martes, 24 de enero de 2012

KALI GONZÁLEZ, ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE: DECEPCIONES E ILUSIONES

[tercera de tres partes]

17 de enero

EDUARDO AÑORVE

COPALA

En esta última parte de esta entrevista [cuya transcripción no fue completa] Kali González, el campeón de Las Salinas, maestro rural, que estuvo clasificado como el quinto peleador de su peso en Estados Unidos, tercero en México y noveno en el mundo, nos habla de lo que implica la disciplina para ese oficio, de cómo el boxeo se ha ido elitizando, de cómo los políticos de su municipio, las autoridades, desaprovechan su experiencia para promover ese deporte, de lo valioso de la experiencia de otros boxeadores costeños que tuvieron éxito deportivo, de su miedo a pelear, del peso de las apuestas en muchas de las peleas que se venden al público, de cómo éstas apelan a falsos nacionalismos y del papel de las mujeres en su etapa de boxeador encumbrado.

En su casa, cobijada por grandes árboles, Kali González muestra sus recortes de periódicos, fotografías de sus peleas, fotografías de otros peleadores, amigos suyos, dice, recortes de carteles… De esos recuerditos tengo muchos. Hisohi está tendido, en uno de ellos. Veo éstas y me lleno de orgullo. La conversación continúa.

KG: ¿Qué es lo que conservo aún? Trece años como profesional. Aprendí la responsabilidad que se tiene siendo un profesional. Un profesional siempre tiene que estar al cien, ése. Uno allí… eso no permite, es un quehacer arduo. Por ejemplo, en el boxeo, ese deporte tan duro, de contacto… porque aquí vienen cuando hay peleas buenas, megafunciones, aquí viene la brosa y, a veces, yo los dejo que estén diciendo, ¿no?, pero no, atrás de eso, el trabajo que hace uno es muy arduo, muy pesado. El boxeador hace un trabajo duro, hermano. Trabajar todas las mañanas, correr. A las diez de la mañana, costal, pera. En la tarde, boxeo. ¡N’ombre!

EA: ¿Vale la pena tanto trabajo?

KG: Sí, como te dije hace rato. La disciplina viene de que te hagan creer principios de responsabilidad; desde tu casa te van metiendo esos valores, de que, pues, tienes que hacerlo de esa manera porque, si no, no hay de otra. Entonces, desde ahí va creciendo el sujeto. Obviamente, de acuerdo como vives. Yo no sé si te guste este tipo de observación, yo tengo la mía. Por ejemplo, comento mucho aquí con mi señora de que el destino yo lo veo así: Si a ti te pare un rico, lo más seguro es que vas a ser rico. Si te pare un pobre, lo más seguro es que vas a ser pobre. Donde tantito estoy de acuerdo es con la suerte, ¿no?, porque es la que rompe esquemas…

EA: Sobre esa misma idea: Yo tengo suerte, ¿y si no tengo disciplina?

KG: Ah, sí. En el 86, 87, me mandan a entrenar a Los Mochis, y me hago amigo grande con Rafa El Gato Toledo, aquel que fue campeón nacional de peso pluma, y trabajaba en la prepa, era una especie de prefecto, y un día paso por la prepa y me meto, y me voy encontrando que allí el instructor de boxeo era Cochul Montiel, don Manuel El Cochul Montiel; había cuatro rines dentro de la prepa, pera, costal y todo. No, dice, aquí se hace el campeonato de la universidad, el interno. ¿Y eso cuándo lo tenemos aquí en Guerrero? Y yo me quedé pensando: Oye, con razón, pues. Cuando yo me retire voy a hacer esto también, allá en Guerrero.

Allá en Tijuana, en el Cheto Torres, llegan los papases a llevar a sus niños y los van a recoger en sus grandes camionetas. Y yo le comento a Gloria [su esposa]: Con razón en los olímpicos vemos a puros que son del norte. ‘tan viendo que el deporte de los golpes es un negociazo. Antes, el deporte de los golpes era para puro pobre, ahora s’están metiendo los ricos, los millonarios. Los Chávez, no creo que los Chávez no tengan dinero, y mira dónde andan. Vea usted los centroamericanos… por ejemplo, en estos panamericanos, ¿quién nos representó a nosotros, en Guerrero? ¡No tenemos!

Me comentó usted de si podíamos hablar de política y de si a los famosos los utilizan. Sí. Vea: El instituto del deporte y de la juventud Guerrero: hay cuando menos treinta o cuarenta oficinistas, cada quien en su escritorio, ¿y a quién administran, no hay ningún deportista? Un corredor de vallas de Acapulco era el único, y no llegó, en la competencia…

EA: Lo mismo pasa en cultura, por ejemplo…

KG: Sí, sí. Yo, por ejemplo, dije, en aquel tiempo, cuando estaba trabajando con Ángel Aguirre, le dije a don Heriberto Noriega Cantú: Oiga, don Heriberto, ¿por qué no instalan gimnasios de boxeo? Obviamente no van a salir doce campeones del mundo, van a salir uno y otro por ahí, nacional, pero tenemos para que vayan a las competencias. En Cuajinicuilapa, Juchitán, Copala…

EA: ¿Y qué te dijo?

KG: Nomás quedaba en que: No, pues, vamos a hacer esto… ya ve que ellos son habilidosos, tienen una destreza enorme para cambiar y desviar temas, y yo siempre… precisamente, el 25 de julio, bautizamos a mis chavos. Mi compadre Marcos Villasana estaba platicando que él solicitó a don Heladio Aguirre que le instalara un gimnasio, pero él quiere un gimnasio completo. Entonces, yo le digo: Compadre, échale la lucha, porque está la efeverescencia del boxeo, ahorita Tecate, Corona y todo eso, por la televisión están bombardeando con el boxeo. No le he hablado, pero a mí se me hace que no.

Por ejemplo, yo te voy a decir. Estoy seguro que en cada comunidad vive un compa que fue profesional en el boxeo. Hace poco me comentaron que el Chino Adame estaba por Teconapa; ese cuate es buenísimo, él puede hablar de boxeo porque fue boxeador, sabe lo que es eso. En Juchitán… no sé dónde andará aquel que fue campeón, Viterbo Panchí. En San Marcos, La Chispa Gutiérrez. En Cruz Grande, el Gabi Bernal… digo, y también les serviría como un reconocimiento, ¿no?, hacerles su gimnasio, estar allí…

EA: Tú hablas de un aspecto, formar boxeadores; sin embargo, también está lo educativo… Por cierto, ¿qué estudiaste, digo, aparte de educación física?

KG: También tengo una licenciatura en ciencias sociales.

EA: ¿Y has tenido reconocimiento por tus logros deportivos?

KG: No, el único que me entregó una placa fue Heladio Aguirre, él me da un reconocimiento como un ilustre deportista guerrerense [ironiza]… Aquí, en Copala, presidentes van, presidentes vienen y a mí nunca se me ha llamado: Oiga profe, échenos la mano con la dirección del deporte, pues… yo, aparte de que una vez retirado ocupé varios puestos públicos, no, aquí no me ocupan para nada, y ni tampoco me arrimó…

EA: ¿Por qué no te arrimas?

KG: Porque hay presidentes que, precisamente no me llaman, me siento humillado, ¿no?, porque no siento que reconozcan mi trayectoria, no he visto que digan: Oye, cabrón… ¿verdá? O sea que yo también a la mejor me margino solo, me falta carácter para eso, y por eso yo digo: No, pues yo, acá, bajita la mano.

EA: ¿Y tu orgullo?

KG: Yo, apenas si veo a Gabi Camaro, el que está colocado, de los conocidos deportistas; de allí para allá, no, pues, como que nos sacan de… yo me siento no tomado en cuenta, y así, pues, no se puede. A veces siento que no se ha aprovechado mi experiencia, pues. Y aquí estamos como maestros rurales, ganando una miseria, aquí, en la técnica 35.

Le comento yo a mi mujer que en otros estados a los niños chiquitos ya le están fomentando el boxeo. Yo, al ese Julio César Chávez, al Omar, esos que están peleando, su mamá se llama Amalia Carrasco, la esposa de Julio César Chávez, los llevaba, en su carro, al Cheto Torres.

EA: Entre ellos, en el norte del país, por ejemplo, los niños desde pequeños ya tienen en mente que irán a la universidad, ¿no?

KG: Un día… estábamos cerca de una iglesia de católicos y el boxeador… yo no conozco uno solo que no crea en dios o que por lo menos se atenga a sus agallas, aunque uno sea muy valiente como quiera uno siente ciertos temores y quiere un apoyo moral… entonces, me iba a la iglesia, y mucha gente que quizá me había visto en los periódicos: Bueno, este compa, puro aquí, puro aquí. Me pregunta un señor: Oye Kali, ¿tú eres Kali el ese que sale en los periódicos? Oye, tú eres boxeador, ¿y a poco te da miedo. Pienso: ¿Qué le digo? Si le digo que sí va a decir: Sí, ¿no que no tienen miedo? Así es que busqué la más suave. Le digo: Oiga, ¿a poco cree que yo soy marciano? Dice: Primero yo. Le pregunté que si tenía miedo. Le digo: Pues sí, es que toda le gente tiene miedo. Dice: Oye, yo pensé que los boxeadores no tenían miedo, que esos compas eran unos compas que así, de plano, sin nada de miedo. Le digo: No, somos los más miedosos, porque ustedes, los que no hacen el boxeo pueden pelear una vez, si quieren, una segunda vez, si quieren, la vez que no quieran dicen: No peleo, y ya, punto. Y nosotros andamos en eso, nos ganamos la feria en eso, es parte de nuestra vida. Desde que estamos aquí, ya, cuando vamos pa’l ring, nos da miedo.

Cuando estás en el ring se te vienen muchas cosas. Te voy a decir por qué tenía mucho miedo yo. Cuando atardecía, que iba metiéndose el sol, a mí no me gustaba ver cómo se metía el sol el día de mi pelea. Me metía a las dos de la tarde a la concentración; si la habitación donde estaba daba para donde se moría el sol, capaz que cerraba todas las cortinas, le ponía no sé qué diablos le ponía… la cosa es que estuviera oscuro… y ahí estaba. Pasaban por mi mente muchas cosas, pero, fíjate, mi abuela, mi abuelita, que es la que me creo aquí, de chiquito me decía esa palabrita que me mató siempre en esa onda, que me hizo mal, quizás. Me decía que solamente los muertos no ven salir el sol. Esa palabrita la usaba ella, y sí, pues, si están muertos. El hecho es que yo le pedía a dios, donde estaba hospedado, y le decía: Dios mío, siquiera que salga bien, que no vaya yo a salir mal; con que salga bien, ya la hice gacha. Y venían mis temores, porque el boxeo es una cosa delicada, muy fuerte. Un golpe… puedes quedar ahí. Y en esos días hubo varios muertes.

Tú te pones siempre en el lado de que el que se va a morir es aquel, pero, qué tal si eres tú. Entonces, de allí es donde viene ese sentimiento encontrado, y peleaba contra mi misma cobardía, y así peleamos todos. Y si no, véanle la cara a Paquiao antes de subir con Márquez: llevaba miedo, el fulano, y Márquez también, y todos los que vemos. Da mucho miedo, primo. Cuando ya te llevan pa’ la arena, esa hora en que te hablan por teléfono, esa hora en que tenemos que abandonar la habitación, tenemos miedo… Das como veinte miadas, no te sale nada pero tú vas al baño, y eso es miedo. Tratas de demostrar lo que lejos estás de sentir.

EA: El otro detecta el miedo, tú detectas el miedo…

KG: Sí, sí…

EA: ¿Y no le dices desde el principio: Te voy a chingar…?

KG: Trataba yo de ser hipócrita, de fingir. Nomás, te imaginas, yo, un hombre tan serio, hasta llegar a decirte mustio; ese día me volvía amable. Eso era miedo, trataba de buscar la manera de esconder mi cobardía. Si no iba a recoger besos

EA: ¿Qué boxeador te gustó?

KG: Mi ídolo, el más grande, Julio César Chávez. Yo tuve el honor de boxear en los entrenamientos con ese señor quizá unas 17, 18 veces. Es un fuera de serie. Si hablamos de futbol, allí está Hugo Sánchez. Si hablamos, aquí, como a veces nos ponemos, de nuestro entorno, que la música… quiérase o no, yo soy parte de una cultura, lo llevo en el alma: a mí, la Luz Roja de San Marcos de Kuna y Peita me fascina, me gusta mucho Sergio Sabino, como también de por acá ese Cirino Arellanes, con su Corralero Navy…

EA: Bueno, Cirino Arellanes, quien cambió su nombre a Cirino Arellano y su modo da hablar y de cantar, de vestir, para tener éxito… Ahora, ya de grande, le entra la nostalgia y reconoce que no le gustó mucho cambiar para poder tener éxito… Uno tiene que cambiar para eso, ¿cuesta?

KG: Mira, ese tema… en Baja California, Aldo Fisher, un periodista bajacaliforniano, fue el que me enseñó a mí, me pidió mucha moderación hasta en el hablar, en el parar, el tipo de reuniones: Es que tú eres otro tipo de persona, eres una persona pública, pero también eres una estrella; entonces, debes comportarte aquí, debes comportarte acá.

EA: Implica responsabilidad para ti, ser una figura pública…

KG: Sí, ésa es precisamente la formación profesional. Fíjate: ya que empezaron a llegar mucha gente de acá, tenía un primohermano que hacía mole de marrano, como de por acá, de la Costa Chica, y a mí cómo me gustaba el mole de marrano, pero eso no era para mí. Entonces, tuve que sincerarme, le dije a él, al señor… No, pues, es que eso no sirve para ti… Entonces, empiezan a hacer un cambio radical, te vuelves diferente, porque te conviene, además.

Mira, allí en Cabo San Lucas hay una cancha a donde van los grupos de aquí, que están de moda. Empieza a llegar la gente de aquí, que invadieron a Baja California, pues, todos a la Zapata. Allá me veían que iba yo a escuchar música, y también me llamaron: Oye, ¿qué onda, qué haces tú por acá? Una vez fueron a tocar Las Nenas, en un lugar más o menos, y yo ya empezaba a meterme en la política, porque ya era una figura pública, famosito… así que, allá me llevan a bailar con Las Nenas, me eché una bailada… lo que es andar en esa onda. Y la policía: No, pues, pásele campeón. Pero, te digo, sí te ayudan ciertas cosas.

EA: Regresas, ¿cómo te reciben en tu pueblo, cómo te recibe el paisano?

KG: Como aquí es pura familia, me han recibido bien, aunque tiene sus bemoles, pero hay mucho respeto. Nosotros no nos metemos con nadie, aunque no falta quien te… yo le llamo humillación… como, por ejemplo, hace unos días fuimos allá al torneo de futbol que había en Copala, y estaban unos muchachos allí… cuando yo peleaba en Copala era el tipo más famoso, el que llenaba las arenas, pero, ahora que voy oigo un comentario por ahí: A ver, si fue tan bueno, ¿por qué no fue campeón del mundo? No, pues, hermano, qué hubiera querido yo, con toda el alma, pero hubieron otros más buenos que yo y me ganaron. Eso le hubiera dicho, mejor, a Loonie Smith [risas]…

EA: ¿De verdad el negocio de las apuestas tiene influencia en el box?

KG: Sí, cómo no. En todos los deportes… Vamos a poner un ejemplo, lo más reciente: Márquez con Pacquiao. En Estados Unidos, donde hay eventos deportivos, todo es negocio. Hay dos o tres tipos de deporte profesional, en la misma disciplina. Por ejemplo, en boxeo la cadena HBO es la que vende los pago-por-evento en todos los países. Para que tú puedas entrar a ser peleador de una mega función necesitas ser peleador de HBO televisión, si no, no pasas. Aunque seas un extraordinario peleador, no vas si no eres de esa gente. Entonces, la televisión te coloca en las mega funciones. Si tú peleas, eres suertudo, que pelees cinco, seis veces en una mega función, ya te la comes con manteca, maestro, porque vas por un contrato de 50 mil dólares, digamos, más un porcentaje de los recursos que juntó por pago-por-evento. Y no creas que son 50 mil, son 300 mil, 400 mil dólares.

Pero para que puedas entrar allí… es un consorcio que no permite más que lo que ellos quieren y prefieren. Entonces, son los que organizan las mega funciones donde peleaba Foreman, Julio César, ahora Pacquiao… extraordinario boxeador… Ellos llevan todo, llevan su cartel, llevan sus estadios… los estadios no le interesan a ellos: en el de los Vaqueros de Dallas van a pelear 20 de los mejores boxeadores del mundo: a ellos no les interesa, los que entren, veinte mil, no sé. Ellos, los pago-por-evento.

Y, por ejemplo, la televisión mexicana le compra los derechos por transmitirlos aquí, diferidos, ya cuando ya saben ellos quién ganó, por eso [los comentaristas] se sienten ellos que saben mucho de boxeo: No, que yo, pues… la pelea, y seguramente… Y yo, que sé de ese negocio, digo qué bárbaro, Lamazón, y ahora, ¿dónde Lamazón fue boxeador?, el argentino… yo conozco a ese señor… No, pues, no, pero está en la televisión…

EA: Acaba de pasar; yo escuché muchas reacciones: que el mexicano fue mejor boxeador, que ganó la pelea…

KG: Oh, sí.

EA: Mi cuestión, más allá de quién es mejor o quién es peor, es: El box es un negocio, gana el que quieren que gane, no el mejor, pero aquí la trampa es que manejan que perdió un mexicano, y eso es como si hubiésemos perdido todos los mexicanos y todos debemos sentirnos dolidos…

KG: Primero te voy a contestar lo de las apuestas. Los de HBO, ellos tienen sus corredores para las funciones. Los lugares donde presenta HBO televisión un evento, lo hace casino: desde que vas entrando… máquinas, y ahí andan las conejitas, unas mujeres tan hermooosas, allí andan vendiéndote cosas, y allí tienes, que le metes el dólar a la maquinita y ganas, eso tiene, que siempre ganas, dos dólares, y ya: Le voy a echar acá, ¿no? Pelada, ¿cuándo ganas?, ¿no? Entonces, te amunchas tu dinero, cuatro dólares, ¿no? Y allí andan, esas mujeres bonitas, y te llevan para acá y para allá. Así es Estados Unidos.

Y todo lo organiza el consorcio. Obviamente, quien genera el billete, a quien ya le hicieron nombre, en ese caso a Pacquiao, Pacquiao, Pacquiao. Pacquiao en su vida soñó que ese señor le iba a poner una soberana chinga… porque fue una soberana chinga la que le pusieron al compa… A ver, el nombre: Pacquiao; atractivo: Pacquiao; ¿quién vende pago-por-evento?: Pacquiao. Entonces, se acaba el marrano de los coches gordos con esta chinga. No, lo siento mucho, van a ser unos días que van a andar los mexicanos chingado su madre, pero aquí el que gana es éste. Así de sencillo.

Te aseguro que si hubiera… aquí tenemos otra cosa que nosotros no queremos ver: en el boxeo, se presta para muchas cosas. La pelea de Finito López con Álvarez, el nicaragüense, en la arena México. Lo agarra Álvarez y le da un chingadazo al Finito López, que lo tuvieron cerca de la hora y media botao, y nunca se acabaron los once segundos, chingao. Y la campana: tin-tin-tin. Ahora sí, ya, lo pararon. No manchen. No dijimos nada. Y allá va Álvarez, afrentadito. Otra de las más recientes: el Niño Arce, que a mí me cae… yo no sé por qué no me simpatiza, quizá porque tiene muchos dientes, tiene dos carreras de dientes… El tipo pelea por el campeonato del mundo, es cuarta o quinta corona y las acaba amarra’o… Oye, pues, hombre… pero son mexicanos, eso lo olvidamos. El sentir de este muchacho, de Márquez, es que sí fue en todo el mundo, ¿no? Ahora sí que ése sí fue visto hasta el último rinconcito del planeta…

EA: Pero él sabe que esas son las reglas, ¿no?

KG: Pues sí. Él se debió haber dado cuenta de que era a matar o a matar, allí no hay… como cuando iba el guerrerense a pelear a México, para que le ganara a un chilango iba a estar… olvídate, a medio matar, y allí perdieron muchos buenos que fueron de aquí. Yo, bendito sea dios que una sola vez fui a pelear a ese México, cuando le gané a ese menta’o Escamilla, en tres rounds…

EA: Por nockout, para que no haya dudas…

KG: Por acá escuché uno, que dice que gallo muerto nunca corre… No, pues, cómo va a correr [risas].

EA: Hablabas de las conejitas, y se suele decir que uno de los trompezones que luego se dan los boxeadores es con las mujeres…

KG: Definitivamente, definitivamente. El que lo niegue es hipócrita. Aparte, porque la dieta que tienes tú… tú te metes a entrenar meses, pero si tú tienes una responsabilidad… a veces, que se te caen las peleas: ya tienes un mes y te avisan que se cayó la pelea. Estás en la dieta, y ya, de repente, peleas y te sueltas, vas a una de esas funciones… maestro, uno nunca valora el dinero, aparte de que el pobre siempre tiene qué comprar… Así, se va uno por ahí. Muchos han tenido esos romances; aquí, incluso, uno de Copala o de Playa Ventura está casado con una de las de allí.

Mira, al boxeador lo consideran privilegiado. En Estados Unidos, el boxeador es rico; puede ser que no ganes como aquel estrella, pero si andas con él, tú vas a donde andan las estrellas, y aunque uno gane poquito vas al Western Forum, donde juegan los Lakers, y allí se rola la gente de recursos, el gabacho de dinero, porque el gabacho pobre anda en otros espectáculos. Entonces, pues sí, sí deja uno parte de sus ganancias en eso, por hacerse notar, sobre todo. Yo tuve, y uno de mis vicios… pues, soy honesto, soy sincero, pues, total, en el último de los casos los gané y los perdí yo… a mí me gustaba mucho el oro, y hubo un tiempo en que me tapizaba en oro…

EA: Pero, el oro lo tienes…

KG: No, no, no, no, pues, era parte de la aventura, pues. Tú te pones oro para ser más atractivo ante las que necesitan ese tipo de estímulos, y no, pues, . te regalo esto otro. ¿Cuántas casas se quedan allí, y todo? [Risas]

EA: Por cultura, el ganador siempre tiene todo, y a veces, por la fama, te abren un chingo de puertas…

KG: No, sí, aunque depende mucho del gusto. Yo fui muy afecto a andar con mujeres, nunca me gustó la prostituta, la mujer corriente. Yo tenía mis novias. Yo viajaba de Tijuana en avión a Puerto Vallarta, allí tenía una novia que era de clase media. Viajaba a Mexicali, viajaba a Hermosillo. Acabando las peleas, ahí sí, yo...

EA: Burro sin mecate…

KG: Sí, definitivamente. Estaba alistando las maletas, estaba comprando el boleto a Acapulco, y me venía a Copala, tenía una novia en Copala, y así, ya, ya me estaban hablando…

EA: Pero no te quedaste con una güerita, de esas conejitas…

KG: Nunca me gustó la mujer de p’allá. Yo pensé siempre en venir acá… Mira, si yo hubiera sabido que me iba a pasar cuanta cosa… porque atrás de mí hay una serie de situaciones muy tristes… a la mejor yo me quedo allá. Yo, cuando me despido, me dicen que qué voy a hacer por acá, pero no, como si yo hubiera traido unos diez trailes llenos de dinero, y la verdad, no traía tanto… no gané tanto, y también me cobraban, tienes que mantener tu nivel de vida…

EA: ¿Siempre fue así?

KG: No, pero cuando ya me clasificaron como el número tres nacional, y me regalaron un Mustang, un Mustang rojo, bien bonito, para mis entrenamientos… cuando no me daban ese Mustang caminaba por toda la avenida en Cabo San Lucas, San José, La Paz, a pie me la pasaba chiflando, compraba mi bolsita de cacahuates… porque a mí me gustan mucho los cacahuates… y me sentaba ahí donde podía y, prau-prau, hacía yo los morros de cáscaras. Ya, después, cuando me dieron el Mustan, ¡n’ombre!, ¡olvídate!, vieras visto, yo hasta me peinaba yo de otro modo, acá, no veía yo pa’ los lados. Digo: Cómo cambia uno, ¿no? Sí, pues, es parte de esa mezquindad, que se nos olvida el paso que damos…

EA: Falta de experiencia…

KG: Sí, yo digo que sí. Lo que pasa es que uno siempre quiere ser grande, se ilusiona uno con serlo, sueña con serlo, y te llega la oportunidad de que… ésa es, y ya, ahí va. [Risas] Aunque atrás de uno siempre hay una máquina que te está contando el tiempo: tú no eres por ti solo, a ti te hicieron, atrás de ti hay quien invirtió para que seas figura, y tú le tienes que obedecer o desquitar con buenas acciones, con actitudes positivas, porque no nomás de confianza te ayudó, invirtió lana. Hacer una carrera es una lana.

¿No te digo que cuando yo la regaba me decía que pasara por mi boleto para Acapulco? No, pues, estar gastando en este pendejo que nomás no agradece, pues lo vay a correr mejor. Y era la verdad: siempre hay alguien que te está sujetando, de todo a todo. Te hablan a lo derecho: Quieres seguir adelante, le seguimos, pero bajo estas condiciones, aquí no va a haber papel si no quieres papel, y si quieres lo firmamos. Pero, ésta es la condición, y si no quieres, también, le trozamos. Viene otro, hay otro que quiere. Y, luego, vas con las manos vacías, y dices: Pues sí, ¿no?

Bueno, yo estuve entre los mejores, aunque sea ocho meses, pero fui uno de los mejores del mundo, eso nadie me lo quita.

KALI GONZÁLEZ, EL ÉXITO Y LAS CAÍDAS

[segunda de tres partes]

10 de enero

EDUARDO AÑORVE

COPALA

Kali González, el salineño, estuvo a punto de ser campeón del mundo como boxeador, y estuvo clasificado como el quinto peleador de su peso en Estados Unidos, tercero en México y noveno en el mundo. En esta segunda parte de esta entrevista habla de su terquedad por pelear en Estados Unidos, creyendo que su calidad lo merecía, y con ello, malas experiencias en un medio muy competido y difícil, su necedad en destacar en ese país, su primer derrota por nockout, su segunda derrota por lesiones, su última pelea, su retiro sin despedida y otros temas.

KG: …me empiezo a rozar con gente grande. En ese tiempo surge a la fama el Maromero Páez, Gilberto Román El Cachanilla, que se portaron bien. Pero dicen que siempre hay cuatro que hace un cuatro tan cuatrero de una cosa tan sencilla, como dice Rubén Mora.

Debuta De la Hoya, Óscar…

EA: Que también dejó lo amateur por lo profesional…

KG: Ajá… Va Narciso Chicho Valenzuela, contra el debuta este chamacho, De la Hoya, a seis round, y va Chicho y ¡pin!: fue el primero que tumba a De la Hoya; le gana Óscar De la Hoya a Chicho, pero no sin antes Chicho lo pone en la lona. Y Chicho me empieza a dar ánimos. Me dice: Oye, mira Kali, la neta, la neta, tú pegas demasiado fuerte, ese; ese compa, no lo sentí, me noqueó, pues, pero no lo sentí, y yo en los entrenamientos siento tu pegada, tú tienes todo para… Eso a mí me hacía sentir bien, me motivaba.

Ajá, se corona Genaro León, en súperwelter, por la Organización Mundial de Boxeo, Mauricio Aceves, aquellos que fueron olímpicos, Marco Geraldo. Me entra la onda ésa, nomás porque fue Narciso fue a pelear con De la Hoya, no me atonto yo, me apendejo, y ya no quiero pelear en México, me chocanteo, se me suben los humos. Pues no, si no me llevan a Estados Unidos mejor ya no peleo… O sea, poniéndole trabas al asunto en vez de andar humilde, andaba yo poniéndome… cómo se desubica uno… sí, soberbio, de una manera que le podía ganar al más soberbio del mundo yo, creyéndome Don Juan Chingón…

EA: ¿Los peleadores mexicanos en realidad podían, pueden compararse con los gringos?

KG: Mira que los gimnasios de Estados Unidos están llenos de gabachos, negros, güeros y de todos los colores buenisisísimos. Tú vas para allá y te juegas el pellejo. Yo, incluso, hablo de que cuando llevan a la gente de aquí a allá es carne de cañón: los negros pelean por cualquier cosa, sabiendo que el mexicano es pan comido. Pero eso uno no lo ve, porque de este lado piensa uno que es ir a ganar dólares, y yo era de esos, y lo digo honestamente. Yo quería ganar dinero, lo mío era el dinero. De repente me entra la codicia que… a mí me ofrecían una pelea barata acá, en Mexicali, donde ya era yo un estrellón, en Tijuana, donde llegué a pelear varias veces… atrás de bueno, también, atrás de bueno.

Ya, cuando Julio César Chávez llega allá, a Tijuana, allí al Cheto Torres… porque ya me tienen a mí en el [gimnasio] Cheto Torres… él era el campeón del mundo, Julio César Chávez, de peso ligero, todavía. También llega Javier Lucas, un Guerrerense, de acá de Tenexpa. Un día coincidimos con Julio César… No sin antes, ¿verdad?, me paso de mojado, por mis pantalones… En ese tiempo fue la primera amenaza de Alberto Maurino, que me dice: Bueno, si tú quieres andar por tu lado ahí muere la bronca. Yo, si quieres, te compro el boleto de avión para que vueles esta noche, vas a Acapulco y quédate allá.

Obviamente, allí caben muchas envidias. Andas desubicado y yo me desubiqué ese tiempo; andaba sentido con Julio César Chávez, que no hacía nada por mí… porque a todos nos apadrinaba él, él era el chingón, nos pegábamos a él… Y un día me dice: Va, ya está, güey, esta misma semana se resuelve tu problema. Y ya cambia mi vida, ya había comprobado yo que así no era la cosa. Fui allá, estuve en Estados Unidos, pero ¿quién chingados me iba a promover?

EA: Nadie te conocía…

KG: Nadie, nadie. Ahí estuve con Ismael Rivera en Los Ángeles… ¿Quién eres? ¡Nadie! Pues, tú, ¿quién eres? Yo nada más he oído que eres regular, pero tú no eres nadie. Entonces, ¡qué errorzote! ¿Sabes? ¡Qué equivocadota! Ahora lo platico, se lo platico a mi mujer, y digo: ‘uta, qué pendejo, ¿no?

EA: No tenías ni sabías administrar tu carrera…

KG: Fíjate que yo fui un tipo de esos de tantos errores… La primera vez me pasé de mojado, y siendo un estrellón en México, allá me encuentro con Al Castro. Estuve con un famoso entrenador de apellido Díaz, argentino, y allá también me encuentro con Al Castro que también se vino de Argentina de mojado, allá nos juntamos los balines. No, pues, ¿quién nos iba a contratar? Allá nos andaban ofreciendo frías… mil dólar, dos mil dólar… daba lástima. Y en Estados Unidos hay boxeo en todos lados, no nada más en Las Vegas, hay los lunes, martes, toda la semana, en diferentes lados, está lleno de boxeo.

EA: El mundo era más grande de lo que creías. Pero para ese tiempo ya habías ahorrado algo de dinero, ¿no?

KG: Sí, eso sí, siempre fui precavido. Y allá vengo otra vez. De allá para acá ya se vale pasar por la puerta. Afrentado. Ya, otra vez llego al Cheto Torres. Y ahora, tú cabrón, ¿qué onda? Pues sabían que venía fracasado…

EA: ¿Cuánto tiempo estuviste en Estados Unidos?

KG: ¿Sin pelear? El primer viaje me eché como tres meses, me vine. No, y allá hay un compa que es cubano, Maifren Muñoz… a ver: sin apoyo, sin respaldo, obviamente tu alimentación es mala. Llegas donde los pasisanos, duermes mal. Entonces, Maifren Muñoz se había venido a Tijuana y acá le dijeron: No, pues, allá anda el Kali González, y es un chamaco que pega pero tremendo, y me localiza, a mí, en Pasadena, y me ofrece ayuda él, pero él es concertador de peleas, él, lo más que me regaló, parece ser, que dos mil dólares para que yo estuviera más o menos bien, y me dijo: Espérate, te voy a conseguir una pelea más o menos para que… no creas que eso lo iba a hacer nadie. Entonces, esos dos mil dólares los agarro y me vengo otra vez a Tijuana, afrentado. Era la segunda vez que yo me pasaba.

Y ya, ya estando acá surgieron los consejos. Ya vez que siempre se ha hablado que Julio César Chávez era un soberbio. ¡No es cierto! Era un cuatazazazo, muy sincero. Yo lo quiero mucho, y me agravian cuando hablan mal de él, porque, digo… Así es que, ya, me dijo: Va. Me consiguen la visa y contrato allá, para que yo justificara que iba a hacer un trabajo profesional. La primera pelea me la consiguen en San Diego, un japonesito, Iroshi Arada, ese que le puso el nocaut al Chapo Rosario en el estadio Azteca, me lo comí en el primer round a ese cabrón, como saber dios.

Entonces, ¡no!, revivo, ¿no? Y ya, viene John John Montes, campeón de Norteamérica… conozco a ese señor, Holmes, de los que hacían las clasificaciones de Norteamérica, y una tarde cualquiera se presenta en el Cheto Torres. Me dice: Mira, vas a aparecer con el número cinco en la clasificación de Norteamérica por tu triunfo. Lo que quería, uno motivación extra. Mi anterior manager, el italiano, él se da cuenta de que yo necesito su ayuda: va a Tijuana, viene y me dice: No, tú necesitas mi ayuda, no te hagas pendejo, ponte chingón. ¿Quieres vivir en Estados Unidos?, vas a vivir en Estados Unidos, y órale. Me llevan a vivir a Chino, California. Allí en Chino iba onde el Mau Rivera, porque allí llegaban todos los mexicanos a entrenar. Mau Rivera es un mercenario, un tipo que, vayas como vayas… si llegaba yo, ahorita, mañana tenía pelea en Tailandia, en China, en Corea, en Japón. A él le valía, él los mandaba, él ganaba una lana por enviar. Ése es su negocio.

Entonces, allí, llegué cambiadote. ¿Cómo vienes? No, pues, medio mal. Pero yo iba requetebien, llevaba documentos y toda esa onda. Porque hay una pelea buena en Honolulu, ¿qué te parece si vas contra Orlando Navarrete? Aquel que fue campeón del mundo. Ya Orlando Navarrete tenía como los 44 años, yo tenía 26, 27 años. No, pues, sí, échame al Orlando. Y voy a medio matar a Orlando, a su tierra. Ah, pues, ¿no me traen a Luis Santana al Western Forum de los Ángeles, aquel que le gané en Monterrey? Y lo aplasto, a Luisito Santana. No, pues, ya está visto que donde quiera que te tope te voy a chingar.

Allí empiezo a crecer, me paro en las arenas y ya saben que estoy allí, o sea, mi presencia, ya me mencionan, ya salgo en las páginas de los periódicos, no tanto como Julio César Chávez, pero allí se abre un… Entonces, me dicen: Oyes, hay una pelea contra Juan Látigo… hay una lana, y te van a quedar más o menos como los cien. Oh, sí. Oye, pero dicen que ese cuate pega muy fuerte y es muy bueno, le digo yo. No, pero aquí se va a ver. Loonie Smith, se llama, y voy, ¡pum!, ahí pa’bajo, ahí pierdo lo invicto yo. Me cuesta…

Mira, te voy a decir, paisano… quizá nosotros los guerrerenses somos así, somos muy sentimentales. Todavía me duele haber perdido…

EA: ¿Y por qué te duele?

KG: No sé. Como que yo sentí que todo lo que había ganado se derrumbó, me hizo ver la verdad del planeta, no sé qué onda…

EA: Te diste cuenta que si mirabas pa arriba había otros más…

KG: No, sí. Me dolió mucho, yo me decepcioné feo, me derrumbé todo. Yo nunca había perdido. Yo, pierdo lo invicto, me noquea en el quinto round ese vato…

EA: ¿Y tú no tenías manos, no le pegabas, eras la mona de los cerillos o qué?

KG: No, sí lo tiré en el primer round… Mira, Julio César Chávez peleó por el campeonato con él, Julio César Chávez no le hizo ni pío, le ganó por decisión, pero yo lo tiré en el primer round a ese cuate. ¡Duro, ese compa! ¡Oye, no! ¡Pegaba con piedra, ese tipo! Donde te pegaba, te dolía…

EA: ¿Y a él no le dolían los que tú le acomodabas?

KG: Yo veía que sí, pues, sí lo lastimaba yo, pero era un compa que le gustaba que le dieran, yo creo. Iba pa encima…

EA: Era burro…

KG: Sí, muy burro, el compa ese. Y me noqueó. Así que, de allí, decepcionado, pedí una chanza y me vine a La Paz, acá estuve como dos meses, mientras se me pasaba esa onda. Como yo ya había pisado Norteamérica, por nada del mundo iba a pelear en México, era como rebajarse venir a pelear a México. No, no, yo no voy para allá, ni la chingada. Y allí es donde viene, cuando la gente común… a veces… yo hago observaciones… No, le faltó gente que le apoyara. Yo creo que a mí me faltó alguien de más talento a un lado, porque aunque mi representante era un riquísimo, un millonario, como que de eso sabía poco, porque, fíjate, a Loreto Garza le tienen asegurada la pelea en Argentina, contra Juan El Látigo Coyi, en súperligero. Yo la quiero, pero yo pierdo con este norteamericano, lo invicto, y ahí me desgracio, ¿no? Me dijeron: Si le ganas a ese vato, vas directo a Argentina.

Yo veo y leo en los periódicos que el que va es Loreto Garza, uno de Sacramento, la capital de California. Yo lo conocía, así, de lejos. Ahí nos juntábamos en Pasadena, ahí está la Meca… Llegué frito, mi autoestima no era la buena, no…

EA: ¿Y el apoyo del equipo, de tu equipo?

KG: No, sí, ahí tenemos mucho apoyo. Mi patrón no nada más me tenía a mí, tenía a Esparragoza, ese chamaco de Venezuela, a Armito Peña, algo así, otro colombiano, tenía muchos latinos, y con todos ellos convivíamos, nos levantábamos nosotros, nos ayudábamos. Y en este negocio... mira: Si ves a un pendejo, aplástalo. Fíjate bien, es una onda que te meten, allá…

EA: Tener compasión es un lujo que no debes darte, ¿no?

KG: No, no. Si ves que tu rival es… aplástalo, y si no, retírate. En esta onda es ganar o ganar. Allí te meten esto, te lo están repitiendo como en las canciones. ¿Me entiendes? Entonces, te preparan así. Y yo ya no andaba buscando quien me la hizo sino quien me la pagara. Bien: Está Loreto, te ofrecemos una buena lana y todo eso. Y todos los días me lo ponían… Tienes que putear a este güey, tienes que ganar, tú eres mucha pieza, ése fue solamente un accidente, no seas pendejo, eso te da la vida, a la mejor te pasó eso para que acá… Íbamos corriendo y me lo iban diciendo. Y yo, pensando, me había dolido, no me había levantado.

Nos vamos a Sacramento… una de las peleas, yo recuerdo, que casi perfectas hice yo, peleas más bonitas, que me gustaron, contra Loreto Garza. ¡Le voy dando una chinga a Loreto Garza, lo voy tirando como cinco o seis veces! ¡No me lo quitan, a Loreto! Y viene, y ¡pum!, me parte de aquí. Ay, se acabó la pelea en el noveno round. Me la paran. ¡Cómo ves!

EA: La suerte.

KG: ¡’mano, la suerte rompe esquemas, eh!, la neta… Así que… ¡uh!… Vengo de perder con Loonie Smith, y me paran la pelea con Loreto Garza. ¡’uta! Ahí sentía que el mundo se acabó. Lloré, me decepcionaba, yo. Es más, vine a dar hasta acá. Agarré el avión, me vine a Acapulco, no quería que me viera nadie…

EA: No te metiste al alcohol…

KG: Ah, no, eso no, definitivamente, no. Yo soy gente que nunca me gustó el vicio. Agüitado andaba, todo. No me aguantaba, yo. A lo último agarré veinte días, y ya para atrás. Agarré el avión para Los Ángeles. Pero, hay que ser honestos… dicen que cuando uno critica algo debe ser sincero para que la crítica sea de calidad y sirva, si no, solamente es verbo, ¿no?

Pues, me vuelvo malo. Peleo con un haitiano, Beckeman, se llama, andaba en su apogeo. En Los Ángeles ya andaba con cartél. Llegaba al gimnasio, nos veía por debajo del brazo. No, le digo a Obdilio El Maifren Muñoz: Échamelo. Ahora sí que yo andaba rogando, después de que… Échamelo, chingao. Oye, no, Kali, mira, vienes de perder. Mira, no me pagues si no quieres, pero, cabrón, échamelo, ése es mi aliviane, verdá de dios que es mi aliviane. Vengo de perder dos, y ya, si pierdo, cómprame mi boleto y me regreso a mi tierra. Así que… Ya está, se va a hacer dentro de dos meses, pero ahorita… ¿Traes lana? Si quieres te aliviano, te doy por ahí unos cinco o seis mil dólares, te vas a Tijuana, rentas un cuarto en un hotel, playa, alberca, todo, para que te olvides de esto

No, yo cuándo iba a estar con esa onda. Entre que sí y que no, hablé con el Cheto Torres. No, aquí no te quiero, vete a Mochis. Me fui con los Montiel. Dos meses estuve allí, entrenando. Cuando llego a Tijuana… mexicanos al grito de guerra, te voy a decir… todos los periódicos me decían Acapulco Party: que yo había perdido porque todas las noches andaba en los centros nocturnos… Luego: Yes Happy, el Yes Happy de Acapulco. Que yo andaba… cuando yo no estaba en Tijuana, estaba en Mochis, Sinaloa. Y una de las cosas… y hasta la vez conservo esas normas… yo no te salgo a algún lado, nomás porque… no, no me gusta, no soy fiestero yo, nunca he sido.

Vieras visto qué escándalo. Y ya, me hablan de La Paz: Oye, ¡qué pasó mi Kali, la anda regando, pues! Aquí aparece que anda agarrando la jarra, que te ven borracho. No, profe, eso es chisme, yo no bebo. Allí, hasta con el apodo: ya no me llamaba Kali González, el Acapulco Happy, Acapulco Party. Ese tipo de suciedad… hay otra gente, pues, que quiere quitarte de allí, lo que te estás adueñando, y toda la cosa.

EA: Lo negativo llama más la atención que lo positivo…

KG: Son de las cosas que aprendí, yo. Esas cositas te sirven para madurar como persona. Después, cuando peleo con ese Beckeman, Peckerman… pero yo ya desde muy atrás empecé a ver que orinaba sangre, ya tenía ciertos problemas. No le decía a nadie, pero sí. Y ese día, 28 de noviembre de 1992, digo: Aquí se acaba toda esta onda. No le dije a nadie. Gané, le gané por nockout en el tercer round a él. Yo, como Alberto nunca faltaba a las peleas, le dije ese día, acabando la función… lloré, me decepcioné, le dije que allí se acaba todo, que yo ya… no le dije que estaba mal, no le dije que estaba mal, todavía, como… él quería que me operara porque el cartílago [de la nariz] de este lado lo tenía mal… Vete a Guadalajara, mira, tómate unas vacaciones, tranquilo.

Aprovechando que él me estaba pagando todo eso, pues me vine a Guadalajara y me operé, ¿no?, pero ya no regresé al boxeo.

Regresé a Los Ángeles a traer unas cosas que tenía y a despedirme de la gente que… porque yo soy muy agradecido, dios, de plano, a mí me ha echado la mano muy fuertemente. Así, sin despedirme de nadie… al único que le hablé de aquí, ya cuando estaba en mi casa en Acapulco, le hablé a José Luis Camarillo, que tenía una sección en el Esto. Ese señor me apoyó mucho. Y nos vimos, y le dije mi decisión, me preguntó si andaba mal, incluso si tenía lana, y si ganaba bien todavía, porque… aguas, aguas, aquí hay que pelear eso, porque te da trabajo llegar hasta allá, y para que te salgas de eso, nadamás hasta allí, la primera o la segunda, tanto que te costó.

Y ahí se acabó todo. Nadie sabía, a la mejor mucha gente pensaba que yo estaba en el extranjero, pero yo no quise nada de prensa. Yo me retiré, me vine a vivir en Acapulco, con la suerte de regresar a Baja California, pero me sentía nada, porque siento yo que los bajacalifornianos se sientieron despreciados porque nunca vine: ellos me hicieron grande, y nunca vine, nunca me despedí de nadie ni nada. Aunque con muchos de mis amigos nunca se han roto las relaciones.

EA: Y se acabó…

KG: Cuando yo platico esto con mi mujer… porque si mis hijos quieren agarrar el deporte que ellos quieran, los voy a respaldar hasta allá, porque si se muriera uno y volviera a nacer, seguro que yo quisiera hacer lo mismito, ¿no?, y te juro que ahora no me gana Loonie Smith [Risas]…

EA: Aprendiste…

KG: Yo creo que sí…

EA: ¿Qué fue?, ¿la soberbia?

KG: Yo creo que sí, yo digo que sí. O sea, a mí me gustaba ser el centro de dondequiera que me parara, este… utilizaba mucho la alhaja, me llenaba el pescuezo de oro, y la manga…

EA: Como el negro…

KG: Sí, sí, exactamente. Algo tenemos nosotros de p’acá que somos pendejos y nos gusta eso… Yo te aseguro un detalle, y te lo digo con todo mi corazón: Yo no envidio a otra gente, lo tomo tan natural…

EA: ¿Por qué gustaba tu estilo de boxear?

KG: Oye, mano, ¿quién sabe? Yo, como boxeador fui muy técnico, ¿no?, así, y de pegada regular, a la mejor no demoledora. Yo siento que a mí me ayudó mucho el hecho de que no me pegaban, y yo: ¡pin!, ¡pos!, ahí se acababa. Algo así. Porque yo no era un tipo así, que anduviera luciéndome, ni mucho menos en la calle, no, para nada. Ahora, siempre fui opaquito, siempre fui acá, serio…

martes, 10 de enero de 2012

FESTEJA 40 AÑOS DE TRAYECTORIA ARTÍSTICA VERóNIKA, Y ESPERA HOMENAJE EN SU NATAL SANTO DOMINGO ARMENTA

8 de enero

EDUARDO AÑORVE

CUAJINICUILAPA


Desde mediados del mes de noviembre del año 2011, Verónika con K ha realizado algunos conciertos con amigos músicos para festejar el cumplimiento de 40 años de trayectoria como cantante, actriz de cine y telenovelas, así como de compositora de canciones, iniciando en el teatro Jorge Negrete de la ciudad de México.

Verónica Hernández Ávila, su nombre real, es originaria de Santo Domingo Armenta, Oaxaca, en la zona donde colindan Guerrero y ese estado, aunque partió un poco antes de la adolescencia hacia Acapulco, donde comenzó su formación y su incursión en la interpretación de canciones y en la actuación, en las clases de estos géneros que se impartían en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

A principios de los años setenta, en la plaza de toros Caletilla, en compañía de y apadrinada por Irma Serrano y Marco Antonio Vázquez, Verónika con K comenzó su carrera como cantante de cumbias, baladas y boleros, entre otros géneros, habiendo grabado hasta la fecha unos 17 discos.

Entrevistada para El Faro, esta creadora afromexicana de la Costa Chica se dijo satisfecha porque estas actividades a las que dedicó su vida le permitieron cumplir sus sueños de ser artista; incluso, ahora está concluyendo la escritura de una obra de teatro, hecho que la enorgullece porque asegura que ella ha hecho su vida con base en el esfuerzo y con la intención de superarse cada día.

De visita por esta región costeña dijo que le gusta regresar a sus orígenes porque aquí encuentra el afecto de sus familiares y amigos, de la gente, hecho que le sirve para descansar de la vida ajetreada que lleva en sus constantes giras de trabajo.

También dijo que espera que las autoridades municipales cumplan con su promesa de declararla hija predilecta de Santo Domingo, como un homenaje a su trayectoria artística, y pidió al presidente municipal que no olvidara ese compromiso ni que se dilatara en la fecha para ese evento.

KALI GONZÁLEZ, UN BOXEADOR SALINEÑO

EL ASCENSO

[primera de tres partes]

8 de enero

EDUARDO AÑORVE

COPALA


Kali González pudo ser campeón del mundo como boxeador, dice. Y se le cree. Originario de Las Salinas, municipio de Copala, en esta larga entrevista para El Faro, en el patio de su casa en esta pequeña población, nos va develando su ser y su sentir, luego de no hablar para la prensa por doce años; así, en esta primera parte habla de su paso por el gobierno estatal, luego de haber sido un boxeador triunfador, de su intención primera de convertise en futbolista, de sus triunfos en el deporte amateur y del posterior abandono de éste por dinero, de su carrera exitosa como boxeador profesional, entre otras cosas. Kali González es buen conversador; su plática no tiene desperdicio. Apolinar González Balbuena inicia a platicar desde el primer momento, desde antes que este reportero encienda su grabadora, y el primer tema se relaciona con su paso por el gobierno estatal como funcionario deportivo, de donde salió decepcionado.

KG: La prensa y la televisión hablan cositas de don Rubén [Figueroa]; es más, para mí, así, yo tengo un dejo de acá… te voy a decir… como que era un buen gobernador, porque él inició la carretera, ¿no?, Tlapa-Marquelia. Yo, con Rubén Figueroa no me puedo quejar porque me nombraron coordinador del Indeg en Costa Chica, que no había habido; llego para acá. Ya después, con don Heladio [Aguirre Rivero] me ratifican, me dan la coordinación general, soy el primer director del gimnasio y unidad deportiva de Renacimiento, soy coordinador de deportes en la unidad deportiva con mi compadre Marcos Villasana…

EA: ¿Sanmarqueño?

KG: Sí, sí, pues, porque El Médano es San Marcos… Y de allí, don Heladio… Yo no me explico, por eso no quise casi quise hablar nunca después de eso. Mira, cuando llegamos [al gobierno del estado], llegamos en racimo. Estaba en el insituto del deporte y de la juventud Guerrero Manuel Negrete, el futbolista aquel, el del gol bonito en el mundial; mi compadre Marco acá… y no sé porqué no se dieron las cosas. Yo pensaba: Yo, toda mi vida de deportista, y lo traigo acá en el alma, y yo pensé que estas cosas iban a mejorar pero no…

EA: La política es complicada…

KG: Sí…

EA: Y el deportista que se mete a la política tiene que aprender política, como en el caso de Ana Guevara, que estuvo en el DF y no tuvo el mismo desempeño que en la pista, porque en la pista, en el deporte hay disciplina, hay orden, y en el gobierno… depende del gobernante, de cómo amanezca…

KG: Y queda uno dolido, yo, por ejemplo, cuando hacen la pista de atletismo, aquí, en la unidad deportiva de Acapulco… el 12 de marzo de 1997 fue inaugurada… primero, que la gente no la aprueba porque no era de tartán, era sintética, y luego empiezan los problemas: luego vino el ese ciclón Boris, daña las baquelitas que daban luz a la unidad deportiva… bueno, pobre, totalmente, esa unidad, nunca vimos un apoyo, más bien éramos para rayos, y eso que teníamos una buena relación con el góber, definitivamente…

EA: Bueno, a veces ése es el problema en los gobiernos: no se invierte el dinero que corresponde invertir…

KG: Ya después, cuando salimos nosotros, este cuate, llega a la Indeg… a la salida de Manuel llega Rocío, la que fue a España a ganar la medalla de bronce… pentatleta, creo, era la muchacha… ahora está Gonzalo Calvo, que es mi contemporáneo, mi cuatacho del alma, estudiamos juntos la universidad…

EA: ¿Estudiaste, dónde?

KG: En la ESEF (Escuela Superior de Educación Física), pero vengo de la ENSO (Escuela Normal Superior de Oaxaca). De hecho, por nacimiento soy guerrerense, pero de hechura, ya como deportista, soy bajacaliforniano. Nací aquí, en Las Salinas, en 1959, el 28 de enero. A principio yo era futbolista, en Acapulco empecé a destacar, estuvimos en el Fiesta Americana, con don Álvarez, el equipo de Joaquín Campos, tío de Jorge Campos.

El boxeo nace así, se da, primero… resulta que cuando yo me inicio en esta cosa del boxeo no era una casualidad, y por ahí unos reportajes que me hicieron decían que había surgido, aquí… ya ves cuando quieren hacer grande a uno, pero, no es cierto, mira… aquí la cosa está en que antes de que me llevaran a los juegos nacionales, a Oaxtepec, Morelos, yo llevaba cerca de año y medio entrenando, tenía pisaje, cuando menos, sabía boxear.

EA: ¿En qué año fue eso?

KG: A los nacionales fui en 1983, representando a Guerrero, en el IMSS de Acapulco. Yo, a los doce años salí de Las Salinas y me fui a Acapulco; estudié la primaria en Marquelia y fui a terminar la secundaria en Acapulco. Cuando fui campeón, empiezan a hacerme tonto, empiezan a decirme que yo era bueno, que tenía para destacar en eso, que eso también daba dinero…

EA: ¿Quién comenzó a decirte eso?

KG: Mis cuates, los camaradas de la colonia, de la escuela, y eso a mí me gustaba, ¿no? Pues como yo no me daba a mí mismo, yo no sabía que pegara tan fuerte. Decían: Qué fuerte pega ese tipo.

EA: ¿Ganabas por nocaut?

KG: Sí, era el sello de la casa. Y ya tienes que nos vamos a… para selectivos, se van a San Luis Potosí los juegos en ese mismo año, y, por cierto, allá le gano la final al Chato Segura, hermano de Rosalío, le gano la final, en superpluma. Ya andaba en los 57 kilos yo, ya estaba enbarneciendo… que, de hecho, mi fuerte fue en peso ligero, los 61.550, los 60.500, ya andaba yo. Allí fue donde me volví fatal. Y otra vez vienen los bajones… no era estable…

EA: ¿En qué sentido?

KG: Mira Añorve, no era yo… por ejemplo, la gente que me conoció me afamaba y todo eso, pero mi estabilidad… porque yo dejaba…

EA: No había disciplina…

KG: No había disciplina, no había rumbo…

EA: ¿Lo tuyo era más talento?

KG: Yo creo que sí. Yo me perdía por un buen tiempo…

EA: ¿Qué hacías en ese tiempo en que no boxeabas?

KG: Andaba de cabrón, allí…

EA: ¿Mujeres, cerveza?

KG: No, no, la de buenas que yo vicios no tengo, no soy ni mormón ni religioso…

EA: Me acuerdo, por ejemplo, del Costeñito Morales…

KG: Alberto…

EA: …que no entrenaba, que llegaba borracho a las peleas…

KG: Sí, la mayoría de los compas es así. Mi amigo Isidro Pérez, que le gusta mucho el vicio. Yo no, yo era inestable porque me iba aquí, me iba allá, andaba así, de plano, me perdí un buen tiempo. Yo creo que eso a mí me perjudicó bastante porque en ese tiempo yo hubiera sido campeón del mundo. Eso sí, eso es inegable, y lo decían propios y extraños, decían que yo tenía pasta para campeón del mundo…

EA: ¿Tú tenías esa seguridad, que tenías esa pasta?

KG: Fíjate que sí, te voy a decir, solamente que yo cuando ya la agarro serio y llego a la madurez en el boxeo, yo ya estaba viejo.

EA: ¿De qué edad estamos hablando?

KG: Estamos hablando de 28 años, aunque en los periódicos salía que tenía 24, 23, pero, resulta que… cuando pelea Lupe Pintor con Juan Kid Meza, en el Toreo de Cuatro Caminos, tenía como 15 días que había llegado yo de aquí a Acapulco, y me dice El Zurdo Arce: Oye, hay una, ¿te la avientas? Vas a seis round, allí se va a fijar… la grilla, ¿no?, para que yo aceptara, y yo era dinerero. Venía a Marquelia, aquí, Moisés Montalván hacía función de box, venía aquí este sábado, al otro sábado peleaba en Copala, si se podía me pasaba a Lázaro Cárdenas. Andaba rancheando yo. Doscientos cincuenta [pesos]… para mí era una feria.

EA: ¿Era buen dinero?

KG: Sí, sí. Tumbando gente porque, de hecho, los boxeadores que me llevaban eran gente del lugar, gente que no tenía preparación en el boxeo, y ese era un factor determinante. Entonces, en esa función fue a seis round contra un mentao Escamilla, creo, en el Toreo de Cuatro Caminos. Pagaban una miseria pero… a mí me apoyaba mucho Wenceslao Pelaéz, el de la Cueva de Wences, éramos vecinos, porque yo vivía en el barrio de Petaquillas. Con sus palabras, ¿no?: Pues vas a ir a México y le vas a dar en la madre a ese cabrón; sirve de que sales en la televisión. Y ya ves que en ese tiempo uno quería salir en la televisión. Si de por sí así yo sentía que era el artista, imagina ya saliendo en televisión. ¡No! Y nos fuimos allá. Sí, a la misma tónica, ganamos al primer round esa pelea. Allí me conoce Alberto Maurino, el que le daría un cambio a mi vida.

EA: ¿Eso en qué año fue?

KG: En 1985.

EA: Dos años después que ganaste en Oaxtepec y el nacional en San Luis…

KG: Sí, porque en 1984 yo ingreso al Comité Olímpico Mexicano. Borrego Torres y Raúl Ratón Macías me llevan. Viene a Acapulco de vacaciones y le dicen: Acá está un chavalo buenísimo, y toda la onda, que pega muy fuerte, que boxea bonito, y toda esa onda. Como yo me había arrimado con una tía en un hotel donde trabajaba, fueron a hablar con mi tía, que era mi representante, ¿no? Mire, que déjelo ir. Intervinieron otras gentes del Seguro Social, porque yo había salido campeón, y total, que me voy al Comité Olímpico Mexicano.

En mi peso, peso ligero junior, ya estaba entrenado un mentao Javier Camacho, El Camello Rodríguez. Ese Camacho era de Nuevo León. Y en lo que me adaptaba a la Villa, pues, otro mundo, otro ambiente…

EA: No hay tortilla, hace frío…

KG: No, pues sí. Te voy a decir que yo allá conocí los sandwich… el frío, el amarre de estar en una ciudad desconocida para mí… otro mundo, definitivamente, aunque ya había salido, pero eso me parecía muy enorme. Hay una eliminatoria entre nosotros mismos, en ese tiempo se iban a hacer los Centroamericanos en Cuba, y me dicen a mí: Oyes, ¿qué, estás listo? No, pues sí, pero ahí está El Camello, está Javier. O sea, yo le sacaba, zacatito pa’l conejo, yo tenía miedo, yo no quería ir, yo quería que fueran ellos.

No, pues, ¿sabes qué?, mañana empiezan las eliminatorias para ver quién va. Chin. Yo le tenía un miedal al Camello Rodríguez, un güerito de Guadalajara que pegaba pero si como… chulada de boxeador. Total, que hicieron las eliminatorias y empiezo a arrasar. No sé qué me pasó que me salió lo valiente, y vamos con Javier Camacho, y vamos con El Camello. Acabé con el cuadro. [Se ríe]

Pero, para esto, hay un dual meet, ellos vienen acá y nosotros vamos. Nos juntábamos en la alberca olímpica para ver a estos compas clavadistas, y me dicen: Oye, ¿sabes con quién te la vas a ver, porque viene de Dominicana, Luis Santana, El Zorro? Era famosito, el compa ése, era nombratito en el medio, y se me quitaba el sueño, a mí: Ha de ser muy bueno, ese compa. Se hizo el dual meet, a mí se me hicieron eternos esos veitne días de concentración, y vámonos con el mentao Luis Zorro Santana: le puse una chinga a Luis Santana que… olvídate… con quien perdura una amistad. Le gané por no presentarse a combatir; o sea, ya no salió de su esquina en el segundo round.

Allí empiezo a creerme yo, allí empiezo a sentirme el gallón. Y ya, pues, Javier Camacho y El Camello Rodríguez ya se sentían pollitos, porque él tal Luis Santana les había ganado a ellos, anteriormente. Y El Borrego me apoyaba, ¿no? A mí me parecía una maravilla, la ciudad de México, muchas atenciones, todo. Teníamos beca. Fue una de esas locuras, quizá. Ya faltaban escasos días para irse a los Centroamericanos del Caribe, pero yo no tenía feria…

EA: ¿Necesitabas dinero para ir?

KG: No, para, de vez en cuando, viajar, no me daban nada. Ahí me daban, pues, hasta seis pants, chores, tenis Converse, de diferentes colores y sabores; o sea, por ropa deportiva no había excusa. Lo que no teníamos era dinero. O sea, para salir, así. Nos íbamos de ahí de Magdalena Mixihuca a un cine que se llama Fausto Vega, nos íbamos al cine, la mancha de canijos. Nos cargaban todos pelones, con la chamarra de la selección de México, y éramos identificados, y la gente en México está acostumbrada a ver eso, no se asombraba. Nomás nos veían, así, pero no nos daban tanta importancia. Entonces, vine a Acapulco y… quiero decirte que dependo de una familia pobre, demasiado pobre. En ese tiempo había habido pequeñas fricciones y conflictos familiares…

Y decido, en 84, ya dejar el amaterismo. Vine… platiqué acá… estaba Marcos Villasana, en su apogeo, y Chucho Castañeda: Oye, aviéntate a lo grande, mi zurdo, pues, ¿cuándo? Te vas a poner viejo y en pinches juegos olímpicos nunca te van a agradecer nada. Si ganas, qué bueno, te van a dar la casita; si pierdes, olvidado completamente. Y eso me hizo pensar a mí… Fue cuando empieza la racha que te digo, de venir a Marquelia, a Copala; lo mismo peleaba en Cotzacoalcos, Veracruz: andaba tumbando gente…

EA: Pero no fuiste a los Centroamericanos…

KG: No fui. Yo necesitaba dinero; o sea, yo me dediqué a otra onda. Como a la de siete peleas o seis…

EA: O le tenías miedo a El Zorro

KG: No, no… más adelante te voy a decir donde me topo con El Zorro otra vez. Así que, ya, me debutaron a seis rounds, ya, por fuera, iba a las de diez, y todo eso. Fuimos a Apatzingan y, mi primera pelea fuerte, fuerte, así, fue un tal Carlos Santamaría, un pegador brutal, tremendo, de allá, de Michoacán, y ya, allí ya empiezo a tomarla en serio, ¿no? Y luego se ofrece la ida a México, ya cuando voy a México, y me dice Alberto Maurino, un italiano: Oye, mira, yo tengo boxeadores, pero boxeadores de calidad, y yo decido dónde radican. Tú vives, tú comes… si no tienes dinero y quieres mandar a tu familia, yo te presto, yo te presto no te regalo. O sea, muy olímpico, muy claro, transparente.

Vine para acá, hablé con mi mamá, hablé con mi hermano, que todavía vivía: Oye, fíjate que…. Pues, ¿qué estás esperando, pendejo? Vete, de una buena vez que se vea si eres bueno o eres malo. Así que ese día agarramos maleta y nos fuimos. ¡Nooo!, parece que atravesé el mundo…

EA: ¿Al D. F.?

KG: No, a San José del Cabo, y ya, llegamos allá, y me dijeron: Mira, aquí vas a entrenar, aquí vas a tener todo; tú vas a vivir aquí, pero constantemente vas a estar volando a Mexicali, Tijuana. ¡Ah, bueno! En ese tiempo estaba el apogeo de los peleadores paceños, de La Paz, Baja California, como Francisco El Chango Caraballo, campeón del mundo en peso medio, Isaís Lucero en peso semicompleto, estaba Moncho Avilés en peso superligero; había la eferescencia allí. Los jefes de los pesos ligero para arriba eran bajacalifornianos en ese tiempo, y el campeón del mundo era Julio César Chávez, en peso ligero; José Luis Ramírez, de Hermosillo.

Y, bueno, nos fuimos allá. Me dicen a mí: Oyes, te vamos a programar ya, y hago mi debut contra Jorge Cota Ahumada, en San José de Los Cabos, es mi primera pelea allí. Sí, lo noqueamos en el primer round. En el mismo primer round empieza a caer el dinero grande; o sea, ese día pierde el campeonato, por cierto [risas], pierde el campeonato del mundo Gabriel Bernal [de Cruz Grande, Florencio Villarreal], ese día. Terminando la pelea nos fuimos a ver la pelea… porque peleó en la madrugada… nos fuimos a ver la pelea a donde había antenas parabólicas. Ese día fue mi debut, ese día… ¿cómo te digo que… a la mejor se oye mal eso de “se marcó mi vida”, ¿no? Y ya, de allí, me llevaron a juntar con la gente de Fernando Castañeda. Fernando Castañeda era promotor de más eventos, de campeonatos nacionales, a nivel república. Me acomodaron en una casa bonita en La Paz y me dieron todo. Y empezamos a pelear…

EA: Cuando dices “dinero grande”, ¿de cuánto hablamos?

KG: Estamos hablando de… ahorita, ahorita, ¿qué te digo?, fueran unos doscientos mil pesos. Para un hombre que ganaba dos mil pesos… [risas] …en una pelea… porque me pagaban, com’ora en Marquelia, Moy, Moy Montalván me daba mil varos, digamos; en Copala, Evencio Clemente me daba otros mil, así… Y ir allá y cobrar semejante dineral… me sentía rico, me sentía importante, ¿no?

EA: ¿Qué edad tenías?

KG: En ese tiempo tenía 23 años. Y empezamos a tumbar gente, a tumbar gente. De allí que me empezaron a tener confianza. Hicimos la chica de irle a ganar a Andrés El Carita Sandoval en su tierra. Ése fue el primero, ése fue el otro empujón grandote que me dan. El ese chamaquito que pintaba para campeón del mundo, de Sinaloa, me lo llevan a Bull Ring de Cabo San Lucas, ante 12 mil gentes, y se llena… primera vez que se televisa una función de Los Cabos… y todos los que representabamos a Baja California… porque yo ya era de hecho hijo de Baja California… Y, órale, que le ganamos al muchacho ése, que lo noqueo y, de allí, ya, ahí sí: Vas a Tijuana. Viene la fama, me empiezo a rozar con gente grande…