esa niña? Ella tiene su seguro de vida en casa. Si alguien quiere hacerle algo a ella, tiene a sus parientes que le respondan, pero usted no tiene a nadie, no salga de la puerta de esta casa de noche”. Así que, durante mi estancia aquí, no trabajé con otros músicos más que con Ismael.

Durante su conferencia, Stanford reprodujo varias canciones que él grabó a Ismael Añorve, en 1962, y después de cada una de las piezas hizo comentarios sobre ellas.

No vuelvo a amar

¿Dónde han escuchado este bolero con este estilo? Aparte de que don Ismael, con una interpretación impecable, no se equivoca nunca ni una sola nota, se está acompañando y requinteando a la misma vez. No he encontrado otro guitarrista, en cincuenta años de andanza en la República, que hiciera esto. Salen algunas armonías un poco raras, hay notas adicionadas, pero que no son disonantes, contribuyen, me parece, al efecto total. Está tocando este bolero como si fuera una canción habanera, y yo no tengo idea de dónde aprendió Ismael a tocar en estilo de habanera. Yo, en mis andanzas en la República, he grabado tal vez una media docena o un poco más de canciones habaneras, pero dos grabé con Ismael. ¿Cuál es la diferencia? Son más lentas estas canciones habaneras que el bolero común, tienen un compás que los músicos de conservatorio llamamos tempo rubato, que es un tempo muy lento y muy flexible, se detiene y se adelanta cada rato el compás. Y, cosa que casi nunca se comenta respecto a los repertorios románticos, es el contenido de la letra, porque el son es sobre amor. Yo pienso que, a la mejor, la razón por la que el son ha sobrevivido desde la edad media en Europa, es porque es un rito de paso, un rito de fertilidad. “Que las muchachas… no estoy engreído con ninguna en particular, que se formen aquí por este lado, que pase la primera, no hay ningún engreimiento con ninguna en particular”. Pero en estas canciones románticas, se cantan los sufrimientos del amor, la que se fue, puñalada en el pecho, cosas por el estilo, un estilo que podríamos caracterizar como lúgubre, ¿no? Un estilo tristezón.

Tus desprecios

Acompañamiento de canción habanera. Hay hasta una sopa de dominó en esa grabación. No me fue posible lograr que se parara ese juego que había en la puerta de su casa. Don Ismael, por lo que vi, pasaba la vida, y eso me platicó él mismo, que pasaba su vida entre su hamaca en el primer cuarto dentro de su casa y la mesa de dominó en la puerta de la casa. Y ese juego no se paraba durante todo el día, solamente de noche se paraba, y en la mayoría de las grabaciones que hice con él hay ruido de ese juego, que era sobre una mesa de corona o de coca-cola o alguna marca refresquera, tal vez, que era de esmalte sobre metal. Así que, los jugadores azotaban sus fichas sobre esa cubierta y ese es el sonido que se escucha en las grabaciones.

Negra, ¿dónde están los lazos?

Grabé con don Ismael nada más una chilena, Negra ¿dónde están los lazos? El nombre creo que lo puse yo, pues, cuando no había otro nombre… Porque en aquellas fechas había un repertorio de melodías y un repertorio de coplas, y las coplas que se ponían con la melodía del no eran de asociación fija con la melodía, así que lo mejor que podía yo hacer, por lo general, en estos casos era, cuando no me daban nombre de chilena, era poner la primera línea de la primera copla como nombre, que es el caso aquí.

Creo que su estilo de don Ismael no es lo mejor para la chilena. Creo que el acompañamiento es un poco pesado para chilena. Es, por lo menos, una percepción mía. Y don Ismael no quiso tocar más chilenas que ésta y otra que él cantó una copla y otro compañero cantó las demás coplas; algo desafinado, el compañero; así que no utilizo esa grabación. La copla sobre el caballo [Mi caballo se cansó,/ no le compraré una vara./ Como anoche no cenó,/ cada noche se me para.] es muy característica del humor de don Ismael, y por la misma vena tengo un corrido, que es el Corrido de las tres cuadrillas. Desde luego, esas tres cuadrillas existen aquí, están a la orilla del mar, como dice el corrido. Este es el tenor del humor de don Ismael, que quede así expuesto con esos dos ejemplos. Lo que creo que es su mero fuerte es el corrido, y tengo otros corridos de él, uno que es, por lo que me platican, bastante conocido por aquí, pero creo que la versión de don Ismael es diferente a la que está corriendo por aquí por la región, es el Corrido de don Juan Rodríguez Chanito.

Corrido de don Juan Rodríguez Chanito

Es una tragedia este corrido, y el compás lento que emplea don Ismael señala lo mismo, pero no canta los corridos como los corridistas más tradicionales, como los de estirpe zapatista, que generalmente empiezan lento y dicen que es una tragedia, y luego aumentan el compás, y luego al final, casi siempre, el corrido termina con varias coplas, en un compás lento. Don Ismael mantiene el compás durante todo el corrido. ¿Dónde aprendía estas cosas? La única referencia que tengo yo… No me acuerdo que don Ismael me haya dicho que tenía una colección de hojas sueltas de principios del siglo pasado, pero… conocí a Ismael Hernández, que era un músico de dotes considerables, creo que nativo de Ometepec; lo conocí como empleado de Recursos Hidráulicos en el pueblo de Xochistlahuaca, en el año de 83, y Ismael Hernández me cantó el Corrido de Adán y Eva y me dijo que la versión que cantaba era de don Ismael Añorve, y que don Ismael había aprendido la letra de una hoja suelta y había puesto una melodía que ya conocía a la letra para hacer el arreglo que Ismael Hernández me grabó. No grabé ese corrido con Ismael Añorve y, hasta ahora, no encuentro a nadie que se acuerde de haber escuchado ese corrido con don Ismael Añorve tampoco.

Otras canciones

Para terminar quisiera dos canciones, probablemente aprendidas de publicaciones del siglo XIX, se me hace. Hubo revistas publicadas en el siglo XIX que venían con letra y música, generalmente arreglos para piano, y el estilo, por ejemplo, de las dos canciones habaneras que escuchamos es más o menos lo que ha de haber sido el estilo del siglo XIX. Refiero esto porque, por lo general, esas canciones habaneras tenían una sección en otro compás, a la mitad de la canción, y ambas de éstas que escuchamos, No vuelvo a amar tiene una sección en modo mayor y tiene el compás más constante, y Tus desprecios tiene esos tres compases en tres tiempos, que son más rápidos esos compases que los demás de la canción.

Tengo que grabé con él dos canciones más que no son habaneras; la primera de éstas es He venido con júbilo ignávido. Esta es, creo, la canción esdrújula con más esdrújulas por minuto que ninguna que he grabado. Casi todas las líneas de la copla de la canción tienen dos esdrújulas. “Ignávido” es una palabra inventada, porque la palabra que existe es “ignavia”, que quiere decir pereza; así que, júbilo ignávido ha de ser un júbilo flojo, júbilo poco jubiloso. Tiene una entrada que también usa para corridos. Es una costumbre común de los corridistas usar las mismas entradas para los corridos y las canciones. Otra canción, El portero, la escena improbable del portero llevando un mensaje de amor a la amada que está en la planta alta del edificio.

Dudo que se hayan aburrido con tan hermosa música. Tengo la aspiración de que estas grabaciones se editen en un disco comercial; tal vez tengamos la suerte de ver estas grabaciones en un disco comercial.

Al final de la conferencia, Stanford regaló a los organizadores una copia en disco compacto de diez de las grabaciones que hiciera a Ismael Añorve con el propósito de que fuera difundida entre la población, de modo gratuito, para acrecentar el conocimiento de la obra de este músico, de quien se sabe era visitado por Álvaro Carrillo y Óscar Chávez, entre otros.

Algunos asistentes a la conferencia hicieron preguntas a Stanford sobre algunos temas de la cultura local; sus respuestas, polémicas algunas, no se hicieron esperar.

El origen de la chilena

Cuando vine a la región encontré un estilo de acompañar las chilenas que se le decía huapango, y yo grabé chilenas que me decían que eran huapangos; también había huapangos que no eran chilenas; había un repertorio reducido. Ya sabemos, gracias a la investigación de Moisés Ochoa Campos, embajador de México en Chile durante varios años, quien publicó un libro que se llama La chilena guerrerense; él pudo documentarlo, resolvió definitivamente cómo es que llegó la chilena a México: llegó con una armada, mandada de Sudamérica, al mando del almirante O’Giggins de Chile, en apoyo a la guerra de independencia de México. Llegó esa armada al puerto de Acapulco en el momento cuando había llegado la noticia, en 1821, de la independencia lograda de la República Mexicana y había celebraciones callejeras en el puerto, a las cuales se sumaron los marineros chilenos, bailando lógicamente lo que sabían bailar, la cueca chilena. Y ésta es, al parecer, la primera vez que la chilena pisó tierras mexicanas. Y éste es, hasta donde sabemos, a estas alturas, el origen de la chilena en México.

Bailando y tocando chilenas

¿Cómo es que se debe bailar la chilena y cómo es que se debe tocar la chilena? Pues, varía de pueblo en pueblo. Yo me acuerdo que en mi primer trabajo de campo en la Costa Chica de Oaxaca, que un músico decía que en Huaspaltepec tocaban la orquesta la chilena de otra manera del estilo de Jamiltepec. Y le pregunté: “¿Y cuál es la diferencia, maestro?”. Y se lo pensó un momento y me dijo: “Pues, es que en Jamiltepec, al bailar damos vuelta a la mano izquierda y en Huaspaltepec a la mano derecha”. Y un músico de conservatorio diría que esto no tiene nada que ver con música, esa definición de chilena. La verdad es que, mundialmente, la música es un ghestald, es parte de un contexto total, es decir, que la música no es nada más el sonido. Yo [no] me canso de decir a mis alumnos “la música no es nada más sonidos en los aires”. Yo creo que el antropólogo puede decir más que el músico de conservatorio, la mera verdad. Porque la música es un todo, es el contexto, es la forma de bailar, la forma de vestir, los instrumentos empleados, su construcción, la encordadura. La música es muchas cosas. ¿Cómo se debe bailar la chilena? No me atrevería a decirlo hoy, y creo que nadie debe tratar de dictaminar cómo debe ser.

La herencia africana, una más

No he recorrido todo lo que hay por recorrer. He pasado cincuenta años recorriendo unos cuatrocientos pueblos, no sé cuántos. He investigado en veinte estados y entre veintitrés etnias, y queda mucho por hacer. Yo tengo problemas con los planteamientos que yo escucho sobre la negritud en México. Yo creo que debemos estar conscientes de que los negros llegaron con los españoles de España, que los moros eran negros y que el asunto es mucho más complicado de lo que creo que muchos han planteado. Yo estoy enteramente en desacuerdo con la investigación de Aguirre Beltrán, quien, según estoy informado, ni siquiera pisó estas tierras cuando escribió su libro Cuaji… Cuijla. Pero hizo buena investigación de archivo, pero no buena investigación de campo. Creo que hay mucho que hacer, nadie ha dicho la palabra definitiva al respecto. Como mencioné, mi esposa era morena, su papá era de San Nicolás, pero de que fuera mi esposa portadora de cultura africana, pues, yo no lo veo, yo no lo entiendo, pero… hay mucho que investigar. No me atrevería yo a decir, a intentar de decir una palabra definitiva al respecto.