sábado, 11 de junio de 2011

Juan Bernal, músico por sí mismo

UNO

Nos recibe en su casa, en Montecillos. Casa de jaulilla. Primorosa casa, la de Juan Bernal Candela, músico de guitarra y acordeón. Hombre generoso. Elegante, es Juan, tiene lo que se suele llamar don de gentes, es gentil. Y de charla fácil: se le da la palabra, como se le da la música. Conocí a Juan Bernal tocando en alguna de las innumerables e intermitentes cantinas de Cuajinicuilapa, en compañía del fallecido Ildefonso Foncho Rendón Mayo. Ellos habían tocado juntos en varias grupos, pero lo que a mí me gustaba era su pertenencia a un proyecto entrañable, el de Los Cimarrones.

Los Cimarrones, de San Nicolás, grabaron en 1985 un disco Long Play o LP, producto de un taller de música que impartieran “los viejos trovadores afromestizos” Eustaquio García, Wenceslao Habana, Wenceslao Noyola, Eliseo Cisneros, Luis Petatán, Emilio Petatán y Pedro Hernández. En ese disco, el querido Juan Bernal canta Traigo una flor hermosa y mortal y Filadelfo Robles, además de acompañarse con Tiburcio Bucho Noyola en el Corrido de los zapatistas de San Nicolás. Sólo estos datos son suficientes para justificar esta entrevista, pero, por justicia a su largo quehacer artístico de este creador criollo, en lo sucesivo serán aportados, en función del desarrollo de esta entrevista, o nos los irá platicando él.

-¿Quién te enseñó a tocar, el acordeón, la guitarra? ¿Cómo aprendiste?

-Mi cabeza. ‘ira. Nadie me lo cree. Yo… a mí no me enseñó nadie a tocar guitarra, a tocar esto [el acordeón] no me enseñó nadien.

-Pero, ¿cómo supiste que había guitarras?

-‘ira, la primer vez, yo me fui de aquí a Acapulco y, ya estaba como de unos 14, 15 años, y allá vivía un tío en La Laja, arriba del cerro. Entonces, allí salían dos, tres chavos en la noche, a tocar, al callejoncito ese, a divertirse con su guitarra. Y me le acerco una noche. Le digo [al de la guitarra]: Oye, acompáñame un corrido. Yo… me gustaba cantar, pues. Acompáñame un corrido. Me dicen: Sí. A ver, tararéale. Y les empecé a cantar. Oye, dice, cantas bien, te sabes acoplar. ¿Sabes tocar? Le digo: No. Yo he de queré’ aprender. Ajá, y le digo a un amigo, le digo: Enséñame, ¿no? Una postura pa’ corrido, le dije yo. Dice: . Me da, un requintito cargaba allí. Dice: ‘ira, ponle el dedo aquí, el otro aquí. Y ya, empiezo yo: ran-ran-ran. Yo, como conocía varias canciones. Ora sí que me daba la idea de cómo iba la canción, ¿no?, qué clase de música era, y le fui dando. A ver tal canción: se oye así, y así empecé. Y que me dice: Oyes, va’ a aprendé’ a tocar. Digo: ¿Tú crees? Dice: . Ajá. Se enfadaron, y de allí se fueron. Otro día regresaron, en la noche… Siempre, como las siete, las ocho de la noche, ya estaban más allí. Todas las noches, era su costumbre de ellos. Y voy más, y le digo: Oyes, ¿me prestas tu guitarra? Dice: Sí, hombre. A ver si no se olvidó la postura que te di. Y la agarro, y ya le pongo… Creo que aquí, me dijo, y la empiezo a sonar. Y me dice: Sí, allí es, dice, así es. Ajá. Hasta se me hizo ámpula en este dedo. Ya, después, se fueron ellos, ya no les dije nada. Digo: Es mucho está’ molestando a este amigo.

Yo trabajaba en una compañía que se llamaba La Iasa, andaban arreglando las calles allá por Morelos, pa’ allá, pa’ esa colonia. El sábado salí, rayé y salí, y me acordé que en el mercado ‘bía visto unas que ‘taban allí colgadas, de venta, pues, y ahí voy. Gua comprá’ una, ¿no? Llego yo, a ‘onde estaban las guitarras, y estaba un amigo tocando con una guitarra. Él le podía, pues. De las nueva’, que’staban allí. Y al ver que estaba ojoteando los guitarras, dice: ¿Quieres alguna guitarra? Digo:. Dice: Mira, esta está buena, suena bonito. Corrientona, la guitarra, pero sí sonaba bonito. Y que, ya, le digo al dueño: ¿Cuánto cuesta eso? Dice: Treinta pesos. En ese tiempo… fue como en el setenta y… No, fue más atrás todavía, sí, fue más atrás todavía. Algo así como en el setenta, setenta y dos, algo así, en ese tiempecito. Sí, como en el setenta o setenta y dos. Treinta pesos me costó la guitarra. Se la pago. No le dije: Te doy veinte, veinticinco, no, ahí ‘tán los treinta…

-No le regateaste…

-No, porque yo quería ese instrumento. Ajá, y me fui a mi casa con la guitarra, ¿no?, allá ‘onde yo estaba, ‘onde mi tío. Y en las tardes, yo iba [a] veces que me afinaran, los chavos, esos, sí. En ese tiempo estaba triunfando el Acapulco Tropical. Mi negra ven a bailar/ al ritmo de este conjunto… Acapulco Tropical. Cum---cum-cum-cum-cum-cum-cum. Así que me gustó ese ruidito, y ahí estoy, ahí estoy, ahí estoy. Y ya me salía, yo, a la andador, a ‘onde se ponían los muchachos también. Y decían las chamacas: Ve, ya el moreno puede tocar, toca como el Acapulco Tropical. Así, pues, porque yo le quería hacer esa figura, pero no podííía, yo, no’más estaba… Porque así empezaba esa cumbia…

Después, me dijo un amigo: ¿Sabes qué? Cómprate un método. ¿Querej aprender a la música? Cómprate un método, y con eso vas aprender. Digo: Y eso, ¿qué cosa es? No, pues, un libro, dice, donde están todas las notas de la música. ¿Y a dónde lo encuentro, eso? Dice. Vete al mercado, en la papelería, dice, ahí lo vas a encontrar. Sí, l’otro sábado me voy, allá. Lo pedí, y sí me lo dieron, me lo dieron el método. Y con eso…

-Pero sí sabías leer y escribir, ¿no?

-La verdad, yo no fui a la escuela ni un ratito, por diosito santo. Aquí está mi mamá que, a veces me dice…

-Te regaña…

-No, sino que ella está confundida, porque dice: ¿Cómo fue eso, que tú te enseñaste, que nadie te enseñara, aprendiste a tocar, nadie te enseñó? Y sí, pues, a no me enseñó nadie.

-De oído…

-‘ira: una cosa increíble. Me iba yo, veces, allá en Acapulco, a donde hay mariachis y músicos, así; me iba yo a oírlos, y quédate pensando nomás que ese ruido, ese ruido me lo llevaba yo, el ruido que me gustaba, pues, cómo le hacían a la guitarra, me lo llevaba yo. Juíjate, tanto ruido de carro, y todo eso. Y yo pensando en eso. Decía: No, pues, este ruido lo oí yo así, así, y llegaba a la casa y me ponía con la guitarra, a buscarlo, hasta que, más o menos, me salía. Y así, a mí no me enseñó nadien en la guitarra. Ese amigo fue la primera y la última que me dijo. Se llama Choso, y vive, ese amigo. Después, al poco tiempo, como a los diez años o más, creo, lo vi a ese amigo. Ajá. Le toqué la guitarra, y dice: Oye, aprendiste mucho. ¿Cómo le hiciste, aprendiste mucho? Yo ya ni me acuerdo de… Sí. Y la verdá’, no porque…

-Así aprendiste a tocar la guitarra; ¿y el acordeón?

-Igual, igual. Cuando yo tocaba con Los Alegres de la Costa, en el grupo… Si uno ya sabe de la guitarra, puede aprender cualqu’er estrumento. Con el acordeón, como está afinado, ya nomás, de saber acolocar los dedos, de buscar las notas, pues, ‘ónde va una, ‘ónde va otra.

Juan Bernal Candela tiene dos acordeones, de teclas y de botones.

-Cuando yo me organicé con el grupo de Los Alegres, le compraron los aparatos a Sergio [Sandoval, de Luces del Mar]. En ese tiempo, treinta y siete… Yo recuerdo como si ahorita fuera sido… Treinta y siete mil pesos, el equipo completo, pero, menos el acordeón. Entonces, el pariente Leonel… Tal vez conozcas a Adalberto Cruz, uno que carga una pasajera de Llano Grande La Banda. Gasolina, le dicen de apodo. Ése anduvo con Luces del Mar, anduvo de acordeonista. Él le vendió un acordeón a Leonel, un acordeón verde. Pero el pariente no le pudo; quería él ser músico, pues, pero no le pudo porque, así, con un dedo… [Toca uno de sus acordeones, con un dedo] ¿Qué nota vas a sacar con un dedo? Y se enfadó. Le daba y le daba y le daba, y se enfadó, nunca le pudo. Entonces, después, le dice a Fau’tino: Yo, la verdá’, no le pude a eso, ya ves, ya tengo mucho tiempo y ya es pa’ que pudiera. Búsquenle ustedes. Órale. Y ya, se puso Fau’tino, y de vez en cuando se descuidaba, pero… También, fíjate que eran un poco egoista’, me decía: Pariente, a ver, ¿usté’ le podrá a esto? Le digo: Pues, yo no le he tocado, pero, a ver, préstemelo, a ver qué. Sí, ya luego, pues, como en las blancas es Do mayor, si usas todas las blancas es Do mayor. Le jallé, y empiezo, tal canción, y así, así, así. Fau’tino quería ser el… y yo me lo gané porque, allí, yo me daba la idea, cómo, pues, el acordeón, allí. Le busqué, le busqué, le busqué.

-¿Has probado en otros instrumentos? Trompeta, bajo, saxofón…

-No, esos estrumentos no, pero yo siento que sí los aprendo. El otro día quería comprar uno, le dije a un amigo de Igualapa, se llama Rey. Le dije: Trae uno, porque decía que tenía dos…

-¿Y cómo te conocieron esas gentes de allá arriba, tú?

-De igualapa. El músico ‘ta como, ¿cómo te diré? ‘ta comoquiera, como esa gente que anda ‘ondequiera [Se ríe. En el aire flota dos palabras: Como güinsa], y ahí se ve uno, y si, más o menos, me gusta el juego…


DOS

En una presentación que tuvieran Juan Bernal y Foncho Rendón en la feria de Cuajinicuilapa, Juan interpretó una chilena que dice: Una vieja me lo daba/ repegada a una pader,/como’staba jor’badita/ no se la pude me… puse a jugar con ella, etc. En este punto de la entrevista le recuerdo a Juan esa anécdota y le pregunto por su reticencia a cantar esa canción.

-¡Ahhh! [Sonríe] Mira, te voy a decir una cosa: yo ya estoy grande y tuve una educación que creo que ahorita ya no lo hay. Ahí está mi mamá, ahí vive, y en una ocasión… yo tenía una grabadora, aquí, y que grabo esa pendejada, la grabé… eran casét… Y un día viene mi mamá, y que prende la grabadora y que sale eso, pues. Y me dice: Juan, bonitas canciones grabas ¿verdá? Y le digo: ¿Por qué? Dice: Yo oí una canción allí en tu casét, que tú la grabaste. ¿Ajá? Y yo me sentí apenado. Yo, allí está mi mamá, yo, en delante de mi mamá yo no digo groserías, porque mi educación mía fue ésa, pues. Y por eso, pues, el respeto, había mujeres…

-Y ya, aprendiste guitarra y dijiste: Ahora voy a componer una mía

-Sí. La primera que hice… Yo compongo corridos, cumbias, boleros y tengo varias canciones que no las he grabado todavía. Hubo un tiempo en que me trató mal el gobierno. Y le hice un bolero.

Agarra su acordeón y comienza una melodía, una tonada melancólica, como el tono de la voz de Juan: Yo bien recuerdo el día en que fui sorprendido,/ una mañana antes de salir el sol,/ era el gobierno el que me estaba esperando,/ me echó en su carro y a Acapulco me llevó…

-‘ta un poco crítico, lo que me pasó a mí, pero, no lo debo, no lo hice y, pues…

-¿Y qué te achacaban?

-Lo que pasa es que, aquí, un tío era malilla, y secuestraron a Eudocio Pastrana, y pensaron, tal vez, que yo también había ido, pero ese amigo fue con unos juchitecos, huehuetecos, y como él aquí estaba, y en la calle… como era mi tío… y yo tomaba, pues, entonces. No, que: Vamos pa’ca, vamos a echalo’ una’ cerveza’. Y yo una vez le dije, le digo: Oye, pero tú no trabajas, ¿’ónde jallaste dinero, tú? No, es que cuando me vine de Acapulco no’ quedaron a deber y fimos a cobrar. Y hubo una boda, creo, que se casó un muchacho, y compraron zapato’, compraron ropa… un billete. Y hasta después, pues, me di cuenta, y digo: ¡Ahhh! Y eso fue lo que… Aquí, mencionaban mucha gente, y de aquí me agarraron a mí, ‘garraron un tío, a su hermanito de Vitorio Hernández, a Chote, Agustín, pero ninguno de ellos no fue, este amigo fue con otros de Huehuetán o de Juchitán, no sé de ‘ónde chingao eran, y los ‘garraron a esos amigos, y me agarraron a mí también. Según, me acobijó esa vaina, pues. Pero no me comprobaron nada. Aquí me chingaron, allí, donde está la escuela; de allí, yo pensé que me llevaban a Ometepé. ¡No! ¡Cuál Ometepé! Hasta Acapulco me llevaron, mero a la zona melitar. Me tuvieron veintiocho días detenido, no se presentó nadie, no hubo… Ajá, y cuando aquí me golpearon, un soldado de aquí se fue hasta allá. Él oyó la investigación, cuando me estaban chingando, porque ‘tan golpeando a uno y le están preguntando, pues, cosas, y lo están escribiendo, todavía. Ya cuando me bajaron allá, se van los demás pero se queda él conmigo, pero ya dentro de la zona melitar, se van lo demás para allá y se queda él conmigo, y me dice: Moreno, no tengas miedo, no te pasa nada, dice. Nada más no vayas a decir otra cosa, lo que dijiste allá, eso di, y no te va a pasar nada. Digo: Todos son iguales, son los mismos. Pues, ¿ya qué?, ya me tienen. Así es que sí… Ese día, a otro día, a otro día, como a las doce de la noche, me hablaron: A ver, párate. Me paro. Salte. Me subieron arriba de un carro. Digo: Me van a matar ya. Y ahí me llevan. Yo, como a Acapulco lo conozco… Como que íbamos, así, rumbo a la Costa Grande, pa’llá. Pa’llá más oscuro, más oscuro. Digo: Sí, me van a matar, ni modo, pues. Ahí me dicen: No te vas a tirar del carro, ¿eh? Digo: No, no, ¿por qué me voy a tirar? No, pero más para allá ya empiezo a ver lucecitas y más lucecitas… Me llevaron, a ‘onde está… ora sí que pa’ sentenciarlos, a la grande, pues. Entonces estaba por allá, donde estaba la zona de mujeres, antes, pa’llá, aquel lado, estaba la cárcel grande, pero no nos metieron donde están lo sentenciados, donde están los detenidos nomás. Veintiocho días, ‘tuve yo.

-¿Y a los otros?

-No, los que hicieron el hecho no los ‘garraron, se llevaron a puros inocentes.

Juan Bernal nos muestra varios discos de su colección. En el titulado El indio costeño aparecen algunas composiciones suyas; el grupo se hace llamar Los Bullangueros, y fue hecho en 2005. En él viene un bolero de su autoría, dice Juan.

-¿Cómo se llama ese bolero?

-Para no pensar cosas tristes.

-Y, el arreglo, ¿quién se lo hizo?

-Yo, solo, aquí.

-¿Quién te enseñó a hacer arreglos?

-Dios, y la cabeza. Sí, porque, como ves, yo vivo solo. Mi esposa me dejó, ya tiene más de diez años, yo vivo aquí con mis hijos. Y, entonces, me quedé analizando eso, pues. Dice: Gracias le doy a mi dios/ por todo esto que yo tengo,/ esto de saber tocar/ es con lo que entretengo/ pa’ no pensar cosas tristes/ que en el corazón las tengo. He hecho varias canciones: boleros, cumbias, rancheras, algunas están grabadas ya, y algunas no. He hecho varios arreglos de corridos. El Corrido de Melitón, yo lo hice. Juimos al Faro a una jugada de gallos, nos envitó él, juimos con Fonchito, y dice… Allá ‘onde estábamos… después de que se terminaron las jugadas nos fuimos a un restaurán de una muchacha que es de aquí, pero está en el Norte, tenía un restaurán en El Faro. Y dice: Oye, cántense un corrido. Lo que no me gusta es que siempre le hacen los corridos a los que se mueren, que ya ni los oyen. Yo ‘bía de queré’ que me hicieran un corrido pero ahorita que ‘toy vivo para oírlo, para ver lo que hay. Digo: Ah, eso es lo de menos. Dijo: Eso es lo que ‘bía de queré. Digo: Sí. Ya, fíjate, en el camino ya vengo ideando, en el camino. A pocos días le digo: Ya te hice el corrido. Sí, le hice el corrido.

-¿Cuál fue la primera canción que compusiste?

-No me acuerdo cuál fue la primera. Porque hice una cumbia de una muchacha de aquí, que ya se casó ya, ahorita señora, pues, de cuando yo estaba joven, pues. Lucila, así, le puse el nombre de Lucila. [Y canta:] El sonido de mi lira/ parece que se oye encima./ Cuando me pongo a tocar/ me acuerdo yo de Lucila.// Le digo: Lucila hermosa/ vente, vamos a bailar… E interrumpe: no la recuerda.

-Esa fue de las primeras. Morenita, esa también no está grabada [Canta:] Morenita de mi vida/ yo no te puedo olvidar,/ todas las noches te sueño,/ parece que te oigo hablar.// Qué morena tan ingrata,/ cómo me fue a abandonar./ Lo que tú hiciste conmigo/ con dios lo vas a pagar. Tampoco está grabada. De esa me acuerdo que… yo pescaba, aquí, en El Faro. Unos primos que tenía yo en El Faro… vive uno de ellos… íbamos a pescar, en la tarde, y me dice: Oyes, dicen que eres cabrón para hacer composiciones. A ver, componte una canción ahorita, a ver si es cierto. En el mar, así, sin nada, nomás a puro pensamiento. Me acordé yo, yo tuve una muchacha aquí, se fue, me abandonó. Se llama ella Martina Quiterio, de San Nicolás… y que me pongo. Ahí vamos, y cuando íbamos, pa’l Cirgüelo, ya cuando íbamos a medio camino en el agua, iba pensando. Y ya, más allá, que se la empiezo a cantar. Dice: Oye, sí es cierto, entonces.

Mientras no me doy a la tarea, pues no, pero si alguien me dice: Oye, componme un corrido. Tengo un corrido de un amigo de acá, de Tapesla, Rufino Prudente, quizás lo conozcas. Y me dice: Oye, yo quiero que me hagas un corrido. Sí, se lo hice, se lo grabé. Después me dijo: Quiero que le hagas un corrido a mi suegro. Pasa esto, así y así. Nomás que ese corrido no quedó por completo, porque me dijo: No, dice mi suegro que no quiere, no quiere que salga al aire eso.

-¿No has tenido problemas con eso de los corridos, que alguien se moleste o te reclame?

-No, hasta aquí no. No, porque, mira, pasa esto: yo primero veo cómo está la forma, ¿no?, y sin ofender a nadie, porque, com’ora… Está el corrido de El Poste. Entonces, su papá se llevaba mucho conmigo. Ya murió también, Eladio se llamaba, aquí vivían ellos. Y me dice Eladio: Oye… porque, puro Cara Con Miedo nos nombrábamos nosotros. Oye, Cara Con Miedo, me dice, quiero que le hagas un corrido a mi hijo, le compongas un corrido. Ya había muerto, su hijo; ahí andaba yo cuando lo mataron. Le digo: ¿No iré yo a tener problemas con tus hijos? No, dice, tú hazlo, yo te estoy diciendo. Él fue nacido en La Estancia, y de allá en La Estancia tuvieron problemas y se vinieron aquí, porque aquí tenían un primo hermanito, Miguel García… su papá de El Poste… entonces, ya, le dieron solar por allá, en la orilla, y allá hicieron su casa. Aquí andaba él, aquí… mi mamá, ya es tiempo que vende bebida… aquí venía él a tomar, pero, muy buena gente, ¡hombre!, no se veía que era malilla. Y, otro, que compuse de Jesús Noyola, ése no lastima a nadie, porque no menciona a los que lo mataron, sino ‘ónde fue, a qué horas fue, ‘ónde estaba, ‘ónde andaba él, qué fue lo que hizo él, y todo eso.

-El que compone el corrido se tiene que cuidar…

-Sí, claro, para no tener problemas, pues, con la gente, con los familiares… Y solamente cuando el familiar, o el doliente, se puede decir, el doliente dice: No, componlo a cómo fue, quién fue y todo eso.

-Bueno, a algunos sí les interesa que se sepa lo que hacen para tener fama…

-Entonces, a toda madre, si él dice, pero si es por acá, no lo hago, porque al rato vienen por mí.

-¿Cómo se compone un corrido?

-Hay que buscar la manera… a qué horas fue, en ‘ónde estaba, qué hizo, pa’ hacer el principio, ¿no? Com’ora aquí, dice: Voy a cantar un corrido… porque estos estaban en una cantina, ¿no?, aquí, ‘onde Melitón. Entonces, el principio dice: Voy a cantar un corrido,/ que apaguen la sinfonola,/ en Montecillos, Guerrero,/ se murió Jesús Noyola,/ pero él no se daba cuenta/ que había llegado su hora… Es que él era malilla, pues, él era malilla. Luego: Jesús ‘taba en la cantina/ del señor Sabás Cisneros,/ él estaba platicando/ con la tal Reina Cisneros./ Así se supo la historia,/ así dicen los que vieron.// Por cierto, era un dos de agosto,/ se celebraba el Santiago,/ el agua estaba cayendo,/ cuando se escuchó un disparo./ Nadie vido al endividuo/ porque de af’era tiraron. O sea que ellos estaban adentro, platicando, y estos le tiraron de ajuera, pues.

-Pero, ¿tú preguntas para que te cuenten la historia, o cómo es?

-‘ira, en este caso, en ese rato, está el agua… iban a tocar, por cierto, un grupo, Sangre Latina, de Acapulco vino, y ‘ta el agua recio, ya no pudieron tocar, por la fiesta de Santiago. Entonces, viene un primo y me viene a hablar a mí. Primo, este, dice Tejón –que era Juan García, que ya murió–, que vaya y que lleve su guitarra, porque los del grupo ‘stán tomando allá, anta Cupe, ya no van a tocar, y traiga un acordeón para que tú le acompañe’, quieren tocar corridos, nomás, que un guitarrista le acompañe. Digo: No, qué voy a salir. El agua estaba bien recio. Digo: Yo no tengo nailo, y luego, si mojo mi guitarra, se daña, pues. Le digo: No, no voy. Me dice: ‘mano, fíjate que pasó una de mala, mataron a Jesú’. Menos salgo, menos salgo. ¿Y quién lo mató? No, que Julano. Digo: ‘arajo. Si luego se supo, nada más que yo no lo quise mencionar porque aquí lo tenía yo, así es que no, aquí lo tenía. Y con ese pretexto, que fue de ajuera, nadie lo vio. Digo: No, pues, así sale bien, de que nadie lo vio, quien fue el que lo mató.

-Pregunto de nuevo: tú no viste.

-No, te digo que yo estaba acostado.

-Pero, ¿quién te platicó o cómo le haces tú para saber? Porque, a la mejor, yo vengo y te digo: Pasó así y así… y pasó de otro modo.

-Sí, lo que pasa es que hay que asegurarse con gentes que vieron, sí, pa’ hacer eso, en gente que está en el momento, ¿verdá?, de cualqu’er cosa que sea, que se encuentra presente, pues. Hay que envestigar, por acá este lado y por acá este lado, a ver ‘ónde está la verdá, ¿no? Com’ora yo, los corridos, las historias que hago, necesito saber ‘ónde está la verdá. Sí, porque hay algunos que le agregan, y no, pues. Un día, uno de Tecoyame lo oye el corrido de Jesú’, y me dijo: Oye, está exactitamente; tú, ¿que andabas tú detrás de ese amigo, que te diste cuenta de todo eso que hizo? Digo: No, pues, la gente dice, la gente dice. Veces no le dicen al que no le interesa, pero, a otra gente le platican.

-Bueno, ya tenemos el principio, y lo de en medio, lo que se cuenta; y, ¿cómo se termina el corrido, cómo dices: Hasta aquí llegó éste?

-Me despido, o…

-Pero, ¿cómo sabes tú cuando cortarlo? Porque hay corridos muy largos…

-Nosotros, en la primera grabación que se hizo, de Prisco Sánchez, yo creo que se lleva siete minutos. Lo cantaba el finado Foncho. El de Martín Díaz. Esas historias le tocaron a ellos. Yo grabé Flor hermosa y mortal y… ¿cuál fue el otro? Ah, el corrido de Filadelfo Robles, en ese disco. Foncho cantó cuatro, Tiburcio cantó dos, yo canté dos. El disco salió de ocho canciones porque las historias ésas, el de Juan Chanito, el de Prisco Sánchez y el de Martín Díaz… No sé si esté más ampliado ahorita o esté más reducido, porque en un CD entra un montonal de canciones, pero antes no, porque antes era de tres y medio, la canción, tres minutos y medio. Y si hacías un sencillo pa’ la sinfonola, no lo terminabas, el corrido.

TRES

En esta larga charla con Juan Bernal, compositor, guitarrista, acordeonista y cantante de Montecillos, tratamos un poco la historia del nombre del grupo Los Cimarrones, de San Nicolás; también cuenta alguna anécdota sobre su pariente, Esteban Bernal, el acordeonista del Internacional Mar Azul; además, asegura que su oficio y talento, su arte, viene de herencia porque él desciende de familia de músicos empíricos y autodidáctas.

-¿Cuándo dice el corridero: Ya, hasta aquí se acabó el corrido?

-Lo que pasa es que, veces, lo que se pone en la historia, o se en el corrido es lo más importante, porque si vamos a seguir… desde que nace uno, ¿cuándo crees que va..? Se hace largo, pues, y todas las vueltas que da, ¿eh? Es mucho.

-Vuelvo a la pregunta: ¿Y cómo sabe el corridero cuál es lo más importante?, ¿qué es lo que le importa decir al corridero?

-Siempre, lo que la gente quiere saber que si era malo, era bueno, qué era lo que hacía, y veces lo más importante es donde se matan u se dijeron algo pesado. No, pues, esto es lo que dijo la persona… Se pelearon y ya que aquel fue a traer l’arma, que no sé qué. Es donde le pone más atención la gente, ¿sí? Porque, de hecho, ya ves que todos caminamos, todos platicamos y todo eso, y si vamos a agarrar desde allí sería una historia grandísima.

-¿Cómo se iniciaron, quiénes eran Los Cimarrones?

-Cuando prencipiamos el cuarteto de Los Cimarrones, yo, Juélis, eligimos a él [Foncho Rendón]… porque Tiburcio [Noyola] siempre representa que el cimarrón es él, que él es el originario del cimarrón, que el cimarrón lo puso él. Cuando ya estábamos a punto de ya grabar, me dice Jonchito, en paz descanse: Pariente, ¿qué nombre le vamos a poner al cuarteto? Ya vamos a ir a grabar y no se nos ocurre ningún nombre de ponerle al cuarteto. ¿Usté no tiene algún nombre por ahi que cree que le quede bien pa’ que se le ponga al cuarteto? Le digo: Y ustedes, ¿qué? Fueli me dijo ese día el nombre que él, según, quería poner. O sea, que propuso. Entonces, le digo yo: Mira pariente, no sé si ustedes quieran, tengo un nombrecito allí, no sé si ustedes creen que le queda bien, digo: Los Rebeldes de Guerrero. Y ahí le hablan a Miguel Ángel [Gutiérrez Dávila]. Y le dicen: Los Rebeldes de Guerrero, ¿cómo la ves? ‘tonces, viene Miguel Ángel… cargan esos diccionarios, no sé, ¿cómo se llaman?.. Y empieza a buscar. Está perfecto, dice, cimarrones es lo que contiene. Sí, dice, ése le ponemos. Y fue cómo se le quedó el nombre. Y según Tiburcio ahora, que él es el cimarrón, pero no supo quién o de dónde salió la idea de eso. Yo, no es porque yo me la quiera echar, yo, con mi i’norancia, yo le dije: Vamos a ponerle Rebeldes.

-¿Qué música te gusta, Juan Bernal?

-Yo, me llama mucho la atención la música de Bertín y Lalo, o sea, su manera de tocar. Sí, por ahí tengo unos disquitos de ellos, porque, como músico, hay algunas figuras que llevan y, pues, pa’ aprender algo de allí, ¿no? Yo compro el disco ese, lo oigo y, alguna figura que yo no sé por dónde están las busco y las encuentro.

-¿El Mar Azul?

-Sí, ahí tengo del pariente Esteban, del primo, aquí. Viene a veces, hace grabaciones y: ¿No?, pues, primo, aquí le dejo éste. En algunas ocasiones la gente se ha equivocado, por esto, porque yo, algunas personas me han dicho a mí mero: Oye, tú debes estar bien, una buena casa… Digo, se equivocan, porque, no sé, creo que la gente más humilde es la de gusto. ‘tonces, el pariente… como semos la misma raza, él aquí se crió, él, aquí, para allá, a la orilla, allá estaba su casa, de sus agüelitos… él se crió con sus agüelitos… y, él, veces, cuando está aquí, aquí llega: Pariente, ¿qué’t’aciendo? Nada. Véngase. No, pus, mira, traigo una canción que apenas la compuse, se la voy a tocar… Si no, veces llega: Vamos a Cuaji, pariente. ¿Quiere’ i’ a Cuaji pa’ ve si sacamos pa’ los refrescos? Ha ido varias veces conmigo a Cuaji.

De él, un amigo de San Nicolás me comentó que en una ocasión… éste dejó una criatura allá por Costa Grande, un amigo mío que vive en San Nicolás, pero lo dejó de meses, que no lo conoció, él se vino a vivir a San Nicolás, entonces, con el tiempo… aquel estudió y ya es maestro o no sé qué cosa, es mujer… y preguntó a su mamá: ¿Mi papá? No, pus, vive en tal parte. Y se viene la muchacha a buscar a su papá, y este amigo, le dio gusto que vino la hija a buscarlo, y le hizo una cena, envitó a algunas personas, sus familiares, y, entonces, le dice a su hermano: Oye, ve a traerme a Esteban para que le toque unas canciones aquí a mi’ja. Y entonces le dice: ¿Te gusta la música del Mar Azul? Le dice: Sí. ‘orita te voy a traer el acordeonista de Mar Azul. ¿Lo has oído? Sí. ¿Lo conoces? Sí, dice.

Entonces, se viene aquel anta el pariente Esteban y le dice: No, pus, dice fulano que vayas para que le toques unas canciones… que lleves tu acordeón. No, sí. Va él y agarra su bicicleta, ¿no? Y cuando lo vio él dice: No, pus, allá viene el del Mar Azul. Y, ajá, fíjate, la sorpresa pa’ la muchacha, porque ella dice que, según el que me contó, que pensó verlo en un auto de esos del año, y al verlo que va en bicicleta, dice: ¿Él es el del Mar Azul? Sí, dice ¿por qué? No, dice. Y, sí, ya luego empezó a tocar. Dice: Sí, su música, ésa es su música. Y sí, es lo que pasa, a mí me han dicho personas: No, tú debes estar bien puesto, tienes una buena… No, te equivocas porque el más humilde es el más [inaudible]. Sí, yo hice eso, de que ganaba mis cualilita’ y a puro echarle, a puro echarle. Ya, ahora, cuando ya me separé del vicio fue que pude comprarme estos acordeoncitos. No pensaba yo, de que: Necesito esto, no. Me iba yo, veces, terminando de tocar: Yo aquí me quedo, váyanse. Hasta donde terminara.

-Es lo que pasa. Com’ora, yo, ahorita… tal vez lo estoy haciendo un poco tarde… Estos chamacos, mis hijos no… allá está una guitarra, por acá está otra: son de ellos. Apena’compré esta guitarra, no la he usado ni una vez, no la he sacado a tocar; este es un requinto. Esto lo uso pa’ las figuras, es especial pa’ las figuras.

Juan Bernal afina su requinto y toca un corrido compuesto por él, el de Juan García, quien falleció de enfermedad. Luego, prosigue con su plática:

-Ahora sí que a mí me llamó la atención esto, y como estaba comentando hace rato que mi mamá se quedó, ahora sí que, sorprendida porque a mí no me enseñó nadie, ¿verdá? Pero esto viene por herencia, por sangre, porque, por parte de mi papá, músicos. Yo tuve un tío que fue bueno pa’l violín.

-¿Aquí mismo?

-Nosotros… es la misma raza, nomás que nosotros… yo nací en Tecoyame… Un tío que tocaba el violín, mi papá medio podía tocar y cantaba. Mi abuelo era músico. Dicen que… yo no lo conocí, ¿verdá? Dicen que en esos tiempos se usaba el bajo quinto, él tocaba ese enstrumento. ‘hora, por parte de mi mamá, esos Petatanes todos son músicos, pues. Mi mamá es de esa raza, de San Nicolás. Mi mamá es Candela Petatán; mi papá es Bernal García. Así es que eso viene de herencia de músicos.

-Pero no todos nacen músicos, porque, a veces, los hijos de los músicos no son músicos…

-No quieren, pues. Com’ora, estos chamacos… anda uno que le medio entiende tantito. Pasa eso. Fíjate, por ejemplo, Fonchito… éramos de la familia… y nosotros nos conocimos ya grande, y ahora que falleció vino el hermano de él y me dice, lo mismo que me decía Fonchito: No, pus, nosotros, Rendón, por el papá de ellos, pero por su mamá, Petatán.

CUATRO

En la persona de Juan Bernal, músico y trovador de Cuajinicuilapa, se intersectan y matizan dos tradiciones: la del griot y la del juglar. El primero tiene su origen en la África sudsahariana, y es un contador de historias y de noticias, músico, genealogista, entre otras características. El segundo tiene su origen en el medioevo europeo; también es un contador de historias, y músico. Ambos andan de pueblo en pueblo contando y cantando, a veces las historias propias, a veces las de otros, antiguos y modernos, cuyos nombres se olvidan pero sus recursos se definen, se decantan, como se decantan sus letras hasta llegar a la terrible perfección. Estos artes vienen de siglos, y se amaridan en este territorio, la Costa Chica, teniendo como espacio físico y espiritual la matriz indígena, para legarnos un arte criollo rico, auténtico, emocionante, apasionante y felizmente vivo, como puede constatarse en el corrido, el bolero y la cumbia, por ejemplo, y, por supuesto, la indispensable chilena.

Juan es un músico de ésa tradición, la local, la criolla, la nuestra, la de él, la propia, y pertenece a una cultura de resistencia, la que nació de la experiencia de colonización que vivieran tanto los esclavos negros africanos que fueron traídos por los castellanos y españoles para explotar estas tierras que despojaron a los indígenas, a los indios –plural de amuzgos, mixtecos, nahoas, yopes, ayacaxtlas, etc. –, quienes también sufrieron esas misma experiencia, hecho que los hermanó, además de hermanarlos el maridaje físico de indios y negras y de negros e indias, como hasta la fecha sigue ocurriendo.

Hubo otro factor común, además de la horrorosa experiencia de la colonización: las cosmovisiones de negros e indígenas eran parecidas, ambas animadas por lo que los europeos llamaron panteísmo. Y esto puede observarse, por ejemplo, en los conceptos del tono y del nagual, que muchas de las veces se confunden, se hacen uno, hermanan a aquellos. De ese linaje viene Juan Bernal, con quien también conversamos del arte de la composición de canciones, y nos canta una de sus cumbias, dando por terminada momentáneamente esta conversación.

-¿Cuántas canciones has compuesto, Juan Bernal?, ¿unas cien?, ¿más?, ¿menos?

-Yo, la verdá, menos, he compuesto… ni con las que no he grabado ni que… más o menos unas cincuenta, más o menos, pero más no son. Lo que pasa es que, com’ora’veces, me dan la tarea, me dicen: Oye, hazme este arreglo… Pero, así nada más. No, veces me dicen: Oyes, componle el corrido a julano, que pasó esto y esto. Pero necesito saber, pues.

-Y, ¿pagan por componerles corridos?

-No, a mí no me ha pagado nadie. No, no.

-Bueno, hay grupos que buscan quien les componga…

-Lo que pasa es que el músico, el artista, se puede decir, que ellos hacen el arreglo musical nada más, el arreglo musical, que la letra se las pasan otras personas, las escriben otras personas. Com’ora, por ejemplo, ‘tamos con Bertín y Lalo… yo… hubo una persona… porque yo sé donde viven esos amigos, se llevan muy bien conmigo, Bertín y Lalo… entonces… allí en el Marqués yo tengo familia, y yo fui en una ocasión a tocar allí, un amigo me dice: No, pues, aquí, yo le compongo a Bertín y Lalo, ¿no?, yo le compongo a Bertín y Lalo. Y, ‘ora sí que me mostró algunas de las composiciones: ‘ira. No es cosa de que es mentira. Mira, es ésta, va así y así y así. Allá ellos le pusieron l’arreglo musical, pero la letra la hice yo así, así. Digo: . Y yo las he oído, pues, con sus grabaciones de ellos. O sea que es eso, pues. Mucha gente se equivoca, y dice: Tiene mucha calidad para hacer tantas cosas. No, no…

-Y a ti, ¿quién te compone, Juan Bernal?

-No, yo no, nadie… yo solo hago todo, ajá. Porque el arreglo de la letra es una cosa y el arreglo musical es otra cosa.

-Cuando estás componiendo, ¿qué sale primero?, ¿la música o la letra?

-Yo, veces me… primero pongo la música, a ver, a ver, a ver… Hay veces canciones que me da la idea de cómo, ¿verdá?, y ya luego hago la letra. Porque, com’ora, por ejemplo, hubo una cumbia que no está grabada, y sí, ya la he tocado en el grupo, y, de esto, primero hice la música y después hice la letra.

[Toma el acordeón y lo jala.]

Aquí en las Vigas, viví unos días con una mujer, ahí, tiene una criaturita, una niña… y, entonces, algo menciona aquí de ella… y otra en Cuaji. Y esto, primero hice la música y después la letra. [A ritmo de polka-cumbia, canta:]

Soy cumbiambero,/ cumbiambero/ y mujeriego,/ me gusta bailar la cumbia/ si encuentro alguna chamaca.// Si me acompaña/ bailamos de jalaíto/ y también abrazaditos,/ le damo’ vuelo a la hilacha.// Soy cumbiambero,/ cumbiambero/ y mujeriego,/ me gusta bailar la cumbia/ si encuentro alguna chamaca.// Si me acompaña/ bailamos de jalaíto/ y también abrazaditos,/ le damo’ vuelo a la hilacha.// Mueve los hombros/ y mueve bien la caderita/ como lo hizo Chanita/ en Las Viga’, allá en su casa.// Pero allí en Cuaji yo sentí una voz divina,/quise bailar con Delfina/ pero la encontré borracha.// Con la chaparra, ¿cuántas vece te engañado?,/yo quise bailar con ella,/ pero ya me ha despreciado.// Pues, ya ni modo, aunque yo sienta penita/ mejor bailo con Chanita/ ya, ésa nunca se ha rajado.// Con la chaparra, ¿cuántas vece te engañado?,/yo quise bailar con ella,/ pero ya me ha despreciado.// Pues, ya ni modo, aunque yo sienta penita/ mejor bailo con Chanita/ ya, ésa nunca se ha rajado.

¿Sí, le entendiste? Tú sabes que son cosas que pasan. De veces, sale la idea, ¿no?

sábado, 21 de mayo de 2011

El gobernador y la educación en Guerrero, y la violencia

El gobernador de estos terruños de los dizque hombres bravos y de acero, don Angelindo A. de la Rivera del Río de las Lamentaciones se lamentó encarecidamente en la celebración del día del maestro en Acapulco: demandó a los grupos de la delincuencia organizada a que “canalicen sus odios y diferencias de otra manera” y que detengan la confrontación. Lo anterior en el contexto de una nueva jornada de violencia en la entidad, que dejó el saldo de 18 personas asesinadas en diferentes zonas de la geografía guerrerense, según reportó la agencia noticiosa IRZA. En referencia a la labor de los maestros en esta situación de violencia, el flamante aunque no joven mandatario afirmó que sólo “con educación se podrá acabar con la violencia, a los grupos que la ejercen, les pedimos que cesen ya las agresiones entre ellos”, cito de nuevo a esa agencia. El gobernador hizo esas peticiones “invocando que son seres humanos, que muchos de ellos tienen familia, esposas e hijos, que acabemos ya con este flagelo, que hagan un alto en el camino para confiar y creer en las nuevas expectativas del nuevo gobierno que habrá de esforzarse cada vez más en la justicia, en la educación, en la generación de nuevos empleos”. Por su parte, asumiendo su recién nueva responsabilidad, Aguirre de la Rivera del Río de las Lamentaciones se comprometió a que “llegarán programas sociales para los que menos tienen y que alentaremos proyectos productivos que le den trabajo a la gente, que otorgaremos un sinnúmero de becas para que nuestros jóvenes en vez de ir a engrosar a las filas de la delincuencia puedan continuar con sus estudios en el ámbito profesional”. Al final, haría énfasis en que “la educación es el único camino para progresar y vivir mejor, a ella le debemos de apostar” y se comprometió a mejorar las condiciones del magisterio guerrerense y anunció que en breve su gobierno pondrá en marcha un programa de alfabetización en el que participará la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG). Hasta aquí la información respectiva.

Después de leer sus declaraciones queda un mal sabor de boca, o una duda planteada: o el gobernador tiene confianza en su mágico poder de convencimiento o el gobernador es ingenuo, o se hace el ingenuo. En principio, él, un gran sumador de fortunas y poder, pareciera ignorar que el narcotráfico también es un problema de economía, y que la guerra emprendida por el gobierno federal, a cargo del ilegítimo Felipe Calderón, ha modificado el mapa del mercado del narcotráfico, además de desmenuzar a algunos grandes grupos y propiciar la aparición de otros menores, y ahora todos ellos pretenden una sola cosa: controlar el mercado, o la porción del mercado que les compete, para obtener las mejores ganancias con la menor inversión. Economía, pues. Pelean territorios o mercados, y al ser una actividad ilegal, el pleito es armado y violento. Es decir, para cada grupo hay dos frentes de guerra: el gobierno federal y su o sus enemigos. No es, pues, éste, un asunto de odios ni de diferencias sino de intereses económicos, y estos se defienden ahora con las armas, aunque se ponga en riesgo la vida. Otra cosa que parece ignorar tan sesudo y hábil gobernante es que en estas circunstancias el estado de Guerrero no se divide en buenos y malos, que es falso que los narcotraficantes sean malos y los demás seamos buenos, sino que el tejido social está impregnado de valores y circunstancias que llevan a las personas a actuar en defensa de sus intereses y le compete al Estado, a los gobernantes, vigilar que esas conductas no violen la ley. Que canalicen sus odios, pide. ¿Cómo se hace eso? En realidad, el gobernador debe pedir a los ciudadanos, sin distinción, a “buenos” y a “malos”, que respeten la ley; en caso contrario, si no la respetan, él, como jefe ejecutivo de las instituciones, debe actuar para que la respeten. Es decir, él está obligado por mandato de ley a procurar que exista seguridad pública, que se respete el estado de derecho, entre otras cosas, cumplidas la cuales seguro que aminoraría la violencia.

Incluso, cuando dice: “a los grupos que la ejercen, les pedimos que cesen ya las agresiones entre ellos”, parece que piensa que esos grupos “juegan” a la violencia porque no tuvieran otra cosa qué hacer, por diversión o por matar el tiempo, y no porque llegaron a esta situación orillados por la guerra calderónica, y obviando que uno de esos grupos es el del gobierno, tanto federal como estatal, el de la autoridad, al cual él pertenece, porque aunque le pertenezca el monopolio de la fuerza del Estado, la presencia del Ejército y la Marina en esta guerra viola la Constitución. Luego se avienta, el nuevo gobernante, una perla como quien se tira un pedo: la educación podrá acabar con esa violencia. ¿Sí, tú? ¿Y tu nieve de qué va? Con que no sea de limón, de esas que venden en las playas acapulqueñas. Miope o ignorante, este gobernante, y desinformado y mal asesorado. ¿O muy listo, tan listo que cree que el atole con el dedo es eficaz todavía? ¿O tan listo que cree que lavándose las manos y aventando la pelota se librará de su responsabilidad como gobernante, puesto por el que peleó hasta con los dientes? Educación, dice, y tal vez piense que sus parientes y sus amigos atrincherados en la Secretaría de Educación Guerrero le crean, o se han de estar riendo de este buen pedo, de esta perla de buen humor, del blanco, de su jefazo. En su discurso de toma de protesta, A. Rivera del Río de las Lamentaciones anunció que entregaría uniformes a los infantes escolares, que daría 50 mil becas, que apadrinaría a niños para educarlos mejor, que regalarían actas de nacimiento, e ilusionadas por el estilo. ¿Dice que es economista o que estudió alguna cosa así? ¿A quién quiere hacer que lo hace, o a quienes? Aparte de los perredistas cupulares que ya lograron estar bajo las órdenes del jefazo. ¿Habrá leído aquello de: ¡Es la economía, economista!? ¿O aquello de que el ser social determina la conciencia social? ¿Sabrá que se requiere modificar las condiciones económicas al parejo de las educativas para buscar una revolución educativa y cultural? Demagogo como es, cree que basta con que diga que dará uniformes o desayunos o becas o con alfabetizar a los guerrerenses para que se instaure el reino de la libre conciencia y la felicidad y la paz por vía de la educación.

Tal vez le convenga leer los seis puntos que enarbola el movimiento encabezado por el poeta Javier Sicilia: Verdad y justicia; fin a la estrategia de la guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana; combate a la corrupción e impunidad; combate a la raíz económica y a las ganancias del crimen; atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social; y democracia participativa y democracia en los medios de comunicación. Ahora yo juego a ser listo, lector listo. Al gobernador del estado esto de los seis puntos, ni nada que se le parezca, poco le importa, no se requiere conocimientos en ciencias ocultas ni sabiduría ancestral para darse cuenta: basta con oírlo, basta con conocer las primeras decisiones de su gobierno: todo para él, todo para su grupo, todo para su familia, todo para los suyos, todo para saciar la ambición. Al final, él sólo es responsable o irresponsable tanto como quienes lo eligieron, porque de antemano se sabía que así serían las cosas, que no es cierto que ahora vaya a actuar como un político sensible, atento a las demandas sociales, condescendiente con sus gobernados. Un hecho lo pinta de cuerpo entero: ponerse una playera contra la construcción de la presa La Parota y negarse en ese mismo acto a asumir el compromiso de parar el proyecto, y reunirse al día siguiente con otro grupo que sí apoya el proyecto. Taimado sí es, y no parece que exista una fuerza social organizada capaz de recordarle sus compromisos de campaña, menos de hacerlo cumplir. De hecho, él sí sabe ser violento, rudo, gansteril, amenazador, para imponer sus intereses, como lo resintieron en su momento Lázaro Mazón Alonso y David Jiménez Rumbo, quienes pretendieron ganarle a Herdez a enlatar chiles. Cree, lector pacifista, que sus declaraciones en el día del maestro sí son violentas, taimadas pero violentas, sesgadas pero violentas, inocentes pero violentas, suaves pero violentas: está diciendo que cada quien se rasque con sus propias uñas, que todo es un asunto de buena voluntad y de buenas palabras y no de buen gobierno, nos está diciendo que no existe estado de derecho, que la seguridad pública, a su cargo, no depende de él, nos está diciendo que él también tiene miedo, nos está diciendo que él no quiere o no puede ser gobernador para esos asuntos, nos está diciendo que él no quiere ensuciarse las manos. En todo caso, ¿sería mucho pedirle , señor gobernador, que diga las cosas con claridad para ir entendiéndonos? Y si no puede, que renuncie. Claro, la otra opción es confiar en que pueda ser re educado, porque, como él dijo: “la educación es el único camino para progresar y vivir mejor, a ella le debemos de apostar… para confiar y creer en las nuevas expectativas del nuevo gobierno que habrá de esforzarse cada vez más en la justicia”. ¿O puros pedos de boca?

jueves, 19 de mayo de 2011

Performancea lectura de textículos eróticos Eduardo Añorve en XpoArte Erótico, en Acapulco

El pasado 14 de mayo por la noche, el escritor cuijleño Eduardo Añorve realizó un performance a partir de la lectura de seis textos eróticos suyos dentro de la XpoArte Erótico, en homenaje a Yemayá, un deidad u oricha de la cosmovisión afrocubana, dueña de las aguas y que simboliza al mar, la fuente de la vida, y erótica por naturaleza, ante unos cuarenta espectadores, leyendo al final de su presentación un “texto en construcción”, La parábola del hombre que sabía coger.

Luego de ser presentado ante el público congregado en El Bar del Puerto, ubicado en el centro de Acapulco, por la escritora y actriz Iris García Cuevas, Añorve Zapata explicó que su lectura sería en homenaje a Yemanyá, “diosa del eros”, quien se le había revelado, y encendió una veladora ante un cuadro velado para, después, dedicarle una oración y “obtener sus favores”.

La lectura del Poema del que nada tiene, escrito en versos largos, casi en prosa, por ese autor, sirvió como oración para esa oricha, donde puede leerse: Me dilato trazando rutas imposibles, mapas muertos, para sacarle la vuelta/ a la parte carnosita de tu bajo vientre, que los antiguos llamaron tamalli/ y ahora se nombra perico, pepita, panocha, y yo digo ojo de agua de mi sed,// luna de sol que no anochece, sandía que el sol abre, boca de amor amando,/ nido del vértigo, vaivén del equilibrio, odre del vino oscuro del deseo;/ para no arrimarme ni a tres micras de tu pubis y sus rizos cuculustes.

Posteriormente, y armado de anteojos prestados, Añorve Zapata procedió a leer el primer cuento de una plaquette titulada Cuatro textículos eróticos, Pequeña historia de tres, donde se narra con escasos y precisos recursos idiomáticos, casi telegráficos, la lucha a muerte entre dos machos por los amoríos de una hembra, antes del coito, y donde la sorpresa de ese artefacto verbal reside en el punto de vista del espectador o receptor del discurso narrativo.

El segundo texto de esa plaquette fue la tercera lectura que hizo el también poeta y fotógrafo cuijleño: Viaje hacia el agua, que narra un corto pero intenso viaje de una pareja desde lo árido hacia al agua, en el que el paisaje juega un papel central y significativo en relación del tema erótico que lo anima, utilizando símbolos eróticos universales, como el del agua que corre.

En cuarto lugar, el escritor leyó Deudo de Onán, el tercero del cuadernillo mencionado, donde, en una especie de ensayo y juego (la fonética de las palabras sirve para resaltar las diferencias de los significados, a imitación de una técnica utilizada por Agusto Roa Bastos en su novela Yo, El Supremo) sobre la masturbación u onanismo, abordando también la dicotomía alma/cuerpo, la hipocresía y el placer, y el placer solitario en oposición al coito hombre-mujer.

Al llegar a este punto, el Añorve Zapata hizo una parada en su lectura para dar paso a la ejecución de la canción Yola, en la interpretación de Bertín Gómez y El Condesa del Mar, cuya letra calificó como contenedora de “delicados versos, y poesía”, y comparó esta interpretación con la otros músicos, entre los que incluyó al legendario blusista estadunidense Robert Johnson por la tesitura de la voz.

La penúltima lectura suya fue el cuento Xcesos, que narra las peripecias de un hombre adulto que se enamora y se desenamora de una mujer joven, la que también le corresponde, auque por detectar señales falsas, y en medio de equívocos atribuibles a la comunicación, en este caso, a una falla en el sistema de telefonía móvil, él no puede recibir un mensaje crucial en el momento justo, por lo que se siente obligado a realizar un acto desesperado y justiciero que ha de dar al traste con esa relación recién mantenida.

Al respecto, según opinión del poeta Jeremías Marquines, presente en la lectura, éste es un cuento bien logrado, casi tanto como el primero, aunque tiene una deficiencia: el autor acude a un hecho “inverosímil” para conseguir que el personaje consiga venganza contra de quien era su amada y, por falta de comunicación, se convierte en su enemiga.

El último textículo leído por Añorve Zapata fue La parábola del hombre que sabía coger, cuento en el que, según expresó, ha estado trabajando los últimos quince días, por lo que lo calificó como un “texto en construcción”, y en el que acude a anécdotas y giros idiomáticos propios de la cultura criolla de la Costa Chica; en opinión de algunas escuchas, fue el mejor momento de la noche porque el textículo despertó comentarios interesados de algunos espectadores durante su lectura.

Posteriomente se presentaron en esta feria XpoArte Erótico varios grupos de música, entre ellos el grupo de blues Copados.

lunes, 9 de mayo de 2011

eXpo Arte Erótico, en Acapulqo

eXpo Arte Erótico

Programa de actividades

Viernes 13

21:00 hrs Inauguración

eXpo Arte Erótico

Abel Almenara

Areli Eunice

Aurelio Cortés Rely

Héctor Correa Maciel

Jesús Carranza

Miguelangel Sotelo

Sol Natividad

Tomás Eduardo Carrera

21:30 hrs Performance

Mi cama no es para dormir

Agrupación Teatral Ezcoria

22:00 hrs Música

Blues

Cinco en línea

Sábado 14

19:00 hrs Taller

Sexualidad

Irma Alcocer Arriaga

Psicóloga

21:00 hrs Literatura

Cuatro textículos eróticos

y una parábola de un hombre

que sabía coger

Eduardo Añorve Zapata

22:00 hrs Música

Blues

Copados

Domingo 15

15:00 hrs Taller

Erotismo

Alejandro Urióstegui Ocampo

Psicoterapeuta y sexólogo

17:00 hrs eXpo-Venta de Artículos Eróticos

Sex shop

21:00 hrs Literatura

Lecturas perversas

Charlie Punketo

Gabriel Brito

Iris García Cuevas

Javier Reyes

22:00 hrs Música

Percusiones africanas

Sabana Barrio